José Torres Remírez. El multiculturalismo

El multiculturalismo

Miembro de la Asociación Española de Derecho y Economía
02 de Agosto de 2026
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José Torres Remírez. El multiculturalismo
José Torres Remírez. El multiculturalismo

“El multiculturalismo no es más que otro fascismo, sólo que más hortera”. Esta polémica frase no es más que un verso en un poema de Luis Alberto de Cuenca, pero esconde una verdad incómoda. Desde hace treinta años se está imponiendo el multiculturalismo en las sociedades europeas, y en España esa idea ha cogido mucha fuerza desde que en el 2004 llegara Zapatero a la Moncloa. Sin embargo, nadie se ha hecho las preguntas adecuadas ¿qué es el multiculturalismo? Y ante todo ¿cuáles son las consecuencias de esta política cultural?

La respuesta a la primera pregunta es sencilla: la convivencia pacífica de diversas culturas en un mismo espacio geográfico, siendo ambas culturas tolerantes con el resto. Una definición a la que nadie puede oponerse. Al contrario, parece una arcadia por la que tenemos luchar y hemos de poner todos nuestros esfuerzos en ir hacia ella. El problema reside en la respuesta a la segunda pregunta ¿cuáles son las consecuencias del multiculturalismo? Me gustaría poder decir que no hay consecuencias negativas y que todo es positivo; un enriquecimiento para todas las culturas que nos llevará a ser mejores personas y a construir un mundo mejor. Pero eso, de momento, no es así. La historia está llena de ejemplos del multiculturalismo y podemos ver claramente cuáles son las consecuencias: la destrucción de una de las dos culturas, generalmente, la del país receptor.

La integración de un colectivo cultural distinto dentro de una nación se puede llevar a cabo siempre y cuando el porcentaje de personas extranjeras o culturalmente distintas sea pequeño comparado con la población oriunda. En España más del 2% de la población proviene de Marruecos, y ese porcentaje asciende hasta casi el 5% si nos referimos a magrebíes. Ignoro a cuánto ascenderá ese porcentaje después de este verano. De momento en la última semana más de 60.000 marroquíes han entrado en la ciudad de Ceuta. Para que vean el problema al que nos enfrentamos, en nuestro país sólo hay 129 municipios con una población superior a esa cifra. Es como si todos los habitantes de Mérida se marcharan de sus casas y aparecieran en otro país.

Está descontado que los sucesos de este mes de julio en Ceuta lastrarán la maltrecha economía de la ciudad autónoma durante meses, pero ¿y la economía española? También. Absorber a esa población, trasladarla a centros de alojamiento temporal, cuidarlos y lo que, posteriormente, hagan en nuestras calles, tendrá una factura que estaremos pagando meses. Ahí van nuestros impuestos y no a sanidad, educación o a prevención de incendios.

Esta avalancha, más la población extranjera ya residente en nuestro país, ha hecho que lleguemos a un punto crítico en el multiculturalismo. Se enfrentan, cara a cara, dos conceptos distintos de la cultura. No sólo religiosa, sino económica, democrática, de derechos civiles, de igualdad, de respeto al patrimonio… es decir, dos concepciones distintas de cómo entender la vida.

¿Es mala la destrucción paulatina de la cultura occidental en España y su sustitución por la cultura magrebí? No sé lo que ustedes pensarán, pero mi respuesta es clara: sí, es mala. Sería la peor de las herencias que podemos dejar a nuestros hijos o nietos.

Si piensan que exagero, que están en su derecho, les invito a que lean. Cojan libros de historia, de antropología, de filosofía, de teología y de economía que hablen sobre el multiculturalismo. Todos, sin excepción, llegan a la misma conclusión: en el momento en el que la cultura foránea tiene un peso relevante, el conflicto es inevitable, y si gana, transforma el país receptor en un erial.       

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