Si los amantes del refranero sostienen que hay un aforismo para cada situación y cada día, esta mañana se ha impuesto el de "al mal tiempo, buena cara". Prácticamente un centenar de caminantes se han reunido para rezar a María Auxiliadora, para convertir la fe en voluntad y para escuchar las palabras alentadoras, inspiradoras, de José Iriarte, el veterano sacerdote salesiano y navarro que ya colgó las botas pero mantiene enhiesto el espíritu de la Javierada. Por delante, 110 kilómetros hasta el domingo, conscientes de que van a hundirse en el barro mientras el cielo desprende el agua impregnada de simbolismo de fertilidad y que redobla, para el peregrino, la complejidad de la senda.
En la Iglesia de la Casa Salesiana, como si fueran ajenos a la penosidad climática, caras sonrientes y miradas luminosas, contemplando la banderola que refleja el número de Javierada, la 45. Abuelos, matrimonios, jóvenes de distintas etapas. El sacerdote ha invitado a comenzar con un tiempo de silencio, "el interior es fácil, el interior más difícil. No tengáis miedo al silencio". Ha sido el preludio al verbo. "¿Qué pretendo en esta peregrinación?" Otra vez mutismo y la oración en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Andrés Pérez explicaba el sentido de la peregrinación.
"El Santuario de San Francisco Javier es un testimonio de la devoción del pueblo de Dios, que acude allí en gran número para fortalecer su fe y afirmar la voluntad de vivir con alegría la caridad cristiana. Nosotros también aportamos al numeroso grupo de peregrinos el ejemplo de nuestra fe, esperanza y caridad, y así nos animamos unos a otros en el camino cristiano. El espíritu de la Javierada quiere inspirarse en la primera Carta de San Pablo a los cristianos de Corinto", que ha sido leído, explicando y que explica la unicidad y pluralidad del cuerpo de la cristiandad.
Ha aventurado José Iriarte que van a hacer "más de cien kilómetros con lluvia, barro, una carretera larga y dura, subir collados, cruzar ríos, cansancio, ampollas, en algún momento hambre, también sed, dormir en el suelo. Algunos, al veros, pensarán que estáis locos, pero locos de remate. Les contestáis con vuestra sonrisa, orgullosos de pasarlo mal para demostraos a vosotros mismos y las personas que os quieren que vale la pena de llegar hasta Javier andando. Porque ha valido la pensa salir de la comodidad del sofá para ser capaces de estar en forma y poder hacer esta peregrinación que hoy comenzáis". Ha incidido el sacerdote que "habéis experimentado y vivido unos valores que vale la pena luchar. Por ejemplo, convivir. Los jóvenes dicen que están cada día más encerrados en sí mismos, los viejos también".
Van a convivir con personas distintas, amigos, chicas, chicos, abuelos con sus nietos, matrimonios, padres, personas desconocidas, edad desde los 11 de Santiago hasta los 77 años de Maite Aznárez. Varios por encima de los setenta. "Yo, personalmente me hago un poco el chulo y llegué a los 75. Convivir y compartir, compartir la comida, lo que doy y lo que recibo, expresar mis sentimientos, de cansancio, de maldecir el agua y el barro, y de maldecir haber salido, pero también el sentimiento de alegría, de superación, de llegar sano y salvo al destino. Convivir, compartir, agradecer. Los tiempos de silencio, de reflexión, de charla amigable, de amistad, de ayuda, de solidaridad. Los amaneceres y atardeceres, los paisajes, los árboles que florecen, la primavera que nade. Las personas que, con su ayuda, contribuyeron al éxito de la peregrinación. Junta de la Javierada, cocina, avituallamiento, tiempos de oración y reflexión, viacrucis, la Eucaristía en Javier, la comida de despedida". Ha reconocido a dos personas que, durante muchos años, Ana Los Fablos y Miguel Callén, llevan la comida, las vasijas, el avituallamiento, "con una generosidad impresionante", imprescindibles en la convivencia. Aplauso para ambos.
Un deseo: "Que a la vuelta todos estéis contentos y satisfechos en tres dimensiones. Físicamente contentos porque el esfuerzo ha valido la pena. Psicológicamente también. Espiritualmente satisfechos por la experiencia del encuentro con vosotros mismos, con la naturaleza, con Dios, con los demás. Y socialmente solidarios, las tres dimensiones, personal, espiritual y social. Solidarios porque la vivencia con los demás ha sido maravillosa".
Invocación de los peregrinos. a Dios pidiendo, "acompáñanos señor en nuestro camino", volver sanos del camino después de cumplir con perseverancia con la inspiración de la virgen en los senderos de justicia y de paz.
Se ha hecho la entrega de sendas cruces al más joven, Santiago, y al guía, Javier Cruchaga. "La Cruz no se pasa, la cruz se comparte y se impone. El símbolo de la imposición es compartir una misma fe y contar con Jesús que nos acompaña siempre en el camino de la vida, que es el más duro. Poned en sus manos los dolores, las preocupaciones y a todos los que queréis porque os va a acompañar".
Antes de cantar María Auxilium Cristianorum, Javier Cruchaga con sus instrucciones para el primer día para ir formando cortejo por el lado derecho de la carretera. Previsión de lluvias, recorrido por San Esteban, "pocos habremos pasado por allí, igual hace diecisiete años". Y mucha precaución.
Santiago, con monosílabos afirmativos, espera que la Javierada sea algo divertido. Maite Aznárez lleva 28 años. "A medida que pasa el tiempo te intranquiliza un poco más porque las limitaciones son más grandes, pero procuramos plantarles cara. Este año, como va mi nieta y mi hijo, engo que enseñarles el camino".
Fotografía de familia, la sonrisa se sobrepone al cielo que ya desprende la lluvia, todos se preparan con los chubasqueros, paraguas y a caminar. Primera pausa, El Sotón. Segunda, el Cobertizo. Y posada y manta en Ayerbe. La primera etapa de 110 kilómetros pletóricos de fe y de propósito. Como siempre se ha dicho en Navarra: ¡¡¡A Javier!!!