Cálida y calurosa celebración de la romería a la Ermita de Jara en Huesca

Eucaristía de Fernando Altemir, ánimo para el prior Saturnino Gracia y mucha animación entre los peregrinos en la cita anual

01 de Junio de 2026
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Celebración de la Eucaristía en la Ermita de Jara en Huesca. Foto Niko Alonso
Celebración de la Eucaristía en la Ermita de Jara en Huesca. Foto Niko Alonso

La Romería a la Virgen de Jara se ha llenado del gozo que caracteriza esta celebración en el templo de Huesca al que acuden cientos de peregrinos para rezar a Santa María y para disfrutar de una jornada de esparcimiento, en este caso buscando la sombra que tanto se precia en días calurosos. Presencia consistorial con los ediles José Miguel Veintemilla y María José Cuello, además de miembros de la Real Cofradía de San Lorenzo con su priora, Carmen Urzola.

Buen ambiente, las reivindicaciones habituales de la mejora de los accesos y el deseo del pleno restablecimiento de la salud del prior de la Cofradía de Jara, Saturnino Gracia Buisán, en franca recuperación después de un revés del que volverá más fuerte. De hecho, ayer sus plegarias se unieron a las de todos para mantener una tradición de centurias en una de las ermitas más queridas de la ciudad.

El sacerdote Fernando Altemir ha recordado que se celebra siempre a la Virgen de Jara en la fiesta de la Trinidad. "Ya de por sí celebrar el amor de Dios que se despliega en un Padre que nos crea, en el Hijo que nos salva, en el Espíritu Santo que vive en nuestro corazón, es mucho. Pero celebrar una advocación de la Virgen María ya plenifica del todo el día de hoy. Cuando venimos a Jara, venimos alguno con sus anhelos, a veces con sus sufrimientos, con sus incertidumbres, y nos encontramos con la figura de una madre, Santa María, la Virgen de Jara".

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El sacerdote ha proseguido su homilía recordando que en la virgen confluyen la condición de madre, de discípula y de "mujer sufriente a lo largo de su pasión", que al pie de la Cruz dio todo el sentido al encargo recibido de su maternidad universal sobre todos los hombres y mujeres del mundo. "Y María, enamorada de Dios, fue digna de ser esposa del Espíritu Santo. Hija de Dios Padre, madre de Dios Hijo y esposa del Espíritu Santo".

"El verbo se hizo carne en ella", proseguía. "Cuando miramos a la Virgen de Jara en la fiesta de la Santísima Trinidad, vemos a la mujer que supo disfrutar del amor que Dios le ofrecía, ese amor que también se nos ofrece a todos y cada uno de nosotros, y que, en medio de limitaciones y a veces de cicatería, vamos descubriendo. Nunca como Dios se merece, pero tampoco podemos, porque así lo experimentamos, cerrarnos a ese amor de Dios, porque nuestra vida sería mucho más infeliz, mucho menos verdadera".

Después de la Eucaristía pronunciada por Fernando Altemir, los romeros se entregaban este domingo al disfrute gastronómico y a las conversaciones, que dan para mucho de año en año y más cuando se cruzan con tanta alegría.

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