¿Estamos en España en un infierno fiscal? ¿Por qué esta pregunta? A la vista de algunos de los comentarios en mi anterior artículo, me hizo pensar en ella. ¿Usted lo había pensado también?
Casualmente, en esas fechas los medios de comunicación se hicieron eco de un comentario de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, sobre la política fiscal del Gobierno, incidiendo en que está "convirtiendo España en un infierno fiscal con el objetivo de lograr la mayor recaudación de impuestos de la historia del país, practicando en cierta medida el terror fiscal".
En la misma entrevista, la presidenta madrileña "respalda las propuestas de Feijóo para bajar impuestos, manteniendo que el Ejecutivo central penaliza a quienes crean empleo, ahorran o emprenden en el país". Paralelamente en el diario económico Expansión, pueden leerse los siguientes titulares: "La era Sánchez deja más de 140 subidas de impuestos y cotizaciones desde 2018". Y "Hacienda bate récord de recaudación con 325.000 millones".
El término infierno fiscal se usa generalmente para referirse a un país con tasas impositivas muy altas. Según algunas definiciones, infierno fiscal también significa una burocracia fiscal opresiva u onerosa. En el lado opuesto están los países denominados como paraiso fiscal. Estados con baja o nula tributación (impuestos mínimos o inexistentes) y alta opacidad financiera (secreto bancario), pero con alta capacidad de atracción de inversiones.
No obstante, algunos expertos y economistas defienden que el término o concepto infierno fiscal no existe, defienden que es un concepto político, no técnico. Como en casi todo lo que toca la política, se reflejan posiciones enfrentadas, y por supuesto cada uno lo utiliza para defender la suya y las diferentes lecturas según cada enfoque. Una vez más, depende del ¨cristal con que se mira¨.
¿A favor o en contra del término? Algunas afirmaciones que defienden si estamos en un invierno fiscal se apoyan en informes como el Impuestómetro, que contabiliza hasta 141 incrementos si se incluyen efectos indirectos como la inflación o ajustes técnicos. Argumentan que la recaudación total ha crecido con fuerza: entre 2018 y 2025 se ha incrementado en más de un 50%. Y también que la presión fiscal interna representa el 38% del PIB en 2025, 3 puntos más que en 2018. Sin duda se está "crujiendo" toda actividad económica, a los autónomos y empresarios… y a la clase media. No olvidar el efecto de "impuesto silencioso" que supone la inflación. Y que la retención en IRPF que han asumido los pensionistas, triplica el porcentaje de incremento de sus pensiones.
En la "otra cara de la moneda", el Ministerio de Hacienda sostiene que no hay datos que avalen que España sea un "infierno fiscal". Según ese ministerio, se han aprobado rebajas fiscales que suman unos 50.000 millones para clases medias y trabajadoras. ¿Usted no se había dado cuenta? Y que la presión fiscal española está tres puntos por debajo de la media europea.
Otra circunstancia de nuestro país, el mapa fiscal. España tiene un sistema parcialmente descentralizado, una parte del IRPF depende de cada comunidad autónoma. Esto genera diferencias y variabilidad según territorios. Un contribuyente de clase media puede pagar en torno a unos 1.000 euros más en una región que en otra. Cataluña y Extremadura aparecen entre las regiones con mayor carga para rentas medias, mientras que Madrid o País Vasco se encuentran entre las más bajas.
El ranking de países europeos con mayor presión fiscal está encabezado por Dinamarca y Suecia. De entrada decir que ese dato en sí, no es ni bueno ni malo, lo es en función del destino de esos impuestos. Sin duda la calidad de los servicios públicos que ofrecen esos países son muy superiores a la de otros. Reitero, que paralelamente de si las tasas impositivas son muy altas o no, hay que pensar el destino de esa recaudación, de su eficiencia y del grado de satisfacción de sus ciudadanos. Si son para gasto corriente, para reducción de deuda, para subsidios, para compra de voluntades, para necesarios escudos sociales… o son para inversiones productivas. Finalizo con una reflexión: los españoles no se si estamos en un infierno fiscal o no, pero muy calientes, si.