La actualidad política y los problemas económicos de nuestro día a día no nos permiten pararnos a reflexionar y a solucionar los problemas estructurales de nuestro país o de nuestro sistema fiscal. No hace falta jurar que tenemos muchos problemas que socavan el devenir de España y de nuestra salud financiera. Uno que pasa desapercibido, parece menor y pocos han puesto el foco en él, es la tributación de los lingotes de plata.
Si se compra una acción, deuda pública (autonómica, nacional o de otros países) o se invierte el dinero en todos los activos financieros “complicados” que ofertan en los bancos, no hay que pagar IVA. Esto es una exención que se hace en todos los países europeos para no afectar a los ahorradores. Sin embargo, fuera de estos activos financieros sólo hay uno que no tiene que pagar el IVA: los lingotes de oro. El oro ha sido el valor refugio de las personas desde que existe dinero. Más aún, hasta la década de los años veinte del siglo pasado, las monedas de los países europeos estaban sustentadas en las reservas de oro de los bancos centrales. Por eso, el oro no tiene IVA.
Fuera de la excepción áurica, el resto de alternativas para el ahorro y la inversión tienen que tributar el IVA. Esto provoca que el propio estado este delimitando lo que es un instrumento de ahorro y no. Como todo acotamiento lleva a que lo que queda disponible esté saturado. Las leyes del mercado indican que si hay mucha demanda (ahorradores) y poca oferta (instrumentos de ahorro), cuesta mucho comprarlo; traduciéndose en unas rentabilidades menores.
Este problema es más grave en España, país con una predilección por la plata. Este metal ha subido más de un 200% en los últimos cinco años. Una subida espectacular, pero que los inversores españoles más conservadores no han podido aprovechar porque tendrían que haber pagado al comprarla el IVA y el IRPF al venderla. Sé que existe la alternativa de invertir en fondos de inversión que compren este metal, pero la rentabilidad entonces se divide entre el fondo, el intermediario financiero y la parte del Estado (que no falte).
Las grandes fortunas o los inversores con mayores capitales no se ven afectados por este IVA a la plata. Ellos se pueden permitir activos financieros más inseguros, pero con mayores rentabilidades, ya que, si pierden dinero, no les hace un descosido a sus finanzas. Caso distinto es el de los pequeños ahorradores. Cada euro que han conseguido no gastar es importantísimo. No se puede perder. Por eso estos ahorradores prefieren activos financieros con rentabilidades pequeñas pero seguras. Siendo una de estas alternativas la Deuda Pública.
Si mañana el Gobierno decidiera quitar el IVA a los lingotes de plata, los problemas económicos españoles no desaparecerían, pero dentro de quince o veinte años las ganancias de capital habrán llegado a más personas, principalmente de clase media-baja y baja. Y como si de fichas de dominó se tratase, las externalidades positivas de esto irían apareciendo poco a poco, generando un país un poco mejor y con menos problemas económicos.