Ni la lluvia intermitente ni el cielo gris han conseguido deslucir el cierre de Barriofest 2026 en el barrio del Perpetuo Socorro. Bajo las carpas, entre paraguas abiertos y grupos de vecinos conversando mientras sonaba la música, el festival ha bajado el telón este domingo con una tarde de voces, baile y ambiente festivo que ha dejado en el aire esa mezcla extraña de satisfacción y nostalgia que acompaña siempre al final de una celebración muy querida.
La clausura ha reunido en la plaza de la Música al Coro Voces de la Alegría, el Coro de la Universidad Ciudadana, la Coral Villa de Almudévar, el Coro Arcadia y el Coro AENO, protagonistas de un encuentro coral convertido ya en una de las estampas más reconocibles del festival. Isabel Arilla, directora de los dos primeros, ha actuado como maestra de ceremonias.
La programación había arrancado por la mañana con un concierto de violines al aire libre interpretado por alumnado del Conservatorio de Música en el parque Joaquín Roig. Horas después, el baile en línea organizado por el Grupo Muévete logró animar la plaza pese al tiempo desapacible, en una tarde en la que también se ha procedido a la entrega de premios del campeonato de petanca.

En la competición participaron representantes de los barrios de Santo Domingo y San Martín, San Lorenzo y el Perpetuo Socorro, en una cita que volvió a reunir a numerosos aficionados alrededor de una actividad profundamente arraigada en la vida de la ciudad. Los vencedores fueron José Sierra, José Miguel y Enrique Garcés, de Santo Domingo.
La música coral ha tomado después el protagonismo con la actuación del Coro Voces de la Alegría, que ha interpretado primero en solitario temas como No volveré y Viajera. Más tarde se le ha unido el Coro de la Universidad Ciudadana, con el que ha cantado Cielito lindo, No se va la ploma, Dona Nobis, Banaha y Aqueras Montañas, acompañadas por los aplausos.
También ha participado la Coral Villa de Almudévar, fundada en 1991 y dirigida por Gladys Otín, quien según ha comentado a este Diario, el grupo nació ante el deseo de crear una formación coral estable en la localidad. Más de tres décadas después, el proyecto continúa reuniendo voces de perfiles muy distintos, desde personas con conocimientos musicales hasta aficionados que simplemente disfrutan cantando.

La agrupación almudevana llevó hasta el Perpetuo Socorro una selección que han transitado por composiciones populares, contemporáneas y folclóricas. Han sonado Esta tierra, de Javier Busto; Todo pasa y todo queda, inspirada en versos de Machado; canciones en inglés y temas vinculados a la Ronda de Boltaña, antes de desembocar en un cierre mucho más festivo y cercano al ambiente de despedida.
Por su parte, el Coro Arcadia ha avanzado algunas de las piezas del concierto que prepara para los próximos meses en Aínsa. El conjunto ha construido una propuesta inspirada en canciones del grupo colombiano Morat, articulada en torno al desamor, las rupturas y las reconciliaciones sentimentales, con un repertorio que ha ido evolucionando desde los tonos más melancólicos hacia otros mucho más luminosos.
El instante más significativo de la tarde ha llegado con la interpretación conjunta de Los amigos y No dudaría, dos canciones convertidas casi en una declaración de intenciones sobre el apoyo mutuo y la necesidad de seguir creando espacios abiertos y acogedores en esta sociedad.
Como broche definitivo y mientras se disgregaba el gran grupo, se ha entonado Volando voy, un tema ya inseparable las despedidas del Coro Arcadia y que ha terminado de de envolver la plaza en ese ambiente cercano que ha acompañado toda esta edición de Barriofest.
El Coro Arcadia ha vuelto a mostrar que hay algo en sus actuaciones que desborda lo puramente musical: una manera de cantar desde dentro, sin artificios, que consigue que el público no solo escuche, sino que se reconozca en lo que está ocurriendo sobre el escenario. Como si entre coro y los espectadores existiera desde hace tiempo un lenguaje propio hecho de afecto, cercanía y verdad.
Y quizá ahí residía precisamente la sensación dominante cuando la plaza ha comenzado a quedarse vacía: la alegría de haber compartido una semana preciosa, mezclada con la pena inevitable de tener que despedirse. Porque el Perpetuo Socorro ha vuelto a demostrar que sabe construir unas fiestas distintas, profundamente humanas y difíciles de abandonar. Tanto, que muchos nos hemos marchado con la impresión de que Barriofest bien habría merecido durar una semana más.
MÚSICA DE VIOLÍN POR LA MAÑANA
El concierto al aire libre ofrecido por alumnado del Conservatorio de Huesca ha dejado este domingo uno de los momentos más delicados y elegantes de la programación de Barriofest en el parque Joaquín Roig. Organizado por María Otín, en representación de la asociación vecinal, y por el profesor de violín Antolín Santolaria, el recital ha reunido a unas ochenta personas alrededor de una propuesta musical que ha ido creciendo pieza a pieza hasta convertirse en una pequeña orquesta formada por quince estudiantes de violín, viola, violonchelo, contrabajo y piano.

La presentación ha comenzado con un recuerdo a músicos vinculados a Huesca como el maestro Rovira, Joaquín Roig o Miguel Fleta, antes de que arrancara una actuación construida de forma progresiva: primero un dúo de violín y cello, después un quinteto de violines y, finalmente, el conjunto completo dirigido por Santolaria. El repertorio ha recorrido piezas tan distintas como El granjero feliz, de Schumann; el primer movimiento del Concierto número 8 de Vivaldi; La cumparsita, de Gerardo Matos Rodríguez; Over the Rainbow, de Harold Arlen; composiciones de Torelli, Seitz o Nino Rota y una polca irlandesa tradicional. Tras más de una hora de música, el encuentro ha concluido con la entrega de diplomas, un obsequio para el profesor y un aperitivo compartido entre alumnado, familias y asistentes, acompañado por largos aplausos y un ambiente especialmente afectuoso.