El artículo anterior lo dediqué al valor social y a la importancia de que las instituciones, entidades y empresas publicaran su impacto en la sociedad y en su economía. Y finalicé aludiendo al gran peso de la economía social en nuestro país.
Asimismo, me referí a la labor y transparencia de una entidad social, "La Fageda". Por desgracia, su fundador ha fallecido recientemente a los 77 años. Aragonés de nacimiento, psicólogo y empresario, la constituyó en 1982 en Olot (Girona) en colaboración con un grupo de profesionales del ámbito de la salud mental. D.E.P. Cristóbal Colón Palasí.
Podemos hablar de economía solidaria, de economía colaborativa, de economía compartida, de economía altruista, de economía del bien común… pero voy a intentar poner el foco en la mencionada economía social. Su misión y visión son:
- Modelo económico y empresarial que prioriza a las personas y el bienestar social por encima del lucro y del capital.
- Prioridad de las personas y del fin social, que se concreta en gestión autónoma, transparente, democrática y participativa.
- Promoción de la solidaridad interna y con la sociedad que favorezca el compromiso con el desarrollo local y del territorio, la igualdad de oportunidades, la cohesión social, la inserción de personas en riesgo de exclusión social, la generación de empleo, la conciliación familiar y laboral…
- Destino de los resultados y beneficios obtenidos al fin social objeto de la entidad. Con propósitos de sostenibilidad y de responsabilidad social.
- Adaptación al entorno digital y a las exigencias de igualdad (Ley 1/2026 de Impulso a la economía social).
- Fundamental la capacidad de adaptación a las nuevas tecnologías, que sin duda están impulsando nuevos modelos de actividad y de consumo, cambiando y revolucionando las relaciones entre quienes tienen una necesidad y quienes ofrecen un producto o servicio.
En definitiva, las empresas de economía social, pretenden ser un ejemplo de que el progreso social es posible, de que la eficiencia empresarial puede convivir con la responsabilidad social. De cómo otra forma de hacer empresa es posible (todas son necesarias).
Conforman el “mundo empresarial” de la economía social, las siguientes entidades: Cooperativas, Sociedades Laborales, Mutualidades, Centros Especiales de Empleo, Cofradías de Pescadores, Asociaciones vinculadas al movimiento de la discapacidad y de la inserción de personas en exclusión, las Empresas de Inserción, algunas Fundaciones y otras entidades singulares (por ejemplo la ONCE).
Desde el punto de vista económico, su incidencia en la economía real de nuestro país, según datos facilitados por Cepes -Confederación Empresarial Española de Economía Social- (en cierta medida la patronal del sector), su actividad representa el 10% del PIB nacional, sus más de 74.000 empresas generan empleo a 2,6 millones de personas, el 12% del empleo total, y más de 20 millones de personas están vinculadas de una u otra manera con la economía social.
En Europa, el valor de la economía social representa también el 10% del PIB de los países miembros, los 4,3 millones de empresas crean empleo para casi 12 millones de trabajadores, que supone el 6% de la población activa. Su volumen de negocio supera los 920.000 millones de euros anuales. En Aragón, son 7.300 Entidades (8% del total de empresas) que dan ocupación a 22.000 empleados (4% del total de empleo). Su peso sobre el PIP es del 9,5%.
Considero dedicar una mención especial a las Empresas de Inserción. Nacen con la finalidad de ser una herramienta para fomentar el empleo inclusivo y posibilitar el acceso al empleo a personas con otras capacidades y a personas de colectivos desfavorecidos y vulnerables. Mediante el desarrollo de una actividad productiva y bajo un proceso de inserción previamente diseñado, estableciéndose una relación laboral convencional.
Me temo que todavía hace falta mucho trabajo para obtener una normalización en el empleo. En este punto, destacar la labor de la Comisión de Empleo del Programa Huesca + Inclusiva de CADIS, de la que tengo el privilegio de participar.
No quiero olvidarme del emprendimiento social, objeto de proyectos e iniciativas de emprendedores cuyos objetivos son fines y el desarrollo social. Para el emprendedor social, el objetivo principal de su proyecto es convertirse en una empresa social capaz de generar un impacto significativo sobre la sociedad, el medio ambiente y la comunidad. En cierta medida “quieren cambiar el mundo”.
Distinguir entre emprendimiento lucrativo y no lucrativo o de voluntariado, que también genera bienes y desarrollo social. Y hablando de voluntariado, este 2026, ha sido declarado por la ONU "Año Internacional de las Personas Voluntarias". Con la finalidad de reforzar la visibilidad de la tarea solidaria y reafirmar el valor del compromiso social en un contexto convulso como el actual. 4,5 millones de personas ejercemos el voluntariado en España.