Si Jesucristo levantara la cabeza, se haría “cruces” de la realidad actual en la Diócesis de Huesca. Vería y creo que lo seguirá viendo desde allá arriba -por lo menos para los que somos creyentes- de la politización eclesiástica y personal, de la nefasta gestión del actual equipo de gobierno del Obispado oscense, con su “jefe” al frente y su “equipo” y su influencia en la sociedad oscense.
Estamos en una situación en la que, evangélicamente hablando, aquí no se ha perdido "una oveja entre las cien”. Aquí se ha producido una revolución de los pastores que han revolucionado su rebaño, han ofendido sus sentimientos y han conseguido que las ovejas estén soliviantadas por decisiones injustas, interesadas por alguna parte del clero, e incluso por un protagonismo y anacronismo fuera de tiempo y lugar.
Recomendaría que se repasara el texto bíblico de Ezequiel 34, y el Evangelio de San Mateo 9, 36-38. Creo que a alguien se le ha olvidado.
Y viene todo esto a colación para manifestar públicamente el grado de indignación, de falta de respeto y de poco tacto hacia la persona y sus feligreses por parte del Obispado en el caso de nuestro querido párroco y director espiritual durante muchos años, Don Luis Gurucharri, al frente de la parroquia de Santiago en Huesca.
Un pastor que ha sabido hacer de su rebaño una gran familia, un amigo de todos, un hombre con una preparación exquisita y siempre al servicio de los demás. Ha sido un referente no solo en su parroquia, sino en toda la ciudad y provincia a lo largo de su labor pastoral. Yo no soy quién para dar consejos a nadie. Pero “los trapos sucios se lavan en casa”.
Este equipo de gobierno eclesiástico, siento decirlo, pasará a los anales oscenses como una “gran algarada”. Que Dios nos coja confesados. Pero por favor, ¡¡¡NO NOS QUITEN LA FE!!!