Ana González Uriarte defiende la regulación del uso de pantallas: "Vamos un poco tarde, pero podemos llegar a tiempo"

La psiquiatra alerta en Huesca sobre el impacto de las pantallas en la salud mental infantojuvenil

15 de Febrero de 2026
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Ana González Uriarte, en la charla organizada por la UC sobre pantallas. Foto Myriam Martínez
Ana González Uriarte, en la charla organizada por la UC sobre pantallas. Foto Myriam Martínez

La psiquiatra Ana González Uriarte sostiene que la exposición digital temprana a las pantallas genera riesgos como la adicción por dopamina, el aislamiento social y el retraso en el lenguaje, alterando procesos clave como la autorregulación emocional y el vínculo afectivo. A través del modelo del cerebro triuno, explica por qué los menores son biológicamente vulnerables a contenidos diseñados para el consumo masivo, como el scroll infinito y los videojuegos violentos. Uriarte enfatiza que no se debe juzgar a los padres, sino fomentar una reflexión colectiva y políticas públicas que protejan la infancia frente a los intereses de la industria tecnológica. Además, propone recuperar el valor del aburrimiento, la conexión humana cara a cara y el contacto con la naturaleza como pilares fundamentales para un desarrollo saludable.

La doctora impartió este jueves, 12 de febrero, una charla-coloquio en el IES Ramón y Cajal de Huesca, dentro de un ciclo sobre salud mental que organiza la Universidad Ciudadana. Como recordó en la introducción el presidente de la UC, Miguel Escartín, el programa incluye otra sesión el 27 de febrero, en el mismo espacio y también a las 19:00, a cargo de Martín Correa-Urquiza, doctor en Antropología Social y Cultural, con el título “Coordenadas para pensar en aguas inquietas: desmedicalizar el dolor, politizar el malestar”.

Ana González Uriarte en la charla sobre pantallas de la Universidad Ciudadana. Foto Myriam Martínez
Miguel Escartín y Ana González Uriarte. Foto Myriam Martínez

Bajo el epígrafe Pantallas y salud mental infantojuvenil, la psiquiatra abordó el impacto que el uso intensivo de dispositivos puede tener en niños y adolescentes, desde una perspectiva ecosistémica y del neurodesarrollo.

Matizó de forma explícita que su análisis no plantea una relación automática entre pantallas y patología psiquiátrica. Subrayó que no puede afirmarse que los dispositivos provoquen directamente enfermedades mentales y lo formuló con claridad: “No es que las pantallas causan problemas de salud mental, sino que intervienen múltiples variables -edad, vulnerabilidad previa, contexto familiar y social- y el impacto depende de cómo, cuándo y en qué condiciones se produce la exposición". Su planteamiento, precisó, no busca simplificar ni demonizar, sino comprender un fenómeno complejo desde una perspectiva evolutiva y sistémica.

En términos evolutivos, sintetizó su advertencia con una fórmula directa: “A más pantalla, cuanto más precoz y mayor vulnerabilidad, peor desarrollo cognitivo, del lenguaje escrito, desarrollo motriz y control”.

Uriarte enmarcó el análisis en el ámbito del neurodesarrollo y explicó que la maduración del cerebro, que posee una gran neuroplasticidad y por lo tanto es moldeable, comienza en la etapa prenatal y se prolonga hasta aproximadamente los 30 años.

Ana González Uriarte en la charla sobre pantallas de la Universidad Ciudadana. Foto Myriam Martínez
La sala del IES Ramón y Cajal se llenó para escuchar a Ana González Uriarte. Foto Myriam Martínez

Diferenció tres niveles funcionales. Por un lado, el más primitivo o instintivo, vinculado a la supervivencia y a las respuestas automáticas; en segundo término, el cerebro emocional, relacionado con la activación afectiva; y, finalmente, la corteza prefrontal, a la que describió como la “torre de control”.

Esta última, situada en la parte frontal, es responsable del pensamiento reflexivo y crítico, de la planificación, del juicio y de la capacidad para posponer la gratificación. Según expuso, se trata además de la región que más tarda en madurar, lo que condiciona la autorregulación durante la infancia y la adolescencia. “¿Cómo podemos pretender que los niños, niñas y adolescentes se regulen con algo tan potente como son estas tecnologías?”.

A esa inmadurez estructural se suma la exposición creciente a dispositivos propios a edades cada vez más tempranas. La especialista recordó que una parte significativa de menores dispone de teléfono inteligente antes de los 12 años y que el uso nocturno, así como la presencia del móvil en la habitación, afecta al descanso, la atención y la regulación emocional. 

También adoptó una postura crítica con la incorporación indiscriminada de dispositivos en el ámbito escolar. Advirtió de que la digitalización educativa no puede confundirse con innovación pedagógica y alertó de que introducir pantallas sin tener en cuenta el neurodesarrollo y la capacidad atencional puede afectar a la concentración y al aprendizaje profundo.

A su juicio, la escuela debería actuar como espacio de protección y no de sobreexposición tecnológica. Insistió en que el desarrollo requiere vivencias directas. “Lo que los niños necesitan es presencia humana, conexión y experiencias reales”.

Por ello, planteó revisar de forma rigurosa el uso de móviles y tabletas en las aulas, especialmente en las primeras etapas educativas, y propuso abrir en la sociedad española un debate sereno sobre el modelo digital, situando la salud mental y el desarrollo evolutivo por encima de la presión tecnológica.

