Beatriz Sampietro: "El gran error en España es no entender la diversidad de Estados Unidos"

La oscense vive en el estado de Massachusetts desde hace 25 años, ahuyenta los estereotipos y valora la "cultura del esfuerzo" estadounidense

23 de Febrero de 2026
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Beatriz Sampietro, en Lárrede durante su estancia en Huesca de más de una semana por un intercambio con su colegio de Estados Unidos. Foto María José Sampietro
Beatriz Sampietro, en Lárrede durante su estancia en Huesca de más de una semana por un intercambio con su colegio de Estados Unidos. Foto María José Sampietro

Se educó en Santa Rosa y en el Alto Aragón en Huesca, y obtuvo la licenciatura de Filología Francesa por la Universidad de Zaragoza. Sus primeros pasos por la docencia le condujeron a distintos institutos y a Francia. Un 28 de agosto, en concreto de 2001, decidió buscar una experiencia nueva y se trasladó a Estados Unidos con un programa de profesores visitantes para enseñar español en diferentes centros. Tenía 33 años y se instaló en Milton, a veinte minutos de Boston, en el estado de Massachusetts. No dominaba el inglés y el primer año fue complejo, endurecido por el frío invierno de un territorio donde alcanzar los veinte bajo cero no es extraño.

Beatriz Sampietro Brosed se había aventurado a un lugar extraño, una especie de Torre de Babel donde se hablaban más de veinte idiomas. Se movió por distintas ciudades, como Malden o Salem (la famosa ciudad de las brujas de la obra teatral de Arthur Miller). Se iba acoplando a la nueva situación. Conoció en Malden al que sería a la postre su marido, David, y la curiosidad mutua junto a la necesidad burocrática para asentarse en Estados Unidos le retornó a España, donde durante un año residieron en la Avenida Martínez de Velasco en Huesca. Beatriz dio clases en Barbastro. Se habían casado en Cambridge y replicaron el enlace en Huesca, con banquete en el Lillas Pastia.

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Un año más tarde, habían retornado al gigante norteamericano, donde vivieron -ya con la Green Card que garantizaba su permanencia con todas las bendiciones civiles- un año en casa de sus padres hasta que adquirieron una casa en Beverly, donde impartía clases Beatriz en el Endicott College. Le había cambiado la vida -también ejerció en Masconomet High School en Boxford- sobre todo con la llegada de sus dos hijos, Marina (2007) y Erik (2009).

A David le gusta España y en 2012 pidieron una excedencia. David, profesor de Educación Especial en Malden, impartió clases en New Link mientras Beatriz enseñaba francés en el Colegio Pirineos-Pyrénées. Aunque volvieron al entorno de Boston, el amor por España del cónyuge había prendido y actualmente, cuando tiene 55 años, ya está mirando posibilidades de adquisición de casas en la provincia de Huesca, preferiblemente en el medio rural.

Esta semana, las obligaciones laborales le han traído hasta Huesca en un intercambio de alumnos entre su colegio y el de Santa Ana. Diez días de tomar oxígeno oscense y nuevamente vuelo hacia Beverly.

Con los alumnos en la Sagrada Familia
Con los alumnos en la Sagrada Familia

DIFERENCIA DE MENTALIDAD Y DE VIDA

Enumerada la sucesión de acontecimientos en su vida de esta manera, parece que este cuarto de siglo haya transcurrido de una manera lineal y, sin embargo, la existencia de Beatriz ha estado impregnada de contrastes y de aprendizajes. Aunque se sorprenda por la atribución de tópicos desde España, que por otra parte importa tradiciones estadounidenses incluso a costa de las propias, afirma en primer término que existe realmente "una diferencia de mentalidad y de cómo se vive. Aquí, se socializa mucho más, ves gente mayor por calles y en los centros, en Estados Unidos se vive más de la casa al trabajo".

Acostumbrada -o no- a las condiciones climáticas extremas (de los 23 grados bajo cero hace unas semanas a los 40 grados en un verano "húmedo", aunque sí que se define claramente la primavera), explica que por supuesto comparte amistad con un grupo de amigos. "Pero se sale poco. Es caro un restaurante, y además es obligatorio dejar una propina del 15 o el 20 %. Dos personas pagan fácil más de cien dólares y la propina es como si fuera otro cubierto".

Con estas premisas, se comprende que el ocio se distribuye entre los restaurantes, menos, y las casas, más. Es muy común, estando además en las proximidades de Boston, acudir a ver a los Celtics de baloncesto o a los Bruins de hockey. Erik, su hijo, practica prometedoramente este deporte. No es David muy dado a salir en Beverly" -le gusta más en España, amante como es de la buena gastronomía-.

La rutina de Beatriz arranca con la llegada al colegio en Beverly a las 7:35 horas y la finalización a las 14:14 -como lo leen, ni un minuto más, ni un minuto menos-. A las 16 horas, ya es de noche en invierno. Lleva a Erik a entrenar, pasean a los perros y cenan a las 18:30 o 19 horas. Después de reponer fuerzas, cena y gimnasio para ir a la cama a las 9:30 o 10 horas. Prácticamente nada de televisión, si acaso alguna serie de Netflix, el entretenimiento se concentra entre el teléfono y el programa de radio de César Vidal, que emite desde Miami.

