Este mes de abril se cumplen tres años desde que fui nombrado subdelegado del Gobierno en Huesca. De mis cuatro décadas como servidor público, esta es sin duda la etapa más intensa. No hay mayor responsabilidad, ni privilegio, que poder contribuir, desde las competencias de la Subdelegación y en colaboración con el resto de organismos del Estado, a hacer de Huesca una provincia más próspera y segura. Solo hay algo que, ajeno a mi voluntad, empaña esta labor.
Cuando tomé el relevo de mi antecesora, Silvia Salazar, encontré un clima de plena colaboración con el resto de administraciones, con cuyos responsables mantengo un trato de cordialidad personal. Sin embargo, en el plano institucional, la relación se ha ensombrecido especialmente en lo que depende directamente de los dirigentes del Partido Popular. No es una anécdota: ocultar la aportación del Gobierno de España en los grandes hitos de la provincia se ha convertido en algo sistemático.
El momento más sonado ha sido el del Centro de Salud Ramón y Cajal, el pasado 26 de marzo. Aunque se trató de vestir como “visita institucional”, lo cierto es que fue una inauguración encubierta. El propio Jorge Azcón dijo desde el atril: "Este es el segundo centro de salud que se inaugura en este mandato". Ni la Subdelegación ni el Ministerio de Sanidad, que ha aportado 7,5 millones de euros, el 100% de la obra, fueron informados del acto. Tampoco lo fueron los colectivos vecinales del Perpetuo Socorro. En cambio, sí se nos convocó a una “inauguración oficial” el 27 de febrero, para la que incluso se aplazaron citas médicas, que finalmente fue suspendida “por motivos de agenda”.
He vivido otros momentos igualmente penosos. El Monasterio de San Juan de la Peña ha sido renovado con una aportación de 1,8 millones de euros del Plan Jacobeo del Gobierno de España, dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. En la reciente visita del consejero Blasco, la nota del Gobierno de Aragón citaba este Plan Jacobeo como si fuera una iniciativa propia. En una anterior visita, a la que sí fui invitado, se me impidió aclarar esta circunstancia desde el atril.
En el ámbito local ha pasado lo mismo con los fondos europeos gestionados por el Ministerio de Vivienda: la DPH presentó las obras de la Facultad de Medicina invitando a la Subdelegación, pero sin que su presidente citara públicamente que 3 millones de euros provienen de fondos asignados por el Gobierno de España; Fraga inauguró el Cine Florida (con 700.000 euros de fondos) sin comunicarlo; los Almacenes San Pedro de Barbastro, con 1,3 millones, avanzan sin noticias en esta Subdelegación… Quizás haya más suerte cuando se estrene la Azucarera de Monzón, que tiene 2,3 millones de fondos europeos.
Fuimos más “afortunados” cuando la alcaldesa de Huesca nos convocó a la inauguración de la fachada del Casino, pero una vez allí el acto devino en una queja pública al Gobierno de España. A la realidad no le sirven las excusas: quien ha renunciado a los 2,6 millones de euros de fondos europeos ha sido el Ayuntamiento de Huesca.
No tengo ningún problema, al contrario, en reconocer y agradecer que todas estas actuaciones no serían posibles sin el Gobierno de Aragón, la DPH o los respectivos ayuntamientos, que completan y ejecutan los fondos gestionados por el Gobierno de España. Cuando trabajamos juntos, somos mejores. Por eso me apena que, por este empecinamiento en disimular, cuando no ocultar, la realidad de la aportación del Gobierno de España a Huesca, la ciudadanía se pueda quedar con la idea de que, por una buena foto en Instagram, se da prioridad a los intereses políticos y a la promoción personal que a la institucionalidad.
Por mi parte, seguiré trabajando por Huesca y por sus gentes, con la puerta siempre abierta en la Subdelegación del Gobierno.