¿Haber sido fusilado por los sublevados del 18 de julio es suficiente para ponerlo por las nubes? Y ¿Los 2.314, y no son todos, que según el riguroso cronista don Cirilo Martín Retortillo fueron masacrados por los correligionarios y allegados del artista? A pesar de ser muchísimos, ¿es que no son más que burrufalla? Ramón Acín fue un sublevado, como Francisco Franco. Aquel al orden establecido porque quería una república. Este al desorden establecido por la establecida República.
El Fascismo surgió para contrarrestar al Comunismo en tiempos de Stalin. Ambos movimientos buscaban lo mismo con presupuestos conceptuales formulados de diferente manera, pero con el convencimiento de que el fin justifica los medios, cualquiera que estos sean. Ambos recurren al Estado para conseguir objetivos ambiciosos, sus objetivos ambiciosos. La diferencia está en que los fascistas ni creen en el parlamentarismo ni necesitan de la democracia, en la que no creen. Los comunistas dicen que creen en la democracia, pero aunque no lo dicen, es solo en tanto en cuanto les sirve para colocarse. Una vez conseguida la posición, con el mismo paternalismo que los fascistas afirman haber sido llamados y delegados por los que en el fondo consideran “el populacho”. Por supuesto afirman que trabajan por el pueblo, al que consideran discutiblemente capaz de superarse. Unos y otros creen que están llamados a hacerlo por aquellos. En tal dialéctica, lo que sobre el papel sería lo ideal, la socialdemocracia, se nos hace vivir como síntesis de ambas distopías.
Se está utilizando la artificiosidad del Estado para beneficio de quienes han conseguido suplantarlo. Dicen que los ciudadanos los necesitan, pero no reconocen que lo que necesitan, al precio que sea, es la connivencia de los ciudadanos para sus intereses, los suyos. Justifican su abusivo posicionamiento diciendo que están apoyados en lo que quieren los ciudadanos, y lo dicen sin pudor, aunque no lo crean. Así lo vemos, así nos lo están haciendo vivir; así tenemos que soportar la desvergüenza de quienes se han colocado, y bien colocados, con el pretexto de que el pueblo, a su peculiar manera de entender, le conviene. Es el paternalismo cruel en las pretensiones y sarcástico en las formas de fascistas y comunistas, en un combinado que está destrozando nuestra historia y civilización.
Ramón Acín, que después de todo era anarquista, otro engendro todavía más peculiar, fue profesor que ejerció con convencimiento su papel. Eso le honra. Y artista coherente con los que en su tiempo se llevaba, el modernismo. Hizo cosas bien, en dibujo y modelado, pero no es para defender que en esta ocasión fuera pionero o su aportación fuera determinante. En Huesca está valorado, pero no todo lo expuesto en el Museo le da lustre. Destacó en lo que su contexto le ofrecía. De todas formas, pienso que su valoración es más consecuencia de la sublimación de su talante político, y de haber tenido un final que no merecía, como tampoco la merecían los otros 2.314, del otro bando.
Debemos congratularnos de su idea y diseño de las “Pajaritas”, que la ciudad tuvo el acierto de asumir y dar un lugar preeminente en el Parque. Siendo simple y sencillo ha conseguido ser un icono de la ciudad. Este parque, nuestro Parque, que los republicanos de entonces debieron bautizar como Parque de Lastanosa, pues fue hecho sobre sus jardines. Este fue otro de sus desaciertos. Pero es intolerable que ese simpático rincón sea utilizado como identitario de las izquierdas, por ser de Ramón Acín, y pretendidamente exponente de sus valores. A él se lo encargaron y consiguió ser original. También le encargaron el monolito de Lucas Mallada, que como tal monumento no tiene más mérito que el que sea suyo. A ver si ahora, porque lo hizo Ramón Acín, se va a pretender que las Pajaritas plasman ideas excluyentes al posicionamiento de Ramón Acín. Después de todo, las Pajaritas han sido el único rincón de este histórico Parque que se ha conservado íntegramente respetando la idea original. No ha sucedido así con otros rincones como el estanque de la leona, el rincón de la “llorona”, la rosaleda, o la pérgola del parque bar. El mantenimiento de las Pajaritas es el predicamento o valor que debe regular como criterio todo lo que es Patrimonio histórico, que debe respetarse escrupulosamente.
Todo colectivo necesita arroparse en torno a ídolos que colmen deseos, aspiraciones insatisfechas y limitaciones no superadas, sean del trasfondo que sea. Para eso necesita fantasear creando prototipos con más o menos verosimilitud de que puedan ser iconos. Es la forma de intentar presumir de lo que no fuimos. Para eso se creó el sistema de canonizaciones que, por falta de imaginación de los progres, también le es útil al secularismo.