Lo primero que cualquier observador puede testimoniar de lo vivido esta mañana en Monzón es acerca de la capacidad organizativa y buen funcionamiento de las personas que han estructurado este acto, desde mucho antes de que se iniciara.
Esta reunión estaba prevista en otro lugar, junto al Conservatorio de la localidad. Pero las condiciones climatológicas se preveían adversas. Pues bien, desde 72 horas antes estaba ya trasladado el evento a doscientos metros del lugar inicial, en la Plaza Mayor, y comunicado exhaustivamente por todos los medios. Aún así, si alguna persona despistada hubiera aparecido por el Conservatorio, se hubiera topado con media docena de carteles informando de la incidencia.
A eso de las 11, ya está el taller de Henna en marcha. Ha estado operativo a lo largo de toda la mañana, embelleciendo manos y atrayendo la curiosidad de grandes y mayores. Un poco más tarde el grupo L´Orache ha hecho huir la pereza de los cuerpos al ritmo de media docenas de danzas del Pirineo que han sido explicadas, documentadas y ejecutadas por los miembros del grupo organizador. Alrededor de 50 personas han asumido el reto de disfrutar en corros, filas, pasacalles y bailables hasta que han finalizado su voluntariosa actuación con una foto de conjunto a la que se ha sumado buena parte del público asistente.

Llegado el momento de la lectura del manifiesto, se ha podido constatar una muestra más de la eficacia organizativa. En un alarde de participación e inclusividad, diecisiete mujeres (¡¡Diecisiete!!) han accedido al micrófono para, con voz resuelta, exponer desde su experiencia una extensa plataforma de reivindicaciones y quejas que a nadie debiera dejar indiferente.
Con distintos tonos de piel, con orígenes diversos, con acentos variados, con un amplio espectro de edad... Nada ni nadie ha quedado olvidado en una lectura que, entre otras cosas ha afirmado que "Hacemos una lectura coral de nuestro manifiesto representando a distintos sectores, edades y colectivos de nuestra ciudad: mujeres jóvenes y mayores, viudas, amas de casa, con discapacidad, cuidadoras no profesionales, gitanas, migrantes, profesionales...."
Indican las lectoras que "El 8M es un día de celebración de los derechos conseguidos y de reivindicación de los que quedan por conseguir. El feminismo es internacionalista y seguiremos luchando mientras haya mujeres oprimidas y violentadas en cualquier lugar del mundo.
Denunciamos las guerras y los fundamentalismos que despojan a las mujeres de sus derechos en cualquier lugar del planeta, ya sea en Afganistán, Emiratos Árabes, Indonesia, Pakistán, Irán, o Sudán, y hacemos hincapié en las agresiones a niñas como la mutilación genital, los matrimonios forzosos o las violaciones de menores que quedan en la familia y que persisten en la civilizada Europa."
Denuncian en este acto, del mismo modo y con igual intensidad la pobreza, la brecha salarial, la precariedad, la doble jornada, la maternidad, el peso de los cuidados y los contratos a tiempo parcial por cuidados de las familias; y lo achacan a un sistema que infravalora el trabajo de las mujeres, penaliza la maternidad y recompensa el poder masculino.

Exigen políticas de cuidados y corresponsabilidad social, con un sistema de cuidados públicos, con el reconocimiento de las mujeres cuidadoras no profesionales de familiares con discapacidad. Y, para las mujeres mayores, piden la cotitularidad de las pensiones, que el tiempo dedicado a tareas de cuidado sea reconocido en el cálculo de las pensiones, y que se mejoren las más bajas hasta equipararlas con el mínimo general de pensiones.
Prosigue el comunicado: "Para las mujeres con discapacidad física e intelectual (exigimos), una mayor visibilidad, y un esfuerzo de la sociedad para comprender y ayudar a superar todas las barreras que sufrimos. Denunciamos los prejuicios que se encuentran las mujeres gitanas en su búsqueda de trabajos, y pedimos políticas públicas que faciliten su inserción laboral.
Pedimos el reconocimiento del trabajo que realizan las mujeres migrantes, que cesen la criminalización y el racismo, y que se le reconozca su aportación económica, social y cultural a nuestra sociedad".
Finalmente muestran su rechazo a la explotación reproductiva y el mercado de óvulos y a la que mantiene en condiciones de esclavitud a decenas de miles de mujeres y adolescentes pobres y vulnerables en nuestros pueblos y ciudades. Y exigen la tramitación de la Ley abolicionista del Sistema Prostitucional.

Finaliza el manifiesto entre aplausos con una encendida defensa de la igualdad y de los servicios públicos.
El acto ha terminado con la voz de Gabriela Riu Ric. Tan sólo una guitarra, una voz y una presencia escénica que ha conseguido emocionar al centenar largo de personas que desean que esto no termine. Canciones de los 80 y, entre otras, una que conmueve especialmente por lo oportuna en estos tan convulsos: la declaración de principios de “No dudaría”, de Antonio Flores, en sensible versión de Gabriela Riu Ric.