Los claustros de San Pedro el Viejo han abierto este sábado el programa de las fiestas de San Pedro 2026 con un acto en el que la emoción, el recuerdo y el sentimiento de pertenencia al Casco Viejo de Huesca se han entrelazado con un mensaje de futuro. La proclamación de las nuevas mairalesas, los homenajes a vecinos y comercios emblemáticos, el reconocimiento al patrimonio arquitectónico del barrio y la actuación de la Coral Osca Melódica han dado forma a una ceremonia que también ha reivindicado el papel del movimiento vecinal como motor de convivencia y participación.
Presentado por Julio Romero, el acto ha reunido a vecinos, representantes institucionales y miembros del tejido asociativo en uno de los espacios más simbólicos de la ciudad. Desde el inicio, el conductor de la ceremonia ha recordado que las fiestas de San Pedro representan mucho más que un programa de actividades. "Son una oportunidad para encontrarnos, para reconocernos y para seguir construyendo barrio", ha señalado, antes de agradecer la implicación de todas las personas que hacen posible cada edición.

En la apertura del acto, Julio Romero ha felicitado a la nueva Junta de la Asociación de Vecinos del Casco Viejo, elegida hace apenas unos días, y ha expresado su confianza en una etapa renovada "con caras nuevas y muchas ganas de trabajar por el barrio". El presentador ha deseado que el nuevo equipo pueda desarrollar su labor con autonomía y dedicación, al tiempo que ha defendido una asociación "libre y soberana", centrada exclusivamente en los intereses de los vecinos.
Durante su intervención, Romero ha reivindicado el valor del asociacionismo como un servicio a la comunidad y ha lamentado que, en ocasiones, existan personas que utilicen el movimiento vecinal para fines ajenos al barrio. A su juicio, algunas actitudes han favorecido la confrontación y la división dentro del tejido asociativo, una situación que, según ha afirmado, no contribuye a fortalecer la convivencia ni a impulsar proyectos en beneficio del Casco Viejo. "El asociacionismo es servicio, no confrontación", ha asegurado, antes de defender que "el barrio necesita trabajo, no ruido".
Romero también ha mostrado su rechazo a las injerencias externas en la vida de la asociación y ha criticado a quienes, según ha manifestado, intentan trasladar al ámbito vecinal intereses políticos o personales que nada tienen que ver con la realidad cotidiana del Casco Viejo. Asimismo, ha expresado su respaldo a la nueva Junta ante las críticas que pueda recibir en el futuro y ha animado a sus integrantes a continuar trabajando con ilusión, convencido de que el esfuerzo constante y el compromiso con los vecinos son la mejor garantía para seguir fortaleciendo la identidad y la convivencia del barrio.

MAIRALESAS Y PREMIOS
La ceremonia ha continuado con uno de los momentos más esperados del acto: la proclamación de las nuevas representantes de las fiestas. Jael González Escartín ha recibido la banda que la acredita como Mairalesa Mayor del Casco Viejo 2026, mientras que la niña Elisa Hamon Omiste ha sido proclamada Mairalesa Infantil. Ambas han asumido el relevo de Ainara Nueno Solano y Ainara Seral Piedrafita, representantes de 2025, quienes les han impuesto las bandas entre los aplausos de familiares, vecinos y asistentes.
Con este simbólico relevo, el Casco Viejo ha renovado una tradición que mantiene vivo el vínculo entre generaciones y que cada año convierte a las mairalesas en embajadoras del barrio durante las próximas fiestas de San Lorenzo.

La conservación del patrimonio también ha tenido un lugar destacado en la ceremonia. El Premio a la Rehabilitación Arquitectónica 2026 ha recaído en la comunidad de propietarios del edificio situado en la calle Sancho Abarca, 4, un inmueble cuya recuperación se ha convertido en ejemplo del compromiso vecinal con la preservación del Casco Antiguo.
Durante la presentación del galardón se ha recordado la historia de este edificio, construido en una época en la que todas las viviendas pertenecían a un mismo propietario y se alquilaban a distintas familias. Aquella realidad comenzó a cambiar en 1979, cuando los inquilinos adquirieron sus viviendas y constituyeron la comunidad de propietarios que todavía hoy conserva el inmueble. Desde entonces, varias generaciones de las mismas familias han continuado residiendo en el edificio, convirtiéndolo en un ejemplo de arraigo y continuidad vecinal.
La reciente rehabilitación integral de la cubierta y de las fachadas, finalizada en 2025, ha culminado un proceso de conservación iniciado décadas atrás con sucesivas mejoras estructurales. El reconocimiento ha querido destacar precisamente ese esfuerzo colectivo y la voluntad de mantener vivo el patrimonio residencial de uno de los rincones más antiguos de la ciudad.

