No, el lobo ya no tiene que venir, ¡está aquí! Pero está camuflado en la generalización de la familia “gran cánido”, aprovechando la indefensión en la que nos encontramos los ganaderos y ganaderas.
El último ataque, producido en Alcañiz, pone de manifiesto cómo no se cree a las ganaderas y ganaderos que llevan años denunciando la presencia del lobo en su zona. Todo lo contrario, desde la administración se blanquea al gran depredador y se siembra la duda hablando de perros asilvestrados que nadie ha visto.
En UAGA-COAG llevamos años exigiendo a las autoridades la extracción de los individuos más agresivos de las especies protegidas (también del oso) que poco aportan a la biodiversidad, que se dedican a atacar a los rebaños por el mero instinto animal, a matar solo por matar, no para alimentarse.
Esta situación ya sucedió en Monegros con el que se denominó “lobo solitario” y ahora está ocurriendo en el Bajo Aragón. Y mientras nos perdemos en discusiones de si son lobos o podencos, los ganaderos y ganaderas sufrimos en nuestras explotaciones el impacto negativo que tiene un gran depredador, que deja totalmente comprometida nuestra viabilidad y continuidad. Por este motivo, para evitar el cierre de explotaciones de ovino-caprino en la Comarca del Bajo Aragón, desde UAGA-COAG exigimos que se inicie el procedimiento para la extracción inmediata del lobo que hay en esa zona. Aragón no puede permitirse perder a más ganaderos.
La ganadería extensiva es parte del territorio y una pieza fundamental en la gestión forestal y en la conservación del medio ambiente. Y, precisamente por esa vinculación, recibe directamente todos los impactos que sufre ese territorio, sean inundaciones, incendios, sequías y/o grandes carnívoros. Factores, todos ellos, que condicionan lógicamente su rentabilidad.
En el caso de Alcañiz, como ocurrió antes en Monegros, estamos viendo cómo el lobo va cambiando su comportamiento. Posiblemente, como consecuencia de la falta de respuesta negativa cuando ataca al ganado, va perdiendo el miedo y acecha día y noche a los rebaños, incluso en presencia del ganadero. Y esta amenaza constante implica también alteraciones en la conducta de las ovejas y corderos que, por estrés, dejan de pastar, no engordan, y aumentan las enfermedades y los abortos. Por tanto, queda de manifiesto que la convivencia de la ganadería extensiva con un gran carnívoro es imposible.
(*) Responsable del Sector Ovino de UAGA-COAG