A veces hay que huir de las grandilocuentes noticias económicas y centrarse en políticas que pasan desapercibidas pero que son tan o más peligrosas que las anteriores. En la última década los casos de enfermedades de transmisión sexual se han incrementado en un 300% y no tienen pinta de reducirse, más bien al contrario, todos los expertos anuncian que seguirán subiendo los casos. Desde el ministerio de sanidad, hace unas semanas, anunciaron la gran medida para luchar contra este repunte: regalar condones a los jóvenes. Desde el ministerio han calculado que con una partida de gasto de nueve millones de euros pueden asegurar la gratuidad de los preservativos para los más jóvenes con un tope mensual (aún no han anunciado cuál sería ese tope).
Antes de diseccionar esta política, hay que aclarar que esta medida ya fue anunciada por parte de la ministra de sanidad hace dos años. Y el año pasado también la publicitó. Lo único que ha cambiado de este anuncio es la cuantía. Los dos primeros años eran diez millones de euros los que iba a destinar a la compra de condones, este año son sólo nueve. Este aplazamiento sine die puede deberse a dos cosas: o a la falta de presupuestos que impide nuevas partidas de gasto o que, como las viviendas que dice Pedro Sánchez que va a construir, sea sólo un anuncio para quedar bien con su auditorio, pero no tiene intención de llevarla a cabo. Sea como fuere, en el anuncio de este año ya se comunica que entraría en vigor en 2027 como muy pronto.
El economista Dani Rodrik es famoso por su libro “La paradoja de la globalización” y su teoría de la Nueva Política Industrial. Sus aportaciones, a trazo grueso, se podrían resumir en que una política, sea cual sea, debe ser integral u holística. Incidir en un solo factor del problema, no sólo no lo soluciona, sino que puede generar efectos adversos más peligrosos que los actuales. Esta idea, que parece obvia, ha sido revolucionaria ¿y qué tiene que ver la idea de un economista turco con el regalo de condones por parte del ministerio de sanidad español? Todo
Los expertos en economía de la salud en España, llevan años estudiando el incremento de las enfermedades de transmisión sexual, el coste que tiene en el erario público y maneras de reducir ese coste. Todas las soluciones pasan por la prevención y la educación. En otras palabras, si se quisiera atajar este problema se deberían llevar a cabo, como mínimo, tres acciones:
- Un cribado extenso, centrándose en los colectivos en los que más se han incrementado estas enfermedades. Esto permitiría conocer el estado actual de la situación.
- Campañas publicitarias para dar a conocer el problema y prevenirlo. En los noventa había un anuncio muy llamativo “Pónselo, Póntelo” para el uso del condón o, para evitar la drogadicción había anuncios muy duros. Su objetivo no era ser morbosos, sino mostrar claramente las consecuencias de acciones que parecen inocuas. Estas campañas no son para los que ya tienen actitudes de riesgo, sino para que el resto de colectivos no las tengan. Frenan el posible incremento a medio plazo.
- Mayor educación en las aulas. De todas las medidas preventivas esta es la más importante. Enseñarles a los jóvenes todos los problemas que llevan aparejados las enfermedades de transmisión sexual. Si se hace bien, en una década, las actitudes de riesgo serían mínimas.
Si se dan cuenta, las soluciones que proponen los expertos son a largo plazo. No solucionarían el problema actual, sino que evitarían que el problema se agrave de aquí a un lustro o a una década. A su vez, el cribado generalizado incrementaría los casos ya que se descubrirían muchos enfermos que ahora lo desconocen, pero, aunque en las estadísticas eso puede parecer malo, en la realidad nos permitiría conocer el estado actual de la epidemia.
Hay dos maneras de gestionar: la de los expertos y la de la ministra. La de los expertos es a largo plazo, haciendo las cosas bien, poco a poco y piensa en el futuro de España y de la sanidad española. La manera de la ministra no es más que un anuncio que si se lleva a cabo su eficacia sería más bien pequeña y sólo derrocharía nueve millones de euros de todos los contribuyentes.
Un país se empobrece por la mala gestión de sus administradores públicos, y Mónica García ejemplifica perfectamente, con esta medida, que es una mala gestora.