Ana González Uriarte en la charla sobre pantallas de la Universidad Ciudadana. Foto Myriam Martínez
Ana González Uriarte. Foto Myriam Martínez

La psiquiatra indicó que el ser humano es la especie que más tarda en completar su desarrollo y destacó que esa prolongada dependencia implica una necesidad estructural de cuidados y conexión.

En ese contexto subrayó que “el apego, la vinculación es un imperativo biológico, es una necesidad emocional primaria, igual que la alimentación”. No se trata, explicó, de una cuestión cultural ni opcional, sino de una base sobre la que se construye el desarrollo socioemocional.

Ana González destacó la importancia de los cuidados sensibles y de la presencia real en los primeros años de vida, etapa en la que el cerebro se encuentra en plena neuroplasticidad. La regulación del estrés, afirmó, se produce inicialmente a través de la corregulación con el adulto que cuida, en un proceso progresivo hacia la autorregulación.

UN NEGOCIO

Ana González Uriarte examinó asimismo el modelo económico que sostiene las plataformas digitales. Indicó que el diseño de muchas aplicaciones no responde a criterios educativos ni neutrales, sino a una lógica de mercado. “Esto es un negocio. El 78% de los ingresos son por los juegos gratis, porque nos usan como consumidores o venden nuestros datos”, añadió.

Detalló que numerosas herramientas digitales están construidas para activar el sistema de recompensa cerebral y generar repetición. “Produce chispacitos de dopamina, que es la neurohormona o neurotransmisor del placer rápido”, explicó al describir el mecanismo que sostiene la permanencia frente a la pantalla.

Esa arquitectura no es casual. “La tecnología está diseñada para ser muy fácil de usar, muy intuitiva, para que la caja registradora no pare”, afirmó.

PORNOGRAFÍA Y PROSTITUCIÓN

Ana González Uriarte dedicó un apartado específico a los riesgos asociados al acceso a pornografía y contenidos sexuales en el entorno digital. Alertó de que la exposición no suele producirse de forma buscada, sino incidental y a edades cada vez más tempranas. “La pornografía les encuentra a los niños y niñas cuando tienen unos 6 años”, afirmó.

Explicó que ese acceso se produce a través de plataformas de uso cotidiano y redes sociales integradas en la vida diaria de los menores. “Se les cuela en Instagram, en TikTok, a través de YouTube y otras redes sociales determinados contenidos y dinámicas que promueven la exhibición del cuerpo, la hipersexualización y la obtención de reconocimiento a través de la imagen. Tanto chicas como chicos normalizan dinámicas violentas y sexistas asociadas a la sexualidad procedentes de la industria de la pornografía”.

LA FAMILIA Y LA TRIBU

“Mi ánimo no es juzgar a nadie y menos a las familias, que las familias hacen lo que pueden”, había indicado ya al comienzo de la charla y reiteró después. Eso sí, reivindicó una mirada de corresponsabilidad, en la que los adultos asuman también su propio papel como modelo. “Cuando queramos poner algún límite con nuestros hijos, debemos mirar nuestro propio uso, porque somos el ejemplo para nuestros hijos e hijas”, señaló.

"Debemos mirar nuestro uso, porque somos el ejemplo para nuestros hijos"

Frente a la presión social y tecnológica, propuso recuperar el apoyo comunitario como herramienta de resistencia. “Lo de hacer tribu funciona en varios niveles, hay que apoyarse entre todos porque esto es muy grande”, planteó.

EL VALOR DEL ABURRIMIENTO

La especialista reivindicó la necesidad de recuperar espacios de pausa en la infancia y la adolescencia. Frente a la estimulación constante, defendió el aburrimiento como una experiencia necesaria para el desarrollo psíquico.

“Lo que necesitas es aburrirte, aburrirte te permite pensar”, sostuvo y consideró que la ausencia de estímulos externos abre espacio a la reflexión y a la elaboración interna.

La capacidad de no sucumbir a esa espera, añadió, constituye una competencia emocional relevante. “El ser capaces de tolerar el aburrimiento es una experiencia muy positiva, porque de ahí surge la creatividad”, concluyó.

REGULACIÓN O PROHIBICIÓN

Ana González Uriarte fijó una posición clara en el debate público sobre el uso de pantallas en menores. “La evidencia es abrumadora y las propuestas son que hay que regular para proteger”, afirmó al referirse al respaldo científico que, a su juicio, justifica una intervención normativa. "Vamos un poco tarde, pero podemos llegar a tiempo", apuntó.

“La inacción, a estas alturas, resultaría difícil de justificar”

La especialista defendió la necesidad de establecer límites legales comparables a los existentes en otras materias sensibles. “Estoy totalmente a favor, esto para mí es como el tabaco y el alcohol”, mantuvo, al equiparar el riesgo potencial de la exposición digital temprana con otros productos regulados por su impacto en la salud.

Al mismo tiempo rechazó que la discusión deba plantearse en términos de censura. “No es prohibir, ni mucho menos, hay que preguntarse ¿qué es proteger? Estamos hablando de menores de edad”, recalcó, y subrayó que el eje del debate no debe situarse en la restricción ideológica, sino en la protección jurídica de la infancia. “La inacción, a estas alturas, resultaría difícil de justificar”, finalizó.

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