Antonio Naval

Creencia y credulidad

05 de Abril de 2026
Guardar
Procesión del Santo Entierro. Creencia y credulidad. Foto Myriam Martínez
Procesión del Santo Entierro. Creencia y credulidad. Foto Myriam Martínez

Por aquello de que se trataba del patrón de Huesca entré en San Lorenzo in Lucina (Luchina), iglesia romana de ascendencia paleocristiana con torre medieval. Siendo de noche, el interior más bien estaba en penumbra evocando nostálgicas puestas romanas en escenas, de la época de preferencia por la pintura costumbrista. Había mucha gente y estaba sucediendo algo. Pregunté y me dijeron que era “il crisma”, una confirmación, desconcertante por extraño despliegue. Era llevada a cabo por dos obispos y un monseñor muy fajado de rojo, rodeados por una decena de curas concelebrantes. En una confirmación  el obispo es el protagonista único y suficiente y ni siquiera es imprescindible, pues puede ser un sacerdote. Este obispo, no siendo ajeno, era advenedizo por lo que dio a entender al manifestar  su admiración por la solemnidad y puesta en escena del acto. El coro, todo masculino, parecía  de pago, bien preparado y con actuación de calidad.

Al ser el presbiterio muy pequeño cerca de él había una aglomeración en que no pude distinguir bien quienes eran los confirmados y sus padrinos. Aquellos eran unos diez de los que  solo dos eran hombres. Todos ofrecían el rasgo común de ir elegantes, incluso los musulmanes presentes entre el público, amigos sin duda de alguno de los confirmandos. Su presencia la delataba las ragazze que, como mujeres, saben sacar rendimiento de la necesidad y hacían de la obligación del hiyab un pretexto para exhibir una personal en intransferible elegancia, a diferencia de los que suele ocurrir con sus madres preferentemente mal fachadas.

Aunque  busqué la oportunidad mediante las artimañas del  cotilleo, no pude hacer otra cosa que deducciones de lo que veía. Todos salían con manifiesta colectiva excitación presuntamente  por el piscolabis que veían venir. Llegué a la conclusión de que personaje destacado entre los confirmandos era o eran alguna señorita-bien de familia-bien y, puestos a elucubrar, recordé la histórica y permanente entente  entre el alto clero romano y los principi  y principesse, conti y contesse que siempre habían caracterizado la vida social romana. Probablemente a alguna de sus descendientes le habían ofrecido la oportunidad para el protagonismo y el disfrute de la fiesta.

La confirmación, sacramento definido en Trento para completar el número siete, viene a ser la cristianización de la puesta de largo de una ceremonia de iniciación, de un reconocimiento de cambio de etapa en la vida de un joven. La religiosidad está y, al margen de rigores, sirve de   pretexto, aquí, allí, y en todas partes. Los guardianes de la ortodoxia no quieren ver la decadencia que supone, allí, aquí y en todas partes, asumir que  si no se puede hacer otra cosa, al menos no hay que perder la oportunidad de  desempeñar el papel de  gestores del entretenimiento y animadores culturales incluso  con las actividades piadosas. Lo anacrónico e incluso obsoleto, si es presentado con distinción, puede lograr el atractivo de  toda puesta en escena que conlleva encanto. Forma parte de una sociedad de raíces cristianas. Otra cosa es lo que diría el galileo de Nazaret.

Hoy más que nunca hay que asumir estratégicamente la diferencia entre creencia y credulidad. Aquella implica una filosofía de la vida con repercusiones pragmáticas. Es lo que se pretendió a partir del Vaticano II. Esta es innata al ser humano, desde el momento en que se topó con la imposibilidad de contestar a cuestiones básicas del existir. No desaparecerá porque el pensante ser humano difícilmente encontrará las respuestas que vitalmente necesita. De hecho, en la actualidad es más cómoda, por menos comprometida, la credulidad y la devoción que la creencia. También el cristianismo asumió como estrategia práctica la mera postura de credulidad y devoción y siempre la alimentó, incluso prioritariamente con respecto a aquella.

