¿De verdad Los Mestizos merecen tanto protagonismo? Uno se lo pregunta porque nada más entrar se topa con el videoclip del grupo de Javierre, con su entrevista en un monitor, y más vídeos en la sala de abajo. Es como si se quisiera demostrar que ese grupo constituyera la columna vertebral de la efervescencia musical de los '80... ¡Y nada más lejos de la realidad!
Todos los que hacíamos música íbamos al Tránsito en esa época, sí. Pero en otros bares donde se juntaba la gente a escuchar música, ni Ejercicios Espirituales ni Mestizos “molaban” demasiado. Su local de ensayo estaba en el Callejón del Saco, donde mucha gente tomaba copas en la acera y escuchaba lo que salía de allí: ¡eran malos, sonaban fatal! Y no formaban parte de la movida callejera tal vez por una cuestión de edad.
Esto no tendría por qué haber impedido su inclusión en el ambiente de “la movida”; pero era tan descarado el apadrinamiento promocional del gurú cultural de la época que mucha gente les cogió verdadera tirria. Un par de integrantes de otros grupos me comentaron en su momento que, habiendo asistido a un desastroso concierto de los Ejercicios Espirituales en Almudévar, ese gurú cultural los puso no obstante por las nubes en una crónica periodística. El agravio comparativo desató la indignación de algunos músicos de mayor recorrido y experiencia.
En los bares que no eran el Tránsito no se escuchaba “Ana María Calvo”, sino los otros grupos del LP “La movida rockera de Huesca”. Vade Retro tal vez sonaran más en El Bolinga, y en los demás sonaban sobre todo Orni y DeVislay. Estos últimos eran ya muy conocidos en algunos bares señeros gracias a sus maquetas. ¡Y eran muy buenos! “-¿Dónde estaba usted a eso de las diez? -Mire, señor juez, no me acuerdo bien: Zombis, Lobelias... ¡vete a saber!”, decía una de sus canciones. Para mí, DeVislay perdió mucho al disolverse en Escoria Oriental: su virtuosismo musical y las letras inteligentes desparecieron para apoyar los infantiles textos de Virgilio Aljama y la chabacanería estilo Los Inhumanos... A Santi Corpas no lo perdimos, afortunadamente, porque puso su magnífica guitarra al servicio de los “Antón Pirulero”...
Pero ese estilo, heredero del Rock Urbano, con letras reivindicativas y mayor desarrollo musical, parecía no gustar demasiado al gurú de la época, a la sazón DJ en el Tránsito. El momento favorecía más a formaciones “Nueva Ola” hedonistas, comerciales y políticamente neutras que se acomodaran a los nuevos tiempos: Germán Labrador, Pepe Ribas, Jaron Rowan, Víctor Lenore y Jordi Costa, entre otros, lo comentan profusamente. ¿Censura? Más bien una selección “natural” acorde con Madrid, a la que se intentaba imitar. (Aunque eso no fue óbice para que en el Tránsito se pudiera gozar con Desechables: grupo barcelonés que nadaba entre el punk londinense de principios de la década y la actitud en escena de The Cramps. Por cierto, a esta última banda se pretendía asemejar a Ejercicios Espirituales: ¡nada más lejos de la realidad!)
La exclusión de los grupos de rock de la programación municipal (el gurú cultural fue fichado como técnico al lado de Javier Brun) resultaba tan evidente que varios de sus componentes planearon redactar un manifiesto crítico hacia esa tendencia que los arrinconaba. Armados de esa rabia, esos rockeros fueron invitados al debate “¿Dónde estabas tú en los 80?”, organizado por el área de Cultura de la Comarca de La Hoya en 2004, donde estaban seguros de poder confrontar sus reclamaciones con el técnico-gurú. Pero ahí no dijo nada nadie, tal vez amedrentados por la locuacidad de su oponente, con lo que las justas reivindicaciones y el manifiesto de los rockeros oscenses fueron aparcados hasta mejor ocasión.
