Isaac Claver. Hay límites que nunca deberían cruzarse

Hay límites que nunca deberían cruzarse

Presidente de la Diputación Provincial de Huesca
10 de Octubre de 2026
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Isaac Claver. Hay límites que nunca deberían cruzarse
Isaac Claver. Hay límites que nunca deberían cruzarse

En política se puede discrepar de casi todo. Se pueden defender proyectos diferentes, tener ideas opuestas y debatir con toda la firmeza del mundo. Eso es la democracia. Pero hay algo que nunca debe perderse: el respeto. Respeto a nuestros vecinos, a las instituciones y, especialmente, a quienes ya no están entre nosotros.

Por desgracia, estamos asistiendo a una forma de hacer política en la que parece que todo vale. Bulos, ataques constantes, relatos malintencionados… incluso, últimamente, utilizar a los fallecidos por interés partidista. Así lo está haciendo el PSOE. Y creo sinceramente que hay límites que jamás deberían traspasarse. La memoria de quienes han perdido la vida merece dignidad y respeto. Y nunca debería convertirse en un instrumento electoral de batalla partidista.

Y en este contexto de polarización y crispación que ha generado durante estos últimos años el llamado “Gobierno progresista”, es preocupante el camino que ha tomado el Partido Socialista. También en nuestra provincia.

El PSOE que conocieron muchas generaciones, aquel que defendía la unidad de España y no habría dejado nunca tirado al pueblo ceutí; aquel que jamás habría pactado con los herederos del terrorismo o con independentistas y prófugos de la justicia; parece haber quedado atrás. 

Hoy vemos un PSOE hecho al estilo político de su líder, Pedro Sánchez. Y en nuestra provincia, vemos que el ataque personal ha sustituido a los argumentos, el señalamiento ocupa el lugar de las propuestas y la crispación y el ruido termina siendo su tónica habitual.

Pero, por si eso no fuera suficiente, esta semana decidieron dar un paso más: abandonar el pleno de la Diputación y negarse a continuar. Olvidaron cuál es su obligación. Olvidaron que representan a la ciudadanía. Olvidaron que deberían dar ejemplo. 

Siento que sea así. Intenté, en varias ocasiones, que volvieran y retomáramos la sesión. Que se aclararan las posturas. Que se respetara a los fallecidos y tuviéramos un debate serio sobre la vivienda. No fue posible. La versión más fea de la “política” que ejercen se impuso. 

Y todos cometemos errores en algún momento. Yo el primero. Pero no señalamos ni atacamos a lo personal, no descalificamos y, nunca, hemos faltado al respeto de este modo. La política no puede consistir en buscar permanentemente un enemigo al que culpar de todo. Ni en dividir a la sociedad entre buenos y malos dependiendo de lo que piensen o a quién voten.

Y mientras unos se dedican a señalar, los problemas reales siguen esperando respuestas, por ejemplo, sobre la variante de Sabiñánigo, el lamentable estado de los trenes o las infraestructuras hidráulicas en nuestra tierra.

Todo ello, sin olvidarnos de que los ciudadanos merecen explicaciones sobre cuestiones tan importantes como el apagón eléctrico que sufrió nuestro país. Merecen transparencia sobre el trágico accidente de Adamuz. Merecen también una política de Estado que defienda nuestro territorio y a nuestros vecinos. No podemos olvidarnos de Ceuta. Nos siguen necesitando y  necesitamos, ahora más que nunca, un Gobierno de España a la altura de las circunstancias.

Porque los ciudadanos no necesitan más enfrentamientos. Necesitan soluciones. No necesitan que sus representantes dediquen todas sus energías a descalificar al adversario. Necesitan que esas energías se destinen a mejorar sus pueblos, sus carreteras, sus servicios públicos y sus oportunidades de futuro.

Estoy convencido de que hay otra manera de hacer las cosas. Una manera de entender la política desde la cercanía, el respeto, la gestión y la responsabilidad. Una manera de defender nuestras ideas con firmeza sin olvidar nunca que, por encima de cualquier partido, están las personas.

No debemos acostumbrarnos a que la crispación sea lo normal, a que el ataque personal sustituya al debate de las propuestas o a que la falta de explicaciones se convierta en una práctica habitual.

Hay límites que nunca deberían cruzarse. Y hay responsabilidades que nunca deberían abandonarse.

España merece una política mejor y  Huesca merece que sus necesidades sean escuchadas, atendidas y respetadas.

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