Antonio Naval

¿Qué hay de mi patinete?

07 de Enero de 2026
Guardar
El rey Baltasar en la cabalgata de Huesca.
El rey Baltasar en la cabalgata de Huesca.

Ayer después de andar, porque hay que andar, me topé con toda la baraúnda que esperaba la puesta en escena de la Cabalgata. Aceptando que no podía avanzar, decidí incorporarme a la colectividad en su contemplación que se esperaba fuera placentera. Junto a mí, por la misma razón, se instalaron cuatro niñas entre 10 y 13 años. Serían del mismo curso pero con distinto desarrollo. Al pasar el rey negro una de ellas gritó “Baltasar, ¿qué hay de mi patinete?” El rey negro probablemente no la oyó pero las saludó desde su artefacto. Como reacción respondieron con saltitos de complacencia. La escena me pareció deliciosa por la sana ironía y el desenfado de las niñas, no al margen de un cándido toque gamberro. Convirtieron la ficción en una placentera  realidad.

Por entones, ya al final, había pasado toda la exhibición. No sabía que en Huesca hubiera tantos niños, más bien niñas, ni tantos patines. En ocasiones como esta los chinos hacen su agosto con las luces LED y las baterías de mantenimiento. Lo cierto es que, bien pensado, era un número muy reducido de niños, los más pequeños, los que no se daban cuenta de que la ficción que les habían preparado los mayores estaba lejos de la realidad. Muchísimos más eran los que estaban disfrutando, ajenos las temperaturas, de esta ficción convertida en necesidad, quizá como una ocasión más para evadir la realidad. Hecha oportunidad la contemplación, uno acaba repasando esta peculiar exhibición y se pregunta dónde queda aquello de que la cesta de la compra es insoportable, o lo de los 12 millones de españoles en marginación social por pobreza. Quedan ya lejos, sin duda por fortuna, aquellas paradas, exhibiciones jocosas, en que los actuantes iban vestidos con bolsas de plástico para basura por las que sacaban los brazos, y cubrían sus cabezas con cajas de cartón ingeniosamente adaptadas. Hasta en constataciones como ésta detectamos que hemos mejorado, por lo menos, algunos.

Logo WhatsApp
Suscríbete a nuestro canal de WhatsApp para tener la mejor información

Desde otro ángulo, es más que sorprendente, lo que hay de disponibilidad en la gente joven cuando se les da una oportunidad para ser otro, sean carnavales, desfiles, voluntarios del banco de alimentos, invitados a plantar árboles, tocadores de tambor, o cualquier ocasión para presentarse con un atuendo diferente aunque sea en un acto religioso, primeras comuniones o confirmaciones…. Entonces tienen la oportunidad de sentirse especiales aunque solo sea por un día. Es la paradoja de hacer de la ficción una realidad cuando la realidad no nos acaba de gustar. Nunca como en nuestra cultura en la que hemos echado abajo mitos y hemos desnudado la verdad, necesitamos existencialmente vivir como sucedáneo una ficción a sabiendas de que lo es. Eso ya lo llevó a plenitud don Quijote.

Ha acabado la Navidad. Bueno, lo que hoy se entiende por Navidad. Estos días he visitado un bello pueblo de las Cinco Villas, prácticamente abandonado. Era admirable la profusión de luces y ornamentación, algunos con reaprovechamiento original de objetos. Entre ellos no había ni un solo signo que pusiera de manifiesto la razón de ser de esta celebración que ha dejado de serlo pero que nos sigue siendo útil para escapar de lo ordinario. En una cabalgata de Madrid, hace unos años cuando el Ayuntamiento era llevado por progres, tuvieron la osadía de convertir a los magos en algo así como magos Merlín. Incluso uno de los magos, si bien recuerdo, era fémina, por aquello de la integración de género. Por algo iban de progres. Ayer, al menos, en la misma cabalgata un enorme camión góndola estaba convertido en Belén o Nacimiento.

Esta es la cuestión, porque no nos gusta la Verdad, quizá porque ya no es tanto, ni tampoco la Objetividad, que es donde nos movemos, nos inventamos otras verdades sin disimular que son ficción, a veces torpemente artificiosas, como las de los gestores públicos, los políticos, pero que adormecen o pretenden adormecer tanto como otras adormideras. Así nos va, sin querer preguntarnos a dónde vamos.

Archivado en

Suscríbete a Diario de Huesca
Suscríbete a Diario de Huesca
Apoya el periodismo independiente de tu provincia, suscríbete al Club del amigo militante