Óscar Moret

La prioridad de donde naces

Agricultor
15 de Junio de 2026
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La prioridad de donde naces
La prioridad de donde naces

El debate político actual ha vuelto a girar en torno a la "prioridad nacional", esquivando la polémica de fondo para centrarse solo en la superficie. Sin embargo, en estos tiempos inciertos de grandes discursos y, a veces, de mentes pequeñas que buscan la separación, el enfrentamiento y la priorización excluyente, yo llevo tiempo pensando en otra prioridad mucho más profunda y olvidada: la prioridad de dónde naces.

¿Qué pasa cuando naces en el mundo rural, en una zona despoblada, en un municipio pequeño o en una pedanía?

Para quienes habitan la mal llamada "España vacía", la lucha de clases se traduce en una realidad cotidiana muy distinta. En los pueblos, las prioridades no son abstractas; son tangibles y urgentes. Empieza a ser prioritario algo tan básico como tener o no tener un colegio abierto, conservar el último bar, mantener las tiendas de cercanía, un cajero automático o el acceso a la vivienda.

La "hipoteca" invisible del desplazamiento

Nacer en el medio rural implica asumir, desde la niñez, que te vas a tener que desplazar para casi todo: para estudiar, para ver a tus amigos, para ir a la universidad, para hacer trámites administrativos o compras determinadas. Con la situación actual de los precios del alquiler, el coste de la vida y los viajes, la consecuencia es inevitable: cualquier joven del mundo rural paga una "segunda hipoteca" invisible para poder formarse, simplemente por el hecho de no disponer de los servicios suficientes en su lugar de origen.

Cuando naces en una pedanía, las prioridades lo inundan casi todo. Incluso la propia financiación de tu ayuntamiento a través de otras administraciones. Esas instituciones más cercanas que perciben una mayor dotación presupuestaria por el hecho de tener pedanías, pero que a menudo no entienden cómo se debe gestionar y gastar ese dinero para el bien común de todo el municipio.

El transporte escolar: un derecho en juego

Hay una realidad que se repite de forma cíclica, sin importar el color del gobierno de turno, y que me obliga a hacer esta reflexión: el transporte escolar. Una vez más, planea la tentación e intención de dejar sin transporte escolar a los niños de nuestra pedanía (como ya ha ocurrido históricamente en otros núcleos como Almudáfar).

Este tipo de medidas no solo impide la conciliación familiar, sino que aboca a los niños a cambiar de centro, a distanciarse de los que ya son sus amigos y a sufrir una pérdida en su ritmo educativo. Parece mentira que buena marcha de la economía pública aragonesa tenga que depender de los escasos 10 kilómetros que separan a los niños de Almudáfar de su centro escolar de referencia.

Una lucha histórica

Esta no es una reclamación nueva. Es un camino que ya han recorrido muchas familias y alcaldes pedáneos ante directores provinciales de Educación de distintas siglas políticas. Desde las reivindicaciones de María con Eva Almunia, pasando por Sergio con directores del PP; de Paula, Álvaro, Guillén, Diego, Vero, Melissa con Amparo Roig; y ahora de Alma con Mónica Martínez, que cesó el mes pasado. Al final, la receta siempre ha sido la misma: la lucha incansable de las familias y la empatía de los directores provinciales ante un servicio de transporte de niños a la escuela que es completamente fundamental.

Un grito por la igualdad de oportunidades

Desde aquí, reivindico la prioridad de dónde naces. La prioridad para las pedanías, para las zonas despobladas de la montaña, para el mundo rural. Es hora de exigir una igualdad de oportunidades real con respecto a los grandes centros de población, independientemente de la nacionalidad, la edad, la clase social o la renta de cada ciudadano.

Reivindico esta prioridad para los niños del mundo rural, y muy especialmente para los de mi pueblo. Porque en cualquier rincón del planeta, por pequeño que sea, puede haber un genio capaz de transformar el mundo. Para que eso ocurra, necesitamos una educación pública de calidad y un transporte eficaz.

Porque el derecho al futuro no puede depender del código postal. Nazcas donde nazcas.

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