"Cuidar: prevenir, sanar, acompañar" ha sido la cuádruple llamada a la acción de la mesa redonda "Lo llevó a una posada y lo cuidó (Lc, 10,34)" organizada por las delegaciones de Familia y Vida y de Pastoral de la Salud de la diócesis de Huesca en el salón de actos del Colegio Santa Ana de Huesca. El sacerdote Wilson Ascensio introdujo la sesión bajo la enseñanza de "La compasión del samaritano, amar llevando el dolor del otro", un modo que incluye la empatía e incluso la trasciende para ir más allá.
Intervenía por la Fundación Maternity Elena Vizcarro, que explicaba la misión de esta entidad centrada en ayudar a las mujeres embarazadas en problemas, ir más allá durante la lactancia y ante cualquier tesitura que les plantee la maternidad. Profesional sanitaria, Elena defendía la convicción "de que la vida es un bien inviolable" como preconiza el artículo 3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: "Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona"
Elena Vizcarro denunciaba la anuencia silenciosa de la sociedad ante problemas como el aborto, los in vitro, los vientes de alquiler o la eutanasia. "No hay que desesperar, sino despertar. No es una opción plantarnos. El deportista siempre sigue corriendo. La vida es una carrera de obstáculos, es frágil. El comienzo y el final de la vida son los periodos en los que más se expresa esa fragilidad". Ha recordado experiencias dramáticas resueltas favorablemente a la vida ante las tentaciones de su destrucción. "Si mi hijo se enterara de lo que le quería decir", sostenía una madre mirando a la cuna tras escoger para él la existencia.
La representante de Maternity era tajante: "Siempre existen soluciones". Y pasan por ponerse en la situación del otro, "no juzgarla, comprenderla, que la gente se sienta acogida. No existen recetas únicas, y la empatía hace que la realidad se vuelva más fácil". Ofrecer respuestas en forma de comida, ropa, cuidados, un carrito o una cuna. "Con un bebé, la visión de la vida cambia, y quienes han seguido adelante nos han dado, todas, las gracias". Elena Vizcarro ha sido contundente: "Se han perpetrado más de cien mil abortos en el último año, han perdido la vida y son personas". Ahí está la labor de su fundación, "ayudar y que ellas noten el cariño".
LA TRAGEDIA DEL SUICIDIO
Noel Torrijos, psicólogo del Centro de Solidaridad Interdiocesano de Huesca, ha expuesto la realidad de los suicidios y las adicciones. Ha recordado desde su experiencia "el malestar que existe en muchas personas, que lleva al sufrimiento y a la desesperanza, que incluso pueden conducir en la adicción".
En su joven pero sólida trayectoria, ha constatado que afrontar esta lacra requiere de tres ejes de acción: terapia, prevención y atención sociosanitaria; prevención en los jóvenes para advertir de la problemática del malestar de las personas y un tercero no menos importante, la labor preventiva en la comunidad. "Esto parte de cómo está la sociedad. La relación con las pantallas hace que se pierda la conexión entre los seres humanos, hay una exigencia de conectividad".
De ahí la necesidad de una labor preventiva "más cercana, con naturalidad". Ha recordado dos conceptos expresados el día anterior por el doctor José María Civeira, médico psiquiatra, en su conferencia "Amar llevando el Dolor del Otro", en concreto la biosincronía y la asincronía, la necesidad de sincronizar con la naturaleza y evitar esa disociación en la percepción de los hechos y los tiempos. "Esta es una parte de sanar. La empatía es interesante, pero hay que ver al otro en la forma adecuada. Entregarse al otro sin juicio ni ideas preconcebidas".
Noel Torrijos ha valorado los pequeños gestos que van haciendo relaciones fructíferas. "Reirnos es importante. Eso hace pensar que éste es de mi equipo. Y hay que controlar lo que compartes, lo que sana, no problematizar a la persona. La parte de acompañar implica que igual no estoy de acuerdo, pero lo acepto aunque no lo apruebe. Repito: estoy en tu equipo 100 % y estoy dispuesto a compartir el sufrimiento".
EL COMPLEJO UNIVERSO DE LOS PALIATIVOS
Alberto y Myriam forman parte del Equipo de Soporte de Atención Domiciliaria para las personas que se encuentran en el final irrevocable de sus existencias, y además forman parte de la asociación Huesca Compasiva que preside Javier Moraleda. Se desenvuelven en ese escenario complejo en el que se conjugan dos verbos: "Cuidar y paliar". Conviven con las imágenes de últimos días, en la consciencia o en la sedación.
