El 1 de agosto, coincidiendo con el inicio de su periodo vacacional, Pedro Sánchez publicaba en sus redes sociales una serie de recomendaciones musicales. Con media España ardiendo, con miles de personas desplazadas en medio de una incertidumbre constante, con Ceuta totalmente colapsada ante la mayor crisis migratoria del país en años, con militares, guardias civiles y policías destinados en la ciudad ceutí obligados a cancelar sus permisos al mismo tiempo que los ministros reiteraban que no comparecerán en el Senado hasta finales de mes... el presidente del Gobierno no solo no consideraba oportuno interrumpir sus vacaciones, sino que, además, nos compartía su playlist del verano. Pero no pasa nada, nunca pasa nada.
El otro día fue el eclipse. Tan convenientemente manido que la realidad ha quedado precisamente así, eclipsada. Como si, al contemplarlo, se hubiera dejado de mirar lo que debe ser mirado. Ver arder San Juan de la Peña es ver mi hogar en llamas. Pero es que ver arder Niebla, Ávila o Fermoselle también lo es. El otro día hubo un eclipse. Y puede que el ser humano ya no comprenda el mundo a través del mito -la interposición de la Luna entre el Sol y la Tierra ha perdido ya cualquier sentido apocalíptico- pero qué desalentador es comprobar que, como sociedad, seguimos encerrados en él. Qué pena que admirar tal evento que nos recuerda la inmensa belleza del universo que habitamos se haya convertido en una especie de mito de la caverna. Que semejante fenómeno astronómico haya sido literal y figuradamente un "espectáculo de sombras".
El otro día fue el eclipse. Hay algo bello, incluso poético, pero sobre todo tremendamente poderoso en observarnos juntos hacer algo a la vez. Hasta cuándo hay que volver a esperar para que miremos por fin todo aquello que día tras día merece toda nuestra atención. El otro hubo un eclipse. Y creímos tener los ojos bien abiertos para encontrar el ángulo perfecto que nos permitiese publicar la última tendencia que dicta el algoritmo de turno. No sé si ya llego tarde a la de dar recomendaciones musicales, pero a mí se me ocurre "Strawberry Fields Forever", de The Beatles, ya que uno de sus versos da título a este texto. Qué cómodo y qué peligroso, qué oportuno, qué catastrófico... qué fácil es vivir con los ojos cerrados.
PD: Que estas líneas sirvan también para no dejar de agradecer a todas aquellas personas que están "partiéndose la cara" tanto en los incendios forestales como en la crisis de Ceuta. A todas y cada una de ellas sin excepción, gracias. Vuestra labor es inconmensurable. Y nuestra gratitud, eterna.