El ministro de Economía, José Echegaray, primer español en ganar un premio Nobel (el de literatura), acuñó la frase: el santo temor al déficit. Una sabia frase, pero que no ha calado en los responsables de la política presupuestaria en España.
El ciclo electoral ha comenzado. En diciembre estaban llamados a las urnas los extremeños, ya estamos inmersos en la campaña electoral aragonesa, posteriormente los ciudadanos de Castilla y León elegirán a sus representantes y se cerrará este ciclo con las elecciones andaluzas. Es cierto que algunos dicen que igual también hay elecciones a nivel nacional, pero no creo que Pedro Sánchez deje opinar a los españoles. En todas estas citas electorales se están hablando de muchas cosas, algunas hasta relevantes para los ciudadanos. Sin embargo, hay un tema del que no se oye: el equilibrio presupuestario.
Tras la crisis económica del 2007 los gastos derivados del escudo social (prestaciones por desempleo) se incrementaron y los ingresos (recaudación por los impuestos) se redujeron. Esta situación era insostenible en el tiempo, y los partidos políticos intentaron poner solución. Empezó José Luis Rodríguez Zapatero mayo del 2010 con los mayores recortes que ha sufrido este país. Rajoy, tímidamente, intentó cuadrar las cuentas, pero lo que hizo, y nada, es lo mismo. Con la llegada de Pedro Sánchez al poder se está recaudando mucho más que nunca. Estamos en máximos históricos de recaudación y, sin embargo, seguimos con un déficit preocupante y que lastrará la economía española en el largo plazo.
Aunque esta situación es catastrófica en el gobierno de la nación, en las autonomías va un poco mejor, pero tampoco mucho. Los déficits autonómicos se han reducido, pero en la gran mayoría de autonomías sigue habiendo déficit, o lo que es lo mismo: gastan más de lo que ingresan.
Cuando existe déficit, de algún lado hay que sacar el dinero, y los gobiernos autonómicos piden prestado. En otras palabras, el déficit se convierte en deuda. Y la deuda no sólo hay que devolverla, sino que hay que pagar intereses por ella. Así que, de un día para otro, en el presupuesto hay que destinar una parte del mismo al pago de dichos intereses. Un dinero que podría ir destinado a la sociedad, irá exclusivamente a manos de los prestamistas.
En la mayoría de los partidos que han concurrido a las elecciones extremeñas y los que concurren a las elecciones aragoneses, si hablan del déficit, proponen acabar con él vía ingresos:
- Los partidos de izquierdas dicen que subirán los impuestos y esperarán que eso haga que se recaude más.
- Los partidos de derechas esperan que bajando impuestos se acelere la economía y al crecer, sea la sociedad más rica y ello lleve a recaudar más dinero (aún teniendo impuestos más bajos).
Los primeros se equivocan profundamente, ya que subir los impuestos no llevará a una recaudación mayor, al contrario, conseguirán recaudar mucho menos. Y en las regiones donde se ha intentado (Cataluña, Castilla La Mancha o Asturias) se ha visto que ha ocurrido eso.
Los segundos, tienen razón, pero los efectos que esperan tardarán entre dos y tres años en llegar ¿y mientras tanto?
España en general, y Aragón en particular, gasta mucho. Y es en el gasto donde hay que poner el foco. El gasto público debe ser pequeño pero eficiente. Grandes despilfarros no llevan a un mejor estado, más bien al contrario. Lo vemos día a día con nuestros servicios públicos.
Si de verdad los partidos políticos pensaran en los ciudadanos y en su futuro, estarían hablando de reducir el gasto público.