Una de las frases más famosas para limitar el estado es: “El poder tiende a corromper, el poder absoluto corrompe absolutamente”. Esta afirmación la pronunció el político inglés Lord Acton cuando criticaba a un obispo anglicano. Esta semana hemos sido testigos de algo inédito en nuestro país. Habíamos visto a ministros entrando en la cárcel, a directores de la Guardia Civil robando dinero público, chivatazos a ETA, pero nunca habíamos visto cómo la policía registraba los despachos de un ex presidente del Gobierno y le citaba para declarar delante de un juez por posible corrupción.
Esto nos tiene que hacer reflexionar sobre el papel que tiene que jugar la política en nuestro país ¿debemos dejar que intervengan en todos los asuntos posibles o por el contrario debemos acotar sus actuaciones? El poder tiende a corromper, pero existen numerosas corrupciones. La más llamativa es la ilegal, pero generar una red clientelar es también corrupción; legal pero no deja de ser corrupción.
Una red clientelar no es más que una serie de personas o instituciones a las que un partido político en el poder les da prebendas con la única intención de que le devuelvan el favor, ya sea votándoles o de alguna otra manera. Al principio de este mes, el ministro Félix Bolaños anunciaba una reforma laboral por la cual los consejos de dirección deberían estar formados por representantes sindicalistas hasta llegar a ser un 50% de sus miembros.
España tiene un problema en el mercado laboral desde hace tres décadas. Necesitamos una reforma urgente que combata los problemas estructurales de la baja productividad. Y ninguna solución pasa por tocar o meter la mano en los consejos de dirección de las grandes empresas.
Los sindicatos de Comisiones Obreras y UGT han disfrutado en estos años de democracia de un papel protagonista en las negociaciones colectivas y en el reparto de subvenciones. Y ahí comienza uno de los grandes problemas de nuestro país. No podemos funcionar sin sindicatos. Los sindicatos son marginales ya que los que de verdad pueden hacer cosas para cambiar la situación se han vendido al poder político. Con la nueva reforma que plantea el ejecutivo de Sánchez, se está comprando la aquiescencia de los “representantes de los sindicatos”. No sólo esta reforma crea una red clientelar del PSOE, sino que consigue controlar a más empresas de manera indirecta. El gobierno de Pedro Sánchez es el gobierno de España que más poder tiene sobre la economía privada. Ningún otro gobierno de la democracia controlaba más empresas españolas que cotizaran en bolsa.
Con esta jugada, no sólo se garantiza la lealtad de los sindicatos, sino que conseguirá poner a más de un socialista en ese cupo sindical en los consejos de dirección. Unos puestos en los que se cobra muy bien, y lo sabe la más de docena y media de altos cargos del PSOE que están en consejos de dirección del IBEX-35.
Esta reforma no ayudará en nada a las empresas, ni al mercado laboral, ni a España. Esta reforma nace con el único objetivo de beneficiar a los sindicatos y, por consiguiente, a quienes han hecho posible que los sindicatos lleguen ahí. Y mientras unos pocos vivirán mejor, nuestro país seguirá empobreciéndose.