Huesca se ha metaforfoseado esta tarde de Miércoles Santo en el monte Gólgota. Sobre la peana, la escena resulta sobrecogedora, escalofriante. La Madre implora al romano, cuyos músculos son la expresión de la fortaleza de la irracionalidad y el ensañamiento máximo con el Cristo bajo la leyenda SPQR (Senatus Populosque Romano, el Senado y el Pueblo Romano), el poder civil incómodo por la emergencia del verbo y la luz del Mesías entre las muchedumbres. Jesús acusa la violencia insoportable de los golpes, taladrados sus pies y sus manos, en el prólogo del desenlace de la Pascua, Muerte y Resurrección.
A tal escenificación, el paso de la Enclavación, contribuye la Cofradía de Santiago, que procesiona desde 1956, ya son 70 años, con este conjunto monumental extraordinario del grausino Felipe Coscolla, estrenado entre 1928 y 1929. La oración asignada es concluyente: "Bien sujeto. Que no escape. Queremos acabar con Dios, Cristo. Por eso te crucificamos. Tenemos ganas de eliminarte. Reconócelo, Señor: nos resultas molesto".
Las túnicas marrones sobre las que sobresalen los escapularios blancos con la Cruz de Santiago en rojo han recibido la bendición y la oración del párroco de Santiago, Luis Gurrucharri, por los cofrades difuntos y por el desarrollo del desfile procesional. Y, a las ocho de la tarde, arrancan, por delante los grupos de tambores de El Descendimiento y del Cristo de la Esperanza, el propio de la Cofradía titular por detrás del paso.

Tras la fotografía de familia, los cofrades acuden al encuentro con el Cristo en pleno padecimiento de la Enclavación y con toda la simbología, incluidos el estandarte y los palos con la concha de la peregrinación que portan las mujeres, los hombres y los niños que, en filas, preceden al recorrido del paso y al ritmo de la banda de tambores.
Despaciosamente, atrás queda la efigie de la Parroquia y los cofrades ganan metros a la calle del Parque entre una multitud de feligreses o de observadores, muchos con cámaras de foto o video y de móviles. Son muchas las expresiones de asombro por el formidable monumento escultórico. La decena de costaleros a las órdenes del macero, Gerardo, el conductor y el responsable del freno desplazan 2.800 kilos de la estructura, giran hacia Miguel Servet.
Punto decisivo, significativo, el de la cuesta de Moya, en el que las piernas y los brazos de los cofrades demandan el máximo esfuerzo para alcanzar el punto más alto, el Gólgota particular de estas procesión, hasta abrazar la Plaza Luis López Allué, para encarar Cuatro Reyes, Goya y Coso Bajo.
MARÍA PARDO REPITE SAETA
Por segundo año consecutivo, en la Plaza de Santo Domingo y San Martín, al ritmo de la banda de Santiago Apóstol, la voz hermosa y desgarrada para la ocasión de María Pardo, un chorro de fe y de esperanza en la Semana Santa.
Un largo toque de varias de las bandas presentes ha antecedido a la popular cantante, expresividad sobre expresividad, mirando a los ojos al Cristo. "¿Quién me presta una escalera, para subir al madero, para quitarle los clavos a Jesús el Nazareno?".
Un compromiso el de la Cofradía de Santiago cumplido con los antecesores a los que se homenajea, aquellos fundadores Ramón Manero y Mariano Calvo, y a los que les han sucedido durante setenta años. La línea de la vida se perpetúa a través del Cristo Redentor.