GONZALO ALBASINI LEGAZ

El mirador de la Raca

Ex presidente de Montañeros de Aragón
09 de Marzo de 2026
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Recuerdo mi primera excursión a la Canal de Astún, en Canfranc. El viaje en tren desde Zaragoza y la caminata desde la estación, bajo un sol implacable, hasta entrar en un valle verde y solitario, donde el rumor de los torrentes y las esquilas del ganado serían nuestros únicos acompañantes. Recuerdo la acampada junto al ibón de Las Ranas, la compañía de los sarrios y la ascensión al Pico de los Monjes, en la frontera de Francia, primera de muchas cumbres en este sector del Pirineo para un adolescente ávido de montañas. Para los jóvenes de mi generación Canfranc tenía la ventaja del tren, el popular canfranero que nos acercaba a la montaña en una época en que las carreteras y los transportes implicaban desplazamientos lentos y costosos.

En los años siguientes descubrí la Canal Roya, la Canal de Izas y la Canal de Ip, también Rioseta, Tortiellas y el barranco de Estiviellas, y ascendí las cumbres del Aspe, Anayet, Collarada, entre otras. Y subí a La Raca. Es esta una cima modesta, poco atractiva para un montañero, una gran loma verde desde el lado de Astún, algo más agreste desde el otro lado, pero si realizas el esfuerzo de ascenderla te regala un panorama espléndido sobre el valle de Canal Roya y el Anayet, el valle de Canal Izas y la divisoria con la Canal de Ip, desde Punta Escarra a La Moleta, a la derecha Candanchú y el macizo de Aspe y a la izquierda las montañas de los valles de Tena y Ossau. Para descubrir estas vistas solo hace falta llegar y ver, si el tiempo acompaña el premio es magnífico y compensa la fatiga de una cómoda ascensión a pie.

No fue la única vez, y nunca necesité elementos artificiales para disfrutar de este mirador natural. Después llegó la estación de esquí, modelo de respeto a la naturaleza y el paisaje, según se decía entonces, y se hizo el telesilla a La Raca que, además de facilitar la práctica del esquí alpino, permitía disfrutar sin esfuerzo del panorama de los valles nevados, naturalmente sin ninguna estructura adicional. Sólo ahora, cuando se plantea construir un teleférico entre Candanchú y Astún, para transportar turistas en verano a los que se ofrecerá disfrutar de la naturaleza, se piensa en construir un mirador colgado en el vacío en la cima de La Raca, a la que se supone que se accederá con el remonte construido para los esquiadores y, puesto que ya no se exigirá ningún esfuerzo para disfrutar del panorama, parece que se quiere reducir la contemplación del paisaje a un mero espectáculo con acceso controlado.

Creo que lo que necesita Astún, al igual que otras estaciones de esquí, no son nuevas estructuras artificiales sino medidas restauradoras de la naturaleza como la recuperación de laderas, taludes y cursos de agua; y puesto que se pretende ofrecer servicios de naturaleza deberían señalizarse y acondicionarse caminos pedestres para acceder a lugares singulares, como los ibones de Las Ranas y de las Truchas o la propia cima de La Raca. Suele decirse que lo que no cuesta esfuerzo no se valora y por tanto sería deseable que los responsables de la estación de esquí asumieran que durante el verano no debería funcionar el telesilla para subir a la cumbre. Y si, pese a todo, se quiere construir un mirador, debería limitarse a una mesa de interpretación y una valla de protección de madera como se hace en otros espacios naturales.

La Mancomunidad del Alto Valle del Aragón, que al parecer dispone de recursos para invertir en turismo sostenible, debería optar por medidas menos agresivas con la naturaleza y el paisaje como las antes indicadas. Si finalmente se culmina la construcción del teleférico, la estación de llegada en Astún podría ser el inicio de un sendero señalizado para acceder a la cima de La Raca, una excursión accesible para la inmensa mayoría. Y del mismo modo deben señalizarse y restaurarse adecuadamente los senderos a los ibones y a los collados que permiten acceder a los valles franceses.

Cada uno su camino según sus posibilidades y sus ganas de andar y todos disfrutando de una naturaleza que, si no intacta, debe estar cuidada y respetada. Con la ayuda de todos.

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