José Torres Remírez, la vivienda y las consecuencias económicas

La profecía de Mingote y sus consecuencias económicas

Miembro de la Asociación Española de Derecho y Economía
04 de Octubre de 2026
Guardar
José Torres Remírez, la vivienda y las consecuencias económicas
José Torres Remírez, la vivienda y las consecuencias económicas

¿Qué tienen en común el dibujante Antonio Mingote y el economista Albert Hirschman? Ambos, a su manera, profetizaron lo que ha pasado estos últimos años en España y sus consecuencias económicas. El primero fue siempre muy mordaz en sus viñetas y hay una, del año 2009, que viene a cuento. En ella, un trabajador en un bar, con aspecto cabreado sentencia: “La clase trabajadora empieza a estar harta. Y en cuanto haya un gobierno de derechas nos van a oír”. Hirschman, por su parte, en 1970 escribió un libro titulado “Salida, voz y lealtad”. La hipótesis de Hirschman es clara: si te dan un servicio pésimo por parte de una empresa privada, tienes la posibilidad de irte. Si es el Estado quien está proporcionándote ese servicio, no puedes irte, así que sólo puedes quejarte (voz), y si no te quejas, el poder asumirá que le das la razón (lealtad).

El fin de semana pasado, con la excusa de un desahucio en Madrid, cierto sector de la izquierda salió a la calle y montaron una acampada, en la Puerta del Sol, que dura casi una semana. La principal reivindicación de estos manifestantes es que la vivienda sea más accesible a todos. Pero en vez de exigírselo al presidente del gobierno, los cánticos han ido contra la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso y contra dos dirigentes políticos que no tienen poder sobre la legislación de vivienda: Feijoo y Abascal.

La política de vivienda de Pedro Sánchez ha sido desastrosa. Los resultados los tenemos ahí. Subidas de precios desorbitadas, reducción de la oferta, paralización de las construcciones e incrementos de ejecuciones hipotecarias. Aunque hay que aclarar que el problema de la vivienda es endémico en España. El único que intentó solucionarlo fue Aznar liberalizando el suelo, pero sus medidas fueron tímidas. Así que el resumen es muy claro: España tiene un problema con la vivienda, y estos ocho años de Pedro Sánchez han terminado de empeorar la situación.

Sin embargo, nadie está mirando a Pedro Sánchez, a su gobierno de ocho años, o a sus socios (tanto SUMAR ahora como PODEMOS al comienzo). Están atacando al Partido Popular, vía Ayuso, y a VOX.

Si el gobierno no recibe quejas de la gente, pensará que sus votantes le siguen apoyando. Tal y como dijo Hirschman. Si un gobierno no ve el enfado de sus votantes, no cambiará el rumbo de sus políticas. Dejando a un lado los casos de corrupción (que son unos cuantos), la situación del mercado de la vivienda viene dando motivos para que la gente salga a criticar a la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez. En el 2018 sólo al 5% de la población le parecía un problema el precio de la vivienda, la última encuesta del CIS muestra que ahora es un problema para el 43% de los ciudadanos.

Las consecuencias las sufrimos todos, pero en estos años sólo han levantado la voz unos pocos. El resto se han callado porque, como decía Mingote, ya vendrá la derecha y se quejarán. El problema es que el tiempo pasa y el tiempo perdido, no se recupera. Si un problema lo afrontas en sus etapas iniciales, el ajuste que se tiene que hacer es mínimo. Si la situación empeora, los ajustes son más fuertes. Y si, como ahora, la situación es insostenible, solucionarlo llevará mucho más tiempo y las medidas a tomar serán mucho más amargas.

Durante décadas veremos los precios de los pisos y de las casas y sabremos que son inasequibles para la gran mayoría. Y esto no es sólo responsabilidad de las políticas suicidas de Pedro Sánchez, sino de aquellos que con su silencio apoyaban a este gobierno. Han hipotecado el futuro de nuestra nación por fanatismo.  

Archivado en