Beatriz, en una visita familiar a Lárrede
Beatriz, en una visita familiar a Lárrede. Foto María José Sampietro

La vida lúdica se distribuye entre el deporte (clases de baile y salsa, David es más de bici y hockey) y salidas hacia Boston, con la ventaja del tren Cercanías que parte cada media hora. Allí ha disfrutado con su marido y sus hijos de actuaciones tan estelares como las protagonizadas por Van Morrison o los cubanos Buenavista Social Club.

ABAJO LOS ESTEREOTIPOS

Beatriz es testigo directo de la superficialidad de los estereotipos que retuercen la sociología de los americanos, empezando por el hecho de que "Estados Unidos es enorme y nada tiene que ver California con Nueva York, con Boston o con Arizona".

Lejos de simplificar el carácter de los estadounidenses, su experiencia bostoniana señala que "la gente en general es amable, educada y simpática. Dan continuamente las gracias, aunque su sociabilidad es distinta". Incide en que las distancias geográficas configuran personalidades muy diferentes. "Hay de todo. Aunque estén orgullosos de su país, no todos son patriotas". Se habla poco de política, se deja más bien para el ámbito familiar, "son muy reservados y se vive con menos pasión". Por algo llevan más de 240 años de democracia. "En las elecciones la gente se interesa y está pendiente, pero comparte menos sus inclinaciones".

En España se escuchan mucho "los estereotipos de que todos son tontos y están gordos. Lo primero se descalifica solo. Es cierto que hay mucha obesidad por la mala alimentación, la comida basura, el ritmo de vida con falta de tiempo para el ejercicio... Pero depende de cuestiones como el nivel social".

Beatriz Sampietro Brosed
Beatriz Sampietro Brosed

Beatriz Sampietro disfruta de la sanidad pública, "me descuentan cada mes una parte de mi sueldo para la seguridad social. Y existe el copago. 25 dólares si vas al médico de cabecera, 50 al especialista y 100 por la atención en urgencias. Un análisis de sangre puede costarte entre 200 y 300 euros y una radiografía 500, pero después de abonarlo el seguro te lo paga".

En la edad de sus hijos, también percibe la carestía de la educación que es privada, "un año de estudios y alojamiento en el Boston College se va a 90.000 euros al año".

DESIGUALDAD Y ESFUERZO

La oscense confirma que, en la enormidad de las condiciones y de la geografía, existe "mucha desigualdad. Depende del distrito en el que vivas, hay casas impresionantes u otras más humildes. Repercute en el Colegio. David está en Malden, que es más humilde, no tienen tantos recursos para la atención a alumnos con autismo u otras discapacidades donde los preparan para la vida adulta. El mío en Boxford, MA es un señor colegio con todos los servicios para dar una buena educación".

Veinticinco años después, Beatriz Sampietro Brosed hace balance y asegura que "la experiencia es buena. Hay cosas buenas y malas, como en España. Conocer a tu marido, disfrutar de una vida distinta, expresarte en inglés, tener expectativas de futuro para tus hijos y para ti misma".

Los alumnos estadounidenses pudieron disfrutar del partido de la SD Huesca el sábado 21 de febrero.
Los alumnos estadounidenses pudieron disfrutar del partido de la SD Huesca el sábado 21 de febrero.

Ha acabado acostumbrándose a la vida. Existe una pulsión cultural, "no hay desprecio a la cultura, ni mucho menos. Hay grandes conciertos, aunque tengas que irte a ciudades grandes. Hay conferencias, actuaciones, teatro, cine... Aunque no le dan tanta importancia a la comida, hay cultura de restaurantes. Ellos comen para funcionar, pero a la gente le gusta salir. Comen mucha carne y marisco, y las barbacoas son una tradición".

En el instituto de Beatriz, no hay ninguna simbología religiosa. "Ni se estudian las religiones. Tenemos alumnos católicos, judíos y musulmanes". Incluso la inmigración entiende de distinciones entre colegios distintos: en el de David hay de muchos orígenes, en el de Beatriz estadounidenses blancos. Un elemento en común es que, al comenzar las clases, se jura la bandera sin distinción, todos con la mano en el pecho.

En defensa del sistema estadounidense, Beatriz abunda en el gran momento que atraviesa el idioma español. "En los colegios, se estudia español y muchos continúan en la universidad. En los hospitales te entiendes en español, hay mucho latino y en muchas zonas es el primer idioma en hablantes".

Por otro lado, valora especialmente en los colegios existe "una cultura del esfuerzo, sin distinción de clases ni orígenes. Todos quieren tener buenas notas e ir a la universidad. Son muy competitivos".

Una pregunta compleja: ¿por qué ganó Donald Trump? Dudas: "Entiendo que por la economía. En mi instituto, hay más demócratas que republicanos, pero en el país más votantes entendieron que defendía mejor su economía". Quizás influya también la narrativa oficial que se adecua más a muchos medios y la incidencia de las élites, que se distribuyen en su apego a las dos grandes fuerzas. También, un rechazo importante a la gestión en la covid, a cuestiones como los cambios de sexo y la presión de las ideologías de género.

"El gran error es no entender la diversidad de Estados Unidos. Se juzga a nivel nacional y, de Este a Oeste, de Norte a Sur, son distintos mundos". Conclusión de Beatriz Sampietro Brosed, la oscense que partió hacia un nuevo mundo y que, veinticinco años más tarde, se plantea el retorno de la hija pródiga no sin antes haber vivido la experiencia de conocer la realidad social de la primera potencia mundial.

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