Los voluntarios de Cáritas Diocesana de Barbastro-Monzón celebran esta mañana de sábado la asamblea que en su día fue aplazada por la visita del Papa León XIV a España, en la Casa de la Iglesia de Barbastro con presencia y palabra del obispo, Ángel Pérez Pueyo, y la delegada de Caridad Diocesana, sor Julia Lirios, Hija de la Caridad de San Vicente. Alrededor de 140 participantes en una matinal de trabajo, Eucaristía e informe ejecutivo como puntos centrales, y una comida para celebrar la vida en su mayor amplitud y para cerrar con conclusiones operativas.
El obispo ha iniciado su homilía asegurando que Cáritas también se "escribe con G" de Gracias. Por el tiempo, las manos, los desvelos, las horas, las lágrimas y las personas que han recuperado la esperanza por los voluntarios.
El prelado ha valorado la feliz necesidad de trasladarse del Monasterio del Pueyo al lugar definitivo de celebración. "¡Qué maravilla que la Casa de la Iglesia se llene de personas que dedican su vida a hacer de la Iglesia una casa para todos!
"Celebramos el milagro de una Iglesia que sigue teniendo corazón", ha dimensionado Pérez Pueyo. "¿Qué sería de nuestros pueblos si desaparecieran esas personas que ayudan sin cobrar, escuchan sin mirar el reloj y aman sin pasar factura? Nuestra tierra sería mucho más pobre, más fría y más solitaria".
"Gracias por poner calor, color y sabor a la vida en nuestra Diócesis", ha afirmado el obispo antes de recordar que "Jesús nos recuerda lo esencial: amar", y ha remembrado la cita evangélica que refleja los dos destinatarios esenciales en palabra del Cristo: "Amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo".
Exponía la interpretación de José Antonio Pagola de que Jesús nos invita a recuperar lo esencial y a vencer dos grandes enemigos de la vida cristiana: la indiferencia ante el sufrimiento y el egoísmo que nos encierra en nosotros mismos. "Cáritas es el corazón, el alma de nuestra Iglesia diocesana: la caridad hecha presencia, cercanía y compromiso. Es el Evangelio que se arremanga. Es la fe que se pone el delantal. Es Jesucristo que sigue acercándose a los heridos del camino y les devuelve su dignidad humana".
Ha concitado también Pérez Pueyo la presencia de San Ramón, el "pastor que conoció el despojo y no dejó de amar" hace nueve siglos. "San Ramón no fue un obispo instalado en la comodidad del poder. Fue un pastor que conoció la incomprensión, la humillación y el destierro. Lo despojaron de su sede de Barbastro, pero no pudieron arrebatarle su corazón de pastor. Le quitaron el ejercicio de su ministerio en aquella sede, pero no pudieron quitarle su libertad interior, su fidelidad a la Iglesia ni su amor a los más vulnerables. San Ramón supo lo que significaba sentirse rechazado, desplazado y privado de aquello que legítimamente le correspondía. Y quizá por eso resulta tan cercano a quienes hoy viven situaciones de exclusión".
San Ramón fue sensible a los pequeños, a los indefensos, a quienes no contaban para los poderosos, ha agregado, y no consintió que la injustiia endureciera el corazón. "¡Qué importante para Cáritas! Porque también vosotros conocéis, a veces, la incomprensión, el cansancio, la ingratitud o la impotencia de no poder resolverlo todo. Que nunca esas dificultades os roben la ternura". Como respuestas para la vida, "San Ramón nos enseña que se puede perder una sede sin perder la dignidad; sufrir una injusticia sin renunciar a la bondad; ser humillado sin dejar de amar".
En tercer lugar, ha postulado que "Dios escucha el grito de quienes no tienen voz", como expresaba la primera lectura, cuando "toma partido por quienes sufren: el extranjero, el huérfano, la viuda y el pobre. Y pronuncia una expresión estremecedora: "Si grita a mí, yo lo escucharé".
Ha proclamado Pérez Pueyo que en Cáritas "no siempre podéis resolver sus problemas, pero podéis hacer algo inmensamente importante: que nadie se sienta invisible, que nadie pierda su dignidad y que nadie tenga que sufrir solo".
