Antonio Naval

Una insólita, pero muy insólita fotografía

01 de Agosto de 2026
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No hace mucho (12-julio-2026) fue publicada una fotografía en la Hoja Parroquial de Huesca de laque, cuando menos, se puede decir que es insólita, muy insólita. Fue hecha en la capilla de Santa Orosia de la Catedral de Jaca. El obispo aparece rodeado de once clérigos exclusivamente de la Diócesis de Huesca. Por si no se entiende, no había ningún cura de Jaca. No se recuerda que haya habido para ambos colectivos una sola ocasión para un encuentro, que era y es ineludible. Es inexplicable  que, frente a lo que irremediablemente se avecina, no aparecieran ni siquiera por educación y cortesía. La fotografía recoge una convivencia que hacían los de Huesca desplazándose a la Catedral vecina. La constatación lejos de ser anecdótica revela la deriva común. Después de cuatro obispos de ambas diócesis, es la primera vez en que un grupito de un obispado se desplaza al otro, siendo conducidos por el mismo Ordinario de ambos obispados pero ignorándose mutuamente. Luego, a hablar de “unidades pastorales”

El clero de la Diócesis de Jaca  también  es muy mayor y todavía más escaso. A su vez, es un colectivo atávicamente proclive al aislamiento. Su futuro no solo está echado sino que está sumido no en un piadoso sino en un vulgar estoicismo. Cuando en el 2003 el cardenal Rouco hizo un intento para unir las tres diócesis (en realidad se pretendía que el asunto de los Bienes de Barbastro se diluyera en el olvido), Jaca hizo un gran esfuerzo para impedir tal unión. En esa línea trabajó a instancia el consejero de Cultura  del Gobierno de Aragón desplazándose a Roma a favor de los intereses de Jaca. En Barbastro estaba entonces el obispo Omella, del que se puede suponer que no le gustaría verse involucrado en favorecer tal proyecto de unión. 

La solución quedó en que Barbastro sobrevivía y Jaca, también, pero compartiendo el mismo obispo que Huesca. Las crónicas dicen que los últimos obispos incluso anteriores al obispo Conget llevaban tiempo preguntándose qué hacían y podían hacer en Jaca. Este compartir un mismo obispo  no ha supuesto con ninguno de los cuatro últimos progresar en un lógico acercamiento y caminar en la búsqueda de soluciones reales para graves problemas en un muy, pero muy, incierto futuro. Jaca y Barbastro fueron refundadas por Felipe II, para frenar el avance los hugonotes franceses, los protestantes calvinistas, que intentaban  traspasar los Pirineos. Esa fue la razón de su actualización. Eso fue todo. Por supuesto, la mera unión no trae consigo solución alguna pero esta es otra cuestión. 

La solución no es ni mucho menos  la mera  unión de las tres, entre otras razones porque al menos en Huesca no cuenta con personal con capacidades para tan especial proyecto. No lo tiene para solucionar los problemas internos. La solución pasa por asumir que la distribución parroquial es un estructura de organización social del siglo XIII, muy útil y positiva durante siglos pero totalmente superada, y que el rol de presbítero, sacerdote y cura está desfasado. Al catolicismo le faltó perspectiva para asumir propuestas aceptables que, en este sentido, ofrecía la Reforma en el siglo XVI.

La diócesis de Jaca prácticamente no existe desde que desapareció el obispo Conget. La de Barbastro, con una desigual trayectoria histórica, le queda lo que dure el obispo Pérez. La de Huesca, desde el atolondramiento, va a entrar en un vertiginoso embudo de desmontaje de obra a partir del 15 de septiembre. El destino es el contendor de desechos. Las endogamias llevan consigo la carencia de personal con posibilidades. Más bien es la torpeza lo que tal episodio conlleva. Cada vez es más difícil encontrar clérigos que quieran ser obispos. Mucho más lo es encontrarlos para diócesis de escasos recursos e incierto porvenir. Y se explica lo que difícilmente se entiende, que todavía haya que quiere serlo.

En un país de consistente trayectoria de fieles cristianos, siempre necesitarán sobrevivir los seguidores que no superen el nivel de mera credulidad. También necesitaran sobrevivir los que buscan una seguridad facilona dejándose llevar por los que la ofrecen fácilmente. Son leyes de vida. Pero, a su vez, la historia dice que la creencia cristiana ha ofrecido siempre referencias, parámetros, valores que han perfilado la cultura occidental en buena dirección y, sin complejos, superior. Esto es legítimamente enorgullecedor. Hubo un intento de puesta al día con un Papa, Juan XXIII, y un Concilio adaptando la filosofía creyente de verdad a nuevos existencialismos, los que son compatibles.

Creer que la solución se reduce a buscar agentes de pastoral, curas o no curas, como espuriamente se dice hoy, que mantengan hábitos y costumbres, y estructuras que en el fondo son las de siempre y están obsoletas, es un despropósito que implica pérdida de sentido de historia. La razón de inestabilidad es mucho más profunda. Pretender que sean pautas de actuación neologismos como misión, sinodalidad, salida, conversión… es un legítimo deseo, pero difícilmente digerible, cuando ni los que los proporcionan los entienden. Ante la pérdida de presbíteros con motivaciones, cuando no hay para más, proponer acciones semejantes a afrontar el riesgo de extinción  de especies, de pluma o pelo, es de necios.

Las tres diócesis aragonesas no son las únicas en este incierto destino, ya proceloso. Es el de Solsona, Seu de Urgel, Lérida, Ciudad Rodrigo, Ibiza…..y resto del colectivo católico en todo el ámbito católico. La incertidumbre no se diluirá esperando un milagro, desde el papanatismo piadoso, tampoco confiando la solución a gestores disminuidos en sus percepciones porque es lo único de lo que hoy se dispone.

La cruda realidad es que llevamos tiempos, no sin lamentos, en que vemos tambalear conceptos que fueron sustantivos y diluirse buenas prácticas por muy arraigadas que hayan estado.  A esto hay que añadir la desconstrucción intencionada de los nostálgicos, mentes vacuas, necesitadas de sobresalir, sin el menor pudor de hacer el ridículo. Hace falta voluntad para ver el problema y capacidad para buscar actuantes clarividentes aunque tengan que ser de importación. Aldea y endogamia están emparejadas y los aldeanos difícilmente dejarán de serlo aunque se aderecen  a la manera de la caducada corte vaticana.

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