Dicen que todo es historia. Y tanto. La actual polarización política española tiene antecedentes inmediatos en la época en que Zapatero presidía el gobierno. Su herencia ha consistido en combatir el espíritu de concordia y de convivencia civil y democrática que supuso la Transición. Es un grueso error, una lamentable desgracia, de la que algunos todavía viven, abonados con sus jeremíacos lamentos.
La herencia de Rodríguez Zapatero fue convertir a los adversarios en enemigos, al decir de Rosa Díez en su apasionado libro de La Sombra de Zapatero. Cuestionar la Transición, o mejor intentarlo, porque le convenía a su estrategia de movilización es el inicio del lamentable tiempo político que está viviendo ahora España.
Siempre me ha parecido Zapatero un auténtico zascandil. Siempre parecieron sospechosos los numerosos viajes a Venezuela, aquella tierra sometida al destalentado dictador Chaves y su sucesor Maduro, para ir cada vez a peor, con la presencia del embajador delincuente Raúl Morodo, y su hijo -quien los ha visto- en los tiempos del ministro de Exteriores José Bono.
Basta ver los abundantes mensajes aparecidos en su momento en las redes para ver su función de lavar la cara del dictador Maduro, que se negó a reconocer su derrota electoral. O el cambio con respecto a los apoyos al opositor Guaidó. O sus taimadas declaraciones que siempre han resultado un pernicioso e interesado pasteleo con un régimen autocrático, dictatorial, peligroso y liberticida como el que está haciendo sufrir seriamente a inmensas mayorías de la población venezolana. Un régimen tildado y señalado del beneficio ilegal del narcotráfico a gran escala. O sus andanzas por China, perejil de muchas salsas.
Y nunca se entenderá qué ha pintado Zapatero entrometiéndose en la práctica cotidiana del partido en el gobierno, tampoco se entiende cómo se lo tolera su militancia, tan dócil, tan silenciosa y tan complaciente -militancia inexistente-, con todo lo que sucede. Campa por China mediando negocios, como un ministro de Exteriores. Es que ya no son bulos, falsedades y trolas de contrario sobre lo que sucede y se va sabiendo. Oposición y critica, ambas tan culpabilizadas con adjetivos despectivos. Y eso a pesar de la servil corte mediática tan extensa, que traga sapos y carretas, con un oficio periodístico muy debilitado.
Pero cuestionar la Transición ya no se trata de una simple crítica política, que podría ser perfectamente comprensible en sus diversas cuestiones, se trata de ir a la polarización radical y sectaria para la eliminación de la alternativa, recordar continuamente la guerra civil, insistir en la simplicidad de buenos y malos, ensalzar acríticamente la república, buscar la polarización en aumento creciente para mantener a Sánchez en el poder sine día, siempre, demonizando al oponente y atribuyéndole todos los errores y maldades habidos y por haber. Y orillar la convivencia, el diálogo y el acuerdo en nada. Polarización tóxica, al decir de Virgilio Zapatero.
Hagamos la ilusión de que la verdad se impone frente a la inmunidad de los delitos de origen del poder. Ilusión, digo. No hay respeto a las normas constitucionales, ni a las decisiones electorales, y hay un abuso de que no pasa nada. Burla de la justicia. En Venezuela, Sensación de impunidad y de que desde el poder se permite cualquier cosa. En Venezuela, y en casi todo el mundo, y muy cerca, en España. Impunidad del poder, parece, es decir, hacer lo que les da la gana sin control jurídico alguno.
Hay abuso de la detentación del poder, que es a la vez un gran desprecio político. La casuística es demasiado larga, cada día tiene su abundancia de excesos e irregularidades, y su sorpresa correspondiente. Ahora aparece señalado también de mediador de posibles chanchullos con la aerolínea Plus Ultra, prácticamente inexistente entonces, en su rescate millonario. O reuniéndose en lugares de acceso vedado al público, en momentos previos e inmediatos a actuaciones penales, donde han volado por el aire -como los aviones- grandes cantidades de dinero público, o sea no era para hablar del tiempo, de la crisis del Real Madrid, o de la grande Brigitte Bardot, por decir algo. Y lleva más silencio y menos apariciones, desde que Estados Unidos ha adoptado una línea mucho más beligerante contra el narcotráfico en el continente americano.
No se entiende la figura de un señor que en términos políticos no ha aportado algo bueno a la vida política española, salvo la negatividad a la convivencia y a la prosperidad en España. Recuerdo cuando cuestionaba la palabra crisis ante la deriva económica, o cuando sacó aquello de que España era una nación de naciones y seguiré sin entender la ausencia de sentido crítico de la militancia de su silente partido, salvo contadísimas excepciones.
En el diccionario de María Moliner hay muchas acepciones de la palabra zascandil. Me resulta atrayente la letra z. Zascandil: una, sería la de ligereza, la falta de hondura; otra la de informal, o ligero por falta de aplomo, chiquilicuatre, danzarín. Tarambana, botarate. Etcétera.
Con todo lo que sucede en España, llama la atención el bajo nivel intelectual y ético de nuestros dirigentes. Es de preocupar, pero es lo que hay. Repase el lector la galería y saque conclusiones ante el desfile de los fieles actores investigados del sanchismo. Tontos, tontos… que les quiten lo bailado. Como en el caso de Rodriguez Zapatero, ya no importa lo que hagan, o lo que digan, basta con salir en las redes o en los medios. Se acabó la política, zascandilear es la cuestión.