Hoy nos cuesta encontrar las palabras adecuadas para despedirle. No es fácil decir adiós a un sacerdote que ha sabido ganarse el cariño, el respeto y el afecto de toda su parroquia.
Gracias por tantos años de entrega generosa, por su cercanía, por escuchar sin prisas, por acompañarnos en los momentos de alegría y también en los más difíciles. Ha sido un verdadero pastor, siempre dispuesto a tender la mano, a ofrecer una palabra de esperanza y a recordarnos que Dios nunca nos abandona.
En la Parroquia de la Encarnación deja una huella imborrable. Su sencillez, su bondad y su forma de vivir el Evangelio han sido un ejemplo para todos nosotros. Hemos aprendido de su fe, de su servicio y de su capacidad para acoger a cada persona con el corazón abierto.
Aunque nos entristece su marcha, nos alegra pensar que allí donde vaya seguirá sembrando el mismo amor y la misma esperanza que ha compartido con nosotros durante todos estos años.
Le acompañamos con nuestra oración y le damos las gracias de todo corazón por todo lo que nos ha regalado. Que el Señor le bendiga, le conceda salud y le recompense con abundantes gracias por su entrega fiel.
Siempre tendrá un lugar muy especial en nuestros corazones.
Con todo nuestro cariño, gratitud y oración,