Antonio Naval

El incuestionable y propedéutico fenómeno de "la Roja"

06 de Agosto de 2026
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El incuestionable y propedéutico fenómeno de "la Roja"
El incuestionable y propedéutico fenómeno de "la Roja"

Lo constatado días atrás en el entorno del reconfortante logro en el Mundial de Futbol conlleva la respuesta a muchas cuestiones y no pocos reproches. Las generaciones que vienen, aquellas que ya nos son ajenas, manifiestan un inconmensurable nivel de satisfacción cuando pueden entusiasmarse con quienes les hacen sentirse importantes, capaces, con posibilidades de ser alguien. Algo tan trivial como  la emblemática camiseta roja, luminosa como ninguna, la bandera de España, de colores armónicos como pocas, el himno nacional, sin letra pero muy sonoro, y el grito desaforado allí donde han estado, dentro y fuera, “soy español”, no son efímeros signos  de comportamientos antojadizos. Están proclamando a gritos  carencias de un colectivo formado por millones de personas. Están gritando qué es lo que quieren, qué es lo que no les satisface. Están denunciado la deriva en la que son conducidos por los sensatos, los que se presentan como únicos intérpretes de una historia muy elocuente, y poseedores de las claves del futuro. Están echando en falta líderes conductores.

Después de haber sufrido décadas  en las que  que se ha intentado denigrar el símbolo de la bandera identificándola con el franquismo, como nunca han aparecido miles de banderas aquí y allá, en España y fuera de España, en Cataluña y en las Vascongadas. Después de constantes intentos de presentar a España como un equívoco ¡qué barbaridad!, y pretender fragmentarla, han predicado sin complejos y con estruendo “soy español” y que “viva España”, esa magnífica realidad que los mal paridos en este gran país quieren abortar.

A pesar de pretender encauzar las cosas para presentar como superada la monarquía, el entusiasmo por esta institución está siendo palpable a pesar de ser generaciones a las que, intencionadamente, se les está diluyendo esta realidad histórica, este símbolo que siempre fue elocuente porque era conductor. De esta historia forma parte que, allí, en el estadio, quiso aparecer el siniestro personaje, sobresaliente en la negra galería de infames políticos de la historia de España, Sánchez Pérez-Castejón, pero no sobrepasó una tercera o cuarta fila en la izquierda de la fiesta, porque no le dejaron pasar, tras haber intentado salir en la fotografía. Si tuviera capacidad de sindéresis sacaría consecuencias. Fue al estadio para figurar y lo tuvieron totalmente desaparecido.

Es incuestionable que la cultura occidental, toda la cultura occidental, ha entrado en un periodo de decadencia, y que como las decadencias de todas épocas y culturas está abocada a un final. Esto no es nuevo, ya lo dijeron ilustres pensadores. Constituye un hiriente desajuste el proceso, la ruptura con los que vienen detrás, pero, porque nos creemos los sensatos, no queremos tomar nota. No van a tener nada de lo que les prometimos ni tampoco van a tener  lo que les dimos  oportunidad de desear.

Ya hace años, cuando en aulas de entre doscientos y más de cuatrocientos alumnos, entre col y col ponía lechuga, observaba satisfactoriamente que el auditorio, despistado en lo que le interesaba, rompía su ritmo de despiste  prestando atención cuando les decía: el error de nuestra generación, la que lo pasó mal después de la guerra (luego fue completamente diferente hasta sentirnos admirados), nos prometimos que, vosotros, (los que estaban escuchando), no pasaríais por aquellos apuros. No solo eso, por parte de quienes los engendraron ha habido un esfuerzo real, que ellos han constado, por facilitarles la felicidad.

De lo que nuestra generación, a pesar de este esfuerzo,  no es consciente (y esto les abría más los ojos a los atentamente oyentes) es  que en ese nuestro voluntarioso intento no los hemos pertrechado para la vida, de por si enigmática y llena de imprevistos. Este ha sido  el error. Añadía, como solución os toca ir precavidos porque en esta feria en que os hemos metido os van a vender jamelgo por corcel. Lo primero que hay que hacer es abrir los morros  al bicho para ver cómo tiene la dentadura.

Los momentos de gloria que nos ha dado “la roja” se desvanecerán y los que vivieron el espejismo se volverán a encontrar con todos los problemas que les impide aspirar a ser triunfadores, conseguidores de lo mejor, sentirse satisfactoriamente bien conducidos  porque el país vaya bien y, lo más determinante, tener la oportunidad de experimentar la experiencia de que ellos también son artífices de esa realidad que es España, con la increíble trayectoria de aportaciones muy positivas para toda la cultura occidental y la occidentalización de Iberoamérica. Necesitan metas, que ellos con dificultad se pueden marcar, sentirse arropados en empresas que sean estimulantes y piden  lideres que sean otra cosa que mamarrachos.

Y esto, también  tiene su aplicación a la experiencia religiosa que consideran superada, porque no les sirve, porque no encuentran más que autómatas de torpes movimientos que mecánicamente les señalan la dirección desde manoseados y superados manuales llenos de  tópicos fuera de lugar.

El fenómeno de la roja tiene que ser objeto de estudio para sociólogos y sicólogos de comportamiento social. Los gestores políticos no lo ven necesario y pasan. Debe ser un revulsivo para todos los que estoicamente nos sentimos cómodos en una realidad que, siendo consecuentes, tenemos que aceptar chirría por todas partes. Es nuestra decadencia

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