Cuando J.I. Callén, autor del libro “Huesca en Tránsito”, me pidió una aportación (“tú fuiste protagonista de esa movidilla”, me dijo), me previno de que censuraría aquellas declaraciones que no fueran amables sobre el Tránsito y la así llamada Movida. Decliné su oferta pues mi intención habría sido denunciar lo que los rockeros no osaron echar en cara al gurú y ya técnico municipal.
La exposición, por otra parte, tiene evidentes lagunas precisamente por privilegiar el entorno de Ejercicios y Mestizos -que, insisto, no fueron columna vertebral de ninguna movida ochentera. Además de todos sus discos, aparece su ya mencionado videoclip que tampoco fue pionero: producido en 1991 (fuera de la “década”), le antecedió el clip de la canción “Salir de aquí” de Década del Arte (dirigido por J.A. Fortuño) del que no hay referencia ninguna en la muestra. También le antecedió el vídeo de la actuación de los Chuttones en Vadiello, y qué sé yo más. Tampoco aparece en la exposición la portada del Maxi-Single producido por Energy en 1987, con La Azotea, Los del Trasmuro, Los Inusitados y Los Muertos (aunque no faltan las referencias a este fugaz grupo integrado también por Javierre). Y tampoco el LP de los Chuttones, de 1989, con portada de Nicolás Sánchez.
Otro aspecto de la muestra que me ha sorprendido es la exposición de fotos no solo de los “protagonistas” de aquella época (artistas, músicos sobre todo) sino también de clientes del Tránsito que posaban en actitud jocosa ante la cámara -varios de ellos, he contado hasta 4, ya fallecidos. ¿Alguien les ha pedido permiso? ¿Alguien ha tenido en cuenta la Ley de Protección de Datos y su protección de la imagen? Porque hay una diferencia entre “pasar por allí” y ser el centro y objetivo de la cámara... Yo salgo en 2 instantáneas: una, en el interior del catálogo, y otra, en una foto mal etiquetada: ni siquiera Callén me pidió permiso para figurar.
Eso de pedir autorización parece no ir con las costumbres de la cultureta local: canciones que yo compuse o en las que contribuí con mi instrumento han aparecido en varios documentos (el vídeo de Orencio Boix “Los chicos de provincias somos así”, el programa de Aragón TV dedicado a Will Spector & The Fatus, el disco homenaje a Javier Carnicer y, recientemente, el recopilatorio “Huesca Desorden” donde aparezco en 2 grupos distintos) y nadie me ha pedido ningún permiso. Un poco de respeto, ¡por favor!, que al fin y al cabo esas canciones fueron producto del talento, la inquietud y la imaginación de quienes las perpetraron...
Para terminar, un pequeño apunto sobre lo “kitsch” en el arte, empleada entre otros por Umberto Eco: aquellas obras que solo muestran lo positivo y ocultan lo negativo, estimulan efectos sentimentales y tienden a sugerir la idea de que, gozando de dichos efectos, el lector está perfeccionando una experiencia estética privilegiada. Casi natural en una crónica como la de la DPH que solo busca la autocomplacencia y la nostalgia fácil. Porque... ¿se han dado cuenta ustedes de que en esta ciudad nunca nadie critica nada? Los medios se limitan siempre a reseñar un espectáculo (asistentes y anécdotas) y nadie “se moja” señalando insuficiencia creativa, fallos en la ejecución o explotación del kitsch más absoluto. Menos ese técnico-gurú, a la sazón cronista periodístico de los actos que él mismo organizaba: cierto que él nunca criticaba abiertamente a nadie, pero a quien no fuera amiguete le ahorraba los ditirambos con que adornaba la actuación de los favorecidos.
En fin, que somos todos muy guais, que Huesca tiene un pasado de luz y de color y, vaya, que “to er mundo e güeno” en esta ciudad sin conflictividad social, adormecida por la cultura institucional. Somos tan buenos que cualquier noche nos ocurrirá lo mismo que al pueblo de “La saga / Fuga de JB”: nos elevaremos de nuestra ubicación para volver a caer al alba.
(*) Músico y Doctor en Filosofía y Letras