"Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte. Lo desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre la cabeza, y en su mano derecha una caña, y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: "Salve, Rey de los judíos" (Mateo, 27, 27-29).
La lectura del pasaje evangélico de la Coronación de Espinas ha sido el punto de arranque de la Procesión homónima en la Basílica de Lorenzo, a partir de las 23 horas con buena presencia de público en la salida del templo, más menguado posteriormente por el rigor climático en una noche fría y ventosa.
El cortejo procesional ha partido puntualmente y ha quedado la titular para cerrar después de la representación de otras cofradías y personajes como los romanos o las manolas. Por delante, la corona de espinas sobre una almohada, por detrás los hermanos y hermanas con la túnica blanca y ese impactante corazón rojo del que se desprenden dos gotas de sangre en pecho, bocamangas y capirote rojos.
Esperaban al paso Toño Julve y Rosa Pilacés en el comienzo de las Jotas de la Pasión que ya cumple dieciséis ediciones de acompañamiento a la procesión. "Con mi jota yo te ruego/ Oh Señor de las alturas/ traigas paz y luz al mundo/ porque se encuentra en penumbra".
El formidable conjunto de Tomás Marqués con la peana de Vicente Vallés, escultores catalán y oscense respectivamente, de 1902 y 1948 respectivamente, ofrece una expresividad desgarradora como corresponde a una escena profundamente humillante y sangrienta. Lo verbalizaba San Juan Pablo II. "Estamos ante una imagen de dolor, que evoca todas las locuras homicidas, todos los sadismos de la historia… Él se ha tomado tan en serio nuestros dramas que ha participado de ellos, los ha asumido, ha enriquecido su sentido, los ha transformado en una esperada posibilidad de vida, de gracia, de comunión con Dios y, por tanto, de gloria".
El itinerario era cubierto despaciosamente, sin dejarse tentar por la prisa para cerrar el agotamiento y el frío de la noche. Travesía de los Monteros, Alfonso el Batallador, Fatás, Roldán y nueva parada jotera en Manuel Bescós, nombre insigne de la Huesca de siempre. Interpretaba Sofía Torres: "Y la cara ensangrentada/ llevas corona de espinas/ para mostrar nuestro amor/ nos entregaste la vida".
Se reemprende la marcha por la calle Benabarre, la Plaza San Antonio y la calle Caspe. Tercera estación de jota. Agustín Bailo: "Sufriste con la corona/ un martirio duro y cruel/ sus espinas dolorosas/ te hicieron palidecer".
Sonaba con su percusión variada la Cofradía de la Sangre de Cristo de Ayerbe, con sus imponentes túnicas y terceroles negros. Plaza Concepción Arenal, Plaza de Navarra y San Orencio. Cuarta jota de