Hoy sobrevive un colectivo, de mujeres y hombres buenos,  el que está cerrando las iglesias, que merece ser atendido hasta el final en la línea y práctica en la que se les exigió entrega y se entregaron. Son creyentes. Preferentemente está formado por mujeres. Este colectivo senior se incrementa con los que, ya mayores, necesitan llenar su prolongado tiempo libre, como sea. A veces en las iglesias encuentran remanso y paz.

Hay también unas prácticas y costumbres religiosas populares de las que los gestores de la religiosidad siempre sacaron rédito. Si hay que dar oportunidad para que la gente se desahogue tocando el tambor, pues que toquen el tambor. Si para justificar una comida de cofradía hay que pasear una peana, pues a pasear la pena, si la generalidad de un grupo considera que su fuente no es una más, sino especial, pues se bendice y entonces seguro que  lo es... 

El propio cristianismo de circunstancias arraigó usos y costumbres, y están arraigadas. Por supuesto, a Dios gracias, hay fieles comprometidos con lo más coherente de la creencia. Pero las generaciones que vienen  detrás, además de los  interrogantes incontestados de siempre, sienten la incomodidad de una civilización y cultura que en el fondo no les seduce. Consecuentemente a la civilización y cultura que les envuelve, se les ha entrenado y estimulado a huir de lo que no es respuesta a sus ansiedades. Siempre la credulidad llena estas ansias, sobre todo si satisface la emotividad, entonces viene como devoción.

En malévola consecuencia prácticas religiosas para atraerlos son reductoras en función de atraerlos. Y si a ello contribuyen las concentraciones muy numerosas, pues entonces se favorecen concentraciones masivas. La realidad es que la posibilidad  de sentirse arropado junto a quien está igualmente insatisfecho lo mismo puede darse en una rave que en una JMJ. Todo acaba en la oportunidad de una experiencia, pretendidamente liberadora, emotiva, aunque solo sea  un espejismo. Analícese en profundidad lo que queda de  todos los multitudinarios encuentros mundiales de la juventud con el Papa.

Filosofías de la vida las hay tan enriquecedoras como la cristiana. Éticas las hay incluso mejor que la cristiana en aquello que no pasó de ser moralidad pietista. En el estímulo de la solidaridad e interés por los desfavorecidos el cristianismo ya no tiene la franquicia exclusiva cuando fue  pionero y, sin dudarlo, todavía es eficiente y buena referencia. 

En este panorama simplificado, pero no simplista, el rol del presbítero, de sacerdote, del cura está completamente desfasado aunque se reivindique que hay que mantenerlo tal cual porque se remonta a los inicios de la creencia, lo cual no es exacto. Pues entonces, primeras comunidades, tampoco eran como hoy se les presenta. Y, como en todas las religiones de toda la historia, el clero ha sido el mantenedor pero también agotador de sus axiomas, tópicos, posturas vitales y prácticas cotidianas. Lejos, pongamos por caso las procesiones de Málaga, la devoción se ha convertido  en  circo y el circo en una humillante caricatura. Aquí…aquí el vacio, donde el eco se desvanece porque el remiendo no es otro que gritar, incluir cosas,  para  encubrir la impotencia frente a la motivación.

Insistir en el déficit de vocaciones es una falacia. En la década de los ochenta se intentó curar en salud diciendo que la crisis estaba tocando fondo. Allí quedamos, en el fondo. La realidad es que pretender que los gestores de la creencia y la credulidad tienen que mantenerse en el formato tradicional porque son los portadores de la verdad es un autoengaño y la raíz de la deriva.            

Los pretendidamente elegidos, como complemento  a la  vitola exhibida como collar con la que quieren garantizar una denominación de origen, deben pertrecharse de unos audífonos meta-acústicos, pues remitir e involucrar a Dios, incluso con insistencia, para que envíe obreros a su mies,  conlleva que, después de muchas décadas, no  quieren escuchar su  estruendosa y reiterada contestación: ¡Buscaos vosotros la solución del problema que no quisisteis ver venir! Estamos en el fondo.

Archivado en