Las campanas bandearon por Artola con una Iglesia de Boltaña abarrotada honrando "al campanero de la gloria" en el cielo

Monseñor Pérez: José Antonio Sánchez " tocará las campanas cuando, el día menos pensado, nos reciba en su mansión eterna; bien pintada y decorada"

27 de Agosto de 2026
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José Antonio Sánchez, Artola, la campana, Boltaña y el destino en el cielo para el campanero de la gloria
José Antonio Sánchez, Artola, la campana, Boltaña y el destino en el cielo para el campanero de la gloria

Había quedado el tañido incompleto el domingo, cuando José Antonio Sánchez "Artola" dejó de impulsar las campanas por un problema médico y el corazón se dotó de alas para latir directamente allá arriba. Boltaña se sumió en un dolor profundo en esa paradoja trágica entre la fiesta y la muerte. La parca acabó con el jolgorio, porque las ganas quedaron cortadas y coartadas por la tristeza. El tránsito hasta las horas fúnebres fue de duelo en las primeras horas y de progresiva pulsión de justicia para un homenaje religioso como correspondía a la profundidad de su fe expresada en sus enérgicos bandeos.

La Iglesia de San Pedro estaba abarrotada no sólo para despedir, sino para decir hasta siempre por todo lo alto a quien tanto rozó el cielo desde el campanario. La Eucaristía se elevó para hablarle a tú a tú al campanero a través de la homilía de don Ángel Pérez Pueyo, caído a pie de suelo para impulsar a todos los feligreses hacia las alturas. Ahí, con paso fime, la palabra recordaba que el domingo "las campanas dejaron de sonar y Boltaña enmudeció. Un escalofrío recorrió el corazón de sus vecinos. Artola yacía en el suelo, había dejado de bandear sus campanas. Nadie daba crédito".

En el escenario de la tragedia, se abrió paso el silencio. "Todos presintieron que aquellas campanas, en esta ocasión, no tocaban a fiesta, sino a gloria. Y desde ayer te nombraron en el cielo campanero de gloria". Reconfortante bautismo para el recién llegado al otro mundo. "Tu celebración sería ya eterna".

Monseñor Pérez Pueyo enfrentaba a las gentes de Boltaña a la incredulidad. "¿Cómo entender algo así? Si José Antonio rebosaba vitalidad. Si era todavía joven, tan conocido, tan querido, tan servicial, tan dispuesto siempre a echar una mano".

El pastor no llegaba a ofrecer respuestas, lugares comunes, tópicos. Ni falta que hacía. "He venido a abrazaros, especialmente a María José y Alberto, a compartir vuestro llanto y vuestro pesar. Pero, sobre todo, a abrazarme con Cristo a su Cruz, tan injusta e incomprensible para tantos".

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Apelaba a la sabiduría experiencial de la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross, la creadora de las cinco fases del duelo, una vida dedicada a acompañar a personas en la proximidad del desenlace letal: "La muerte es un amanecer". "Los cristianos podemos comprender bien esa imagen, porque un amanecer tiene algo extraño. Cuando todavía estamos en la oscuridad, el sol ya está saliendo. Nosotros no lo vemos aún… pero la luz ya viene. Y quizá eso es lo que necesitamos escuchar hoy. Para nosotros, José Antonio ha entrado en la luz de Aquel que lo creó. Se ha hecho transparente. Luminoso. Eterno".

Y, sin embargo, ya no lo vemos, no escuchamos su voz ni podremos encontrarlo por las calles de Boltaña. "Aunque nos cueste aceptarlo, desde ayer, para José Antonio, comenzó el amanecer. Ya es transparente, luminoso, eterno".

Con el apoyo de una pequeña conversación entre un abuelo y una nieta sobre el oxímoron del cielo lejano y cercano, Ángel Pérez se aferraba a la conclusión del anciano: "Nada se pierde para siempre. Ni una vida. Ni un amor. Ni una amistad. Ni todo el bien que una persona ha sembrado".

Llegado este momento, conviene instrumentalizar el recuerdo. "Y José Antonio sembró mucho bien entre vosotros. Porque hay personas que pasan por la vida haciendo mucho ruido… y otras que pasan haciendo mucho bien. José Antonio era de estos últimos. Siempre a punto. Siempre colaborando. Siempre dispuesto a echar una mano cuando hacía falta. Uno de esos hombres sencillos que hacen pueblo sin darse importancia".

La homilía adquiría tintes brechtianos al definir a Artola como una de esas personas "un día descubrimos que eran imprescindibles… precisamente cuando nos faltan". Porque ni un sólo momento faltó a su compromiso con los demás.

El obispo de Barbastro-Monzón quiso coronar el féretro de José Antonio con un poema de su amigo Francisco Javier Pérez Benedí, "Santos sin altares", que en uno de sus fragmentos reza así:

"Caminaron tras Jesús,

siguiendo su mismo estilo.

Ocho Bienaventuranzas

jalonaron su camino"

"Llorad. Tenéis derecho. Boltaña está de luto. Ha perdido a uno de los suyos. Pero no os equivoquéis: José Antonio vive. Recordad su sonrisa. Sus historias, como las evoca la Ronda de Boltaña, en su mítica canción “mermelada de moras”. Sus ocurrencias. Los pajarillos Sus manos de pintor. Sus años de futbolista como portero. Su disponibilidad. Su manera de ayudar".

Y, sin embargo, una conclusión para situar en su justa medida el punto de admiración, de fe y de esperanza por el campanero, por el pintor. "No os equivoquéis, desde ayer, Artola está bandeando en el cielo. Y tocará las campanas cuando, el día menos pensado, nos reciba en su mansión eterna. Bien pintada y decorada".