Huesca ha acogido este 18 de abril la jornada “Camino de Santiago para pequeños aventureros”, en la que han participado un total de 120 niños procedentes de las diferentes parroquias, clubes parroquiales y colegios de la ciudad.
La actividad, abierta a todos los niños de la Diócesis de Huesca, compartía una experiencia de peregrinación adaptada a los más pequeños, combinando fe, convivencia, juego y conocimiento del patrimonio histórico y religioso de la ciudad.
Recorrieron durante la mañana distintos lugares por los que transcurre el Camino de Santiago original que conduce hasta la capital gallega, partiendo de la Basílica de San Lorenzo en la que realizaban una celebración de envío. Los niños han ido siguiendo a un peregrino muy especial hasta llegar a la parroquia de Santiago.
Las iglesias oscenses que han visitado estos pequeños peregrinos durante el recorrido son la de San Pedro y sus claustros, la Catedral, la iglesia de la Magdalena y el convento de las Miguelas, en el cual las hermanas Carmelitas han dialogado con los más pequeños y les han resueltos sus dudas acerca de cómo es su vida como monjas de clausura con entusiasmo y cariño.
Los niños han podido conocer de manera dinámica y participativa la figura del apóstol Santiago, así como diversos elementos históricos y simbólicos de la ciudad, a través de representaciones, momentos de encuentro y actividades adaptadas a su edad.
La jornada ha culminado con la celebración de la Eucaristía a las 17:00 horas en la iglesia de Santiago Apóstol, presidida por el obispo de la Diócesis de Huesca, don Pedro Aguado, cuya presencia ha sido especialmente significativa como signo de comunión y acompañamiento a los más jóvenes. Don Pedro revelaba a los niños el secreto más importante que deben guardar en su corazón y en su memoria para siempre: el amor de Jesús.
La organización del evento ha sido posible gracias al trabajo conjunto de la Coordinadora de Clubes, de la Pastoral Juvenil y de Infancia de Huesca, de la Delegación de Educación y de Catequesis y del colegio Santa Ana, cuya implicación ha permitido el desarrollo de una actividad cuidada y enriquecedora.
Esta iniciativa, afirma la organización, pone de manifiesto la importancia de ofrecer espacios donde los niños puedan vivir la fe de forma cercana, alegre y comunitaria, descubriendo valores como la esperanza, la confianza y el sentido del camino compartido.