La defensa del pequeño comercio ha protagonizado otro de los reconocimientos de la tarde. El Premio Imagen Comercio 2026 ha distinguido a la Guitarrería J. Moroch, un establecimiento que representa la especialización artesanal y la apuesta por un modelo comercial estrechamente vinculado al barrio.
La semblanza de su propietario, Jordi Moroch, ha permitido recorrer una trayectoria marcada por la vocación. Su interés por la construcción de guitarras nació siendo adolescente, cuando descubrió el funcionamiento de estos instrumentos en la desaparecida tienda Musical Pardo. Aquella curiosidad inicial le llevó a formarse junto a distintos maestros en ciudades como Granada, Málaga, Madrid, Barcelona e incluso Londres, donde ha perfeccionado las técnicas de construcción y restauración de instrumentos.

Pese a esas experiencias, Jordi Moroch decidió regresar a Huesca para abrir su taller en el Casco Viejo, convencido de que entre sus calles permanece la esencia más auténtica de la ciudad. Ese compromiso con el comercio de proximidad, unido a la calidad de su trabajo artesanal y a su contribución a la vida cotidiana del barrio, ha sustentado la concesión de un premio que reconoce a quienes mantienen abiertas las persianas cada día y contribuyen a dar vida al corazón histórico de Huesca.
HOMENAJES
Uno de los momentos más emotivos de la ceremonia ha llegado con el homenaje a Francisco 'Paco' Pocino Martínez y María Teresa 'Maite' Simón Gros, distinguidos como Homenajeados del Casco Antiguo 2026. A través de una cuidada semblanza, el acto ha recorrido la historia personal de ambos, profundamente vinculada al Casco Viejo, convirtiendo sus trayectorias en un reflejo de la evolución del propio barrio durante las últimas décadas.
La presentación ha recordado que Paco Pocino nació hace 73 años en el Coso Alto, donde transcurrió su infancia y juventud. Estudió en los Salesianos, descubrió muy pronto su pasión por la música y las guitarras y, tras licenciarse como ingeniero técnico agrícola, desarrolló buena parte de su vida profesional fuera de Huesca. Sin embargo, el vínculo con su ciudad nunca se rompió y, años después, regresó para emprender una nueva etapa personal y profesional en el lugar donde siempre se sintió en casa.

También la historia de Maite Simón ha estado estrechamente ligada al corazón histórico de la ciudad. Su infancia transcurrió entre los claustros de San Pedro el Viejo, la plaza del Mercado y las calles del barrio, donde forjó buena parte de sus recuerdos. Tras estudiar en Santa Ana y completar su formación en Madrid, volvió a Huesca para ejercer como maestra en el mismo colegio donde comenzó su educación. Durante el homenaje también se ha recordado a sus padres, distinguidos años atrás por la asociación vecinal por su compromiso con el barrio.
La semblanza ha evocado igualmente la historia en común de ambos. Se conocieron siendo muy jóvenes en el Casco Viejo, comenzaron allí su noviazgo y han compartido desde su matrimonio, celebrado en 1979, una vida construida alrededor del barrio. Familia, trabajo, amistad y vecindad han tejido una trayectoria que la Asociación de Vecinos ha reconocido como ejemplo de arraigo y compromiso con el Casco Antiguo.

EL MANTENEDOR
La ceremonia ha continuado con la presentación del mantenedor de las fiestas, Víctor Villacampa Sanvicente, ampliamente conocido en Huesca por su vinculación a Ultramarinos La Confianza, un establecimiento que forma parte de la memoria comercial de la ciudad. Julio Romero, muy emocionado, ha repasado una amistad nacida en la infancia y alimentada durante décadas entre las calles del barrio.
Con un tono cercano y cargado de recuerdos, Romero ha rememorado los años compartidos en la Agrupación Santa Cecilia, las tardes de juegos, las primeras pandillas y una amistad que ha perdurado con el paso del tiempo. Incluso ha confesado, entre sonrisas, que había preparado una presentación más solemne, aunque los recuerdos comunes han terminado imponiéndose, permitiéndole dibujar el perfil más humano.
El mantenedor de las fiestas, Víctor Villacampa Sanvicente, ha aprovechado su intervención para lanzar un llamamiento a cuidar y revitalizar el Casco Viejo, convencido de que su futuro depende del compromiso colectivo. Ha animado a más personas a vivir en el barrio, a emprender nuevos proyectos y a abrir comercios que contribuyan a mantenerlo vivo, poniendo como ejemplo iniciativas como la de Jordi Moroch. Al mismo tiempo, ha reclamado a propietarios de edificios, viviendas, locales y solares abandonados que asuman su responsabilidad y eviten el deterioro del paisaje urbano, al considerar que muchos de esos inmuebles degradan la imagen del barrio e incluso pueden convertirse en un riesgo para la seguridad. También ha pedido a las administraciones que continúen facilitando las rehabilitaciones en los cascos históricos, donde las intervenciones presentan una mayor complejidad técnica, y ha apelado al "sentido común" para moderar el precio de los alquileres de viviendas y locales. "Os invito a todos, seáis o no del barrio, a pasear, patear y observar cada rincón. Tenemos una riqueza increíble y hay que cuidarla entre todos", ha afirmado.