SEMBRADORES DE DIGNIDAD
"No sois repartidores de ayudas: sois sembradores de dignidad", ha proseguido en un cuarto punto. "Cáritas no puede conformarse con repartir cosas. Está llamada a reconstruir personas, vínculos y esperanzas. Dar alimentos es necesario. Ayudar a una persona a recuperar su autonomía es ir más lejos. Ofrecer ropa es importante. Conseguir que alguien vuelva a sentirse digno, útil y capaz de trabajar es extraordinario. Escuchar a quien sufre es imprescindible. Acompañarlo hasta que recupere la confianza en sí mismo es profundamente evangélico. Por eso, os pido que nunca reduzcáis a nadie a un expediente o a una necesidad"
En busca de la dignidad, no hay que olvidar que "la caridad exige justicia. No basta con aliviar las consecuencias de la pobreza; debemos preguntarnos por las causas que la producen. ¡Cuánto nos ayudaría san Ramón a comprenderlo!... Su memoria nos compromete a no mirar hacia otro lado cuando se pisotea la dignidad de una persona".
Quinto epígrafe de su intervención. "Javier Pérez Benedí nos regala una expresión preciosa en uno de sus poemas: "Siempre miel, nunca veneno". ¡Qué hermoso programa para nuestros voluntarios! Ser miel es ofrecer ternura donde hay dureza. Ser miel es responder con paciencia cuando alguien llega alterado. Ser miel es no juzgar a quien ha caído. Ser miel es descubrir que detrás de una persona difícil puede esconderse una historia muy dolorosa"
Pero, además, "Queremos ser corazón. ¡Eso es Cáritas! Ser el corazón de una Iglesia que escucha, las manos de una Iglesia que sirve y los pies de una Iglesia que sale al encuentro. San Ramón fue un pastor de corazón libre. No se dejó aprisionar por el resentimiento ni por las luchas de poder...¡Que tampoco nosotros perdamos nunca el corazón por el camino!"
Punto séptimo: "Nuestro mayor patrimonio sois vosotros". No son los edificios ni los proyectos, ni las cuentas bancarias, "sois las personas. Vosotros, que regaláis tiempo, experiencia, sensibilidad, paciencia y vida. Pero permitidme también una advertencia de pastor: ¡Cuidad vuestro corazón! No os dejéis consumir por el activismo, las prisas, el cansancio o las pequeñas tensiones de cada día. Necesitáis también ser escuchados, acompañados, formados y queridos. No sois máquinas de resolver problemas. Sois personas llamadas a amar y a dejaros amar. Y recordad que nadie es tan pobre que no tenga algo que ofrecer, ni tan rico que no necesite recibir algo de los demás".
LA HUELLA
Fiel a la utilización socrática del instrumento de la pregunta, ha cuestionado: "¿Qué huella queremos dejar en las personas que se cruzan en nuestro camino?" Con los años, alguien recordará que, "cuando estaba hundido, le tendimos la mano. Que, cuando se sentía solo, nos sentamos a su lado. Que, cuando había perdido la esperanza, le ayudamos a levantarse. Y eso no se olvida".
Nuevo recuerdo a San Ramón y su capacidad de pastorear, con tres verbos para el nuevo curso: "¡Acoged, acompañad, transformar". "Acoged sin juzgar. Acompañad sin imponer. Transformad sin resignaros. Y hacedlo con la ternura de una madre, la audacia de un profeta y la humildad de quien sabe que no es dueño del bien que realiza. Porque la felicidad no consiste en que todos nos miren, sino en conseguir que, gracias a nosotros, alguien vuelva a sonreír".
Tras implorar a San Ramón y a la Virgen del Pueyo, dos deseos: "Que esta Casa de la Iglesia, que hoy se llena de voluntarios, sea siempre símbolo de una Iglesia con las puertas abiertas y el corazón disponible. ¡Que nuestra Cáritas siga siendo el corazón de una Iglesia que ama sin medida!"