"Cuando hablamos de una persona, cuando nada hay que hacer, queda todo por hacer", expone sabiamente Alberto. Hay distintas esferas, la emocional, la psicóloga y la espiritual para "la atención plena a la persona", sabedores los profesionales como él que en muchas ocasiones padecen "el dolor total".
En su trinidad vocacional, prevenir, sanar y acompañar. En todas las dimensiones. "También la sanación del alma, hay mucho sufrimiento que se detecta y se intenta paliar a través del acompañamiento". La atmósfera es compleja, ayunos de la esperanza de la supervivencia. "Miedo de la incertidumbre, más allá de la muerte, a cómo va a evolucionar en sus últimos momentos. Una persona muere muchas veces acorde a como ha vivido. Está ese miedo, que trasciende al individuo, al sufrimiento, al dolor".
"El instrumento somos nosotros, con mucha humildad. Aplicamos la mayéutica, el método de Sócrates de buscar a través de las preguntas, no tenemos respuesta para el dolor y buscamos cómo podemos ayudar". De ahí que caminan paso a paso, "el equipo aprende y soluciona en el día a día. Con filosofía, con ética y con humildad. Cuando entramos en domicilio sabemos que la persona va a fallecer, y queremos que sea de la forma más natural".
Mirian, enfermera, asume que su trabajo exige "enfrentarte a una situación compleja. Se entiende como un problema, pero es algo natural que ocurre en la vida". Con fluidez, expone que "hay que darle el espacio que tiene, y abrirnos a estar allí".
Reconoce Mirian que "nadie te dice en un libro lo que hay que hacer en cada momento en que estás aplicando los cuidados paliativos. Hay que respirar con la persona, mirarle a ojos, saber que tiene dignidad, abrirnos y entender que es proceso de él y de su familia. Cuando la realidad es aceptada y querida, transformadora y sanadora. Parte del sufrimiento inevitable. Hablando lo aliviamos. Ayudarle a morir es a vivir mejor".
Habla con serenidad la enfermera, tanta que reconforta habida su juventud. "Nos gusta utilizar, más que el concepto de empatía, el de compasión, visualizar que alguien está sufriendo, ayudarle a aliviar el dolor y la realidad, acompañarle". No, no existe "la esperanza de la curación y la clave es reformular la esperanza. Luchar contra lo inevitable y desembocar en un proceso con paz. Hablar de sufrimiento previene el sufrimiento". Y ha expresado en una metáfora su labor, la de la visión desde arriba del pozo a quienes están abajo y hay que contribuir a que su tránsito sea natural.
RESIDENCIAS DE ANCIANOS, CUESTIÓN DE DIGNIDAD
Con matices, en similar ámbito se desenvuelve la Hermana Rosa, de la Residencia de Ancianos Padre Saturnino López Novoa, que partía su intervención con la proclama de la Liturgia de las Horas: "A jornal de gloria, no hay trabajo grande". Como parte de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, recuerda la especialización de este hogar en la "atención al final de la vida vida en residencias de mayores. Más allá de la asistencia sanitaria, intentamos paliar el sufrimiento y preservar la dignidad". Para la asistencia médica, ya están arropadas con el centro de salud.
La Hermana Rosa defiende la diferenciación entre la dimensión espiritual y la parte médica para completar la integralidad del confort. "Los mayores están en situación de fragilidad, sufren soledad y angustia, y nuestro trabajo mitigar la soledad. A eso nos dedicamos las hermanas, aportando soporte espiritual, trascendencia y paz interior".
Disponen a tal efecto de la mejor herramienta. "Nos apoya la fe que da sentido a la vida y esperanza. Ante el desenlace, ante la incertidumbre, la fe da confianza, por eso es tan importante al final de la vida". Tal aseveración no es dogmatismo cristiano, porque, explica la hermana, en la residencia hay alojados de otras confesiones e incluso personas agnósticas o ateas. "Respetamos la libertad y las creencias de las personas y el objetivo principal es la preservación de la dignidad y la autonomía, el respeto a las últimas voluntades y la creación de un entorno humanizado, con un ambiente luminoso, higiene y confort". Incluso se presta apoyo en el duelo.
Ha defendido la religiosa que los cuidadores y enfermeros establecen "lazos afectivos fuertes" con los residentes. Ha sentenciado que "el valor de la sociedad se mide en cómo trata a sus miembros frágiles, y por eso son necesarios tratamientos para la paz y la serenidad".
Conexión, trascendencia y esperanza son fundamentales para "encontrar la paz con el pasado", para concluir exponiendo que los beneficios del cuidado espiritual tiene impactos tangibles.