A partir de esa defensa del Casco Viejo, Villacampa ha construido un discurso profundamente personal en el que ha recorrido los escenarios de su infancia. Uno a uno ha evocado lugares como los claustros de San Pedro el Viejo, la plaza del Mercado, Cuatro Reyes, Villahermosa, las Escaleretas, la Correría, la plaza de San Pedro, el Pilón, San Salvador, la Pataquera, la plaza del Peñista, la calle del Valero, el callejón de la Coruñesa, el pasaje del antiguo Autoservicio, el callejón del Rancho Chico, la calle del Periódico, la plaza de la Moneda y otras más. "Ese era mi mundo; más allá no había nada", ha recordado, antes de explicar que aquellas calles le vieron "nacer, crecer, jugar y soñar" junto a los amigos con los que pasaba las horas en la calle.
El mantenedor ha detenido especialmente su relato en los claustros de San Pedro el Viejo, donde se celebraba el acto. Ha confesado que aquel espacio monumental fue durante años su patio de recreo. Allí jugaban al escondite entre los sarcófagos, organizaban partidos de pelota, improvisaban celebraciones en la capilla de San Bartolomé e incluso se escondían bajo las estructuras que sostienen los sepulcros. Todo ello, ha recordado, bajo la atenta mirada de Pilar, la guardesa del monumento, que al mismo tiempo protegía el patrimonio y cuidaba de los niños que crecían entre aquellas galerías del románico oscense.
La intervención también ha tenido un marcado componente familiar. Desde el escenario ha señalado el balcón de la vivienda donde nació y se crio, visible desde los claustros, para rendir homenaje a su abuela, a quien ha definido como una mujer trabajadora, discreta y profundamente comprometida con sus vecinos. Ha querido hacer extensivo ese reconocimiento a todas aquellas mujeres que, desde el anonimato, "hicieron barrio" y contribuyeron a construir la identidad del Casco Viejo. También ha recordado las horas que pasaba asomado al balcón observando la vida cotidiana, el trasiego de comerciantes, vecinos y el vuelo de los vencejos, aves que todavía regresan cada primavera y que, según ha explicado, siguen representando para él uno de los símbolos más hermosos del barrio.

En otro de los momentos más emotivos, Villacampa ha asegurado sentirse orgulloso de seguir viviendo en el Casco Viejo, donde ha formado su familia y desarrolla su actividad profesional. "Aquí encontré mi lugar y aquí pienso quedarme", ha afirmado, antes de definir el barrio como "el corazón" de la urbe oscense. "Las ciudades son como los cuerpos: si el corazón se para, el cuerpo se pudre. Y el Casco Antiguo es el corazón de Huesca, le guste a quien le guste", ha proclamado, despertando un prolongado aplauso entre los asistentes.
El mantenedor también ha compartido una anécdota dedicada a Julio Romero, a quien ha recordado que este sábado se cumplían exactamente cuarenta años desde que, jugando de niños en una vivienda de Cuatro Reyes, le rompió un brazo durante una improvisada sesión de judo. Entre las risas del público, ha rememorado cómo, apenas un día después del accidente, ambos ya estaban nuevamente sentados junto a La Confianza, uno con el brazo escayolado y el otro a su lado, como si nada hubiera ocurrido. Para Villacampa, ese episodio resume el valor de unas amistades forjadas en el barrio y mantenidas durante toda la vida.

Como broche final, ha dedicado unas palabras de reconocimiento a los vecinos presentes en el acto, convencido de que seguirán trabajando por el futuro del Casco Viejo. Ha invitado a todos a disfrutar de las fiestas de San Pedro y ha concluido proclamando con orgullo: "Este barrio es lo más bonito que hay en España y, seguro, el más bello de Huesca. ¡Viva el Casco Viejo!".
La música ha ocupado también un lugar destacado en la celebración con la actuación de la Coral Osca Melódica, dirigida por Andrés Sánchez. La agrupación, nacida hace más de una década en el entorno de la Peña Os Casaus, ha interpretado un repertorio que ha combinado habaneras, canciones populares, jotas aragonesas y otras composiciones tradicionales, aportando el contrapunto musical a una ceremonia marcada por la emoción y el recuerdo.