El Carnaval de Huesca, desde su reaparición en 1983, se ha convertido en un motivo para disfrutar, para bailar, para jugar con el sentido esotérico de las caracternizaciones... y para reivindicar. En torno a las carnestolendas, el Coso Alto se ha convertido a su vez en un manifestódromo alegre e incisivo.
Esta manera de disfrutar y de vivir la fiesta laica que enmarca la Cuaresma se ha instalado en la localidad de Angüés, cuya presencia en el desfile se ha erigido en un aliciente por las imaginativas escenificaciones de la defensa del medio rural.
En la edición del pasado viernes, se centraron los casi treinta vecinos inscritos bajo la bandera de Mariángel Bailo en el apagón insistente e intermitente que asuela Angüés, por lo que escogieron el complemento de serie en los hogares: los cirios, que no son pascuales, sino que trascienden las épocas en muchos pueblos de La Hoya que padecen multitud de cortes de luz. El lema, "¡Y se armó el cirio!".
Habida cuenta que el problema es recurrente, la respuesta de la compañía eléctrica es reiterativa: estamos arreglando la línea. Cualquier incidencia deja sin luz a muchos pueblos, naturalmente Angüés entre ellos, para fastidio y hartazgo de los vecinos, que se sienten "absolutamente abandonados", en medio de una sensación de "impotencia total" que no cae en resignación porque el enojo que provocan las averías de los electrodomésticos y las pérdidas de corriente para máquinas evitan caer en la apatía. Ya ni que decir tiene que los angüesinos y angüesinas no necesitan acudir al endocrino porque las ensaladitas se han convertido en el pan nuestro de cada día. Bueno, esta es una deducción con su punto de lógica.
Este contexto provocaba, además del enfado, una oportunidad de hacer visible la problemática, conscientes como son, cruzando los dedos, de que parece ya solucionada después de tiempos incómodos. Así que este carnaval de Huesca determinaron confeccionar un disfraz original, divertido y con color para dar visibilidad al mundo rural y reivindicar la dignidad de la vida en los pueblos. Sucedía así a otras iniciativas de años anteriores como las "latas de pinturas", los "Angüesitos" y el "Rebaño de ovejas".
Ese punto audaz, intrépido y transgresor se hila perfectamente con el espíritu de carnaval, que conlleva pasarlo bien, dinamizar la vida del pueblo y "que se hable de Angüés. Que la gente se plantee, vivir en un pueblo. Que el mundo rural se oiga", dice Mariángel Bailo. La versión angüesina del "¡Que vivan los pueblos!" de la chef del Ansils, Iris Jordán.
Lo que hace más grande la iniciativa es que, por tercer año consecutivo, van a recibir el 11 de marzo un premio del Concurso de Comparsas y Disfraces, con lo que añaden al objetivo principal un plus, la extra del reconocimiento. Enhorabuenao.