Luis Ángel Pérez de la Pinta. Fútbol no es fútbol

Wunderwaffen

Periodista y formador
15 de Octubre de 2026
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Wunderwaffen
Wunderwaffen

Había muchas: desde platillos volantes y submarinos que llevaban dentro hidroaviones plegables hasta cohetes, tanques de dimensiones ciclópeas o un cacharro con forma de campana al que llamaban Die Glocke que gelificaba la sangre de todo bicho viviente en 200 metros a la redonda y, según cómo, permitía hasta viajar en el tiempo. Las llamaron Wunderwaffen y, con ellas, convencieron a no pocos de los agotados alemanes de 1944 de que podían dar un giro de guion a una guerra que todo el mundo sabía que iban a perder y que acabaron perdiendo.

Por suerte, sigue habiendo trecho pindio entre los procederes de nuestro actual Gobierno y los que activaron quienes financiaban aquellos ingenios disparatados, pero el clima crepuscular en el que se diseñaron tales cacharros debe ser parejo al que estos días se vive en Moncloa. Y más que en Moncloa (que también), en el edificio Semillas, donde el personal de la Secretaría General de Políticas Públicas y Prospectiva Estratégica anda ya, entre invento y ocurrencia, recogiendo trastos y papeles para ver si hay suerte y no acaban ellos teniendo que apagar la luz.

Lo que urden allí, eso sí, no son máquinas ni armas, sino decretos, instrucciones de aplicación de leyes, movilizaciones y hasta huelgas generales. Como aquellas fantasiosas armas alemanas, todas funcionan poco y mal, pero generan expectativas sin cuento entre los fieles. La lista es larga y podría empezar con la Ley de Nietos que el Supremo suspende cautelarmente, seguir con la movilización por la vivienda que ya sólo llena la mitad de la explanada de Sol, continuar con ese estrecho Frente Amplio en el que sólo cabe Ada Colau y cerrarse con una huelga general contra la oposición que sigue sin fecha. Hasta el V-2, al que hay que reconocer que fue el primer misil balístico de combate de la historia, tuvo mejores resultados.

Mientras, y a modo no sé si de genio con plan oculto o de fiel infantería resignada, Iván Redondo repite en tertulias varias que la remontada se vislumbra y que el PSOE podría acabar como primera fuerza el 29 de noviembre. No hay, con todo, ni una encuesta (bueno, la del CIS, que pagamos todos, sí) que permita intuirlo pero, aprovechando que el 29-N mi abuela Ángeles hubiese cumplido 100 años, repetiré una más que afinada sentencia suya: un bobo emboba a ciento si le dan lugar y tiempo. Y no es que crea yo que Iván Redondo es bobo (no soy de insultar y, además, el tipo ha llegado más lejos de lo que un servidor llegará nunca), pero sí que diré que lo de repetir mucho un pronóstico para ver si la gente lo interioriza y acaba haciendo que pase se llama profecía autocumplida. A cierto señor cojo que se acabó suicidando en un búnker le solía salir bien cada vez que se ponía a ello, pero no todos los meses son agosto y hasta él sabía que las Wunderwaffen no eran más que una táctica inventada mientras su jefe movía ejércitos imaginarios y gritaba a todo el mundo en la habitación de al lado. En Alemania, y por eso digo que eran táctica, las Wunderwaffen mantuvieron una valiosa ilusión de victoria que seguramente ayudó a impedir que acabasen las cosas como en Italia pero, de todos modos, tanto da.

El final siempre llega y, más pronto o más tarde, pasa el siguiente y eso no hay decreto, nieto de presunto exiliado o huelga general vertical que lo remedie. Bueno, hay algo que sí: una máquina del tiempo que permita volver atrás y corregir alguna cosa. Por eso los alemanes invirtieron las horas y los recursos que no les sobraban en Die Glocke. Pero, por suerte, no la terminaron.

PD: el primero que comparó la sucesión de ideas brillantes que nos abruma estos días con las Wunderwaffen fue mi hijo Luis Ángel. A Bruto, lo que es de Bruto. Y así evitaremos los Idus de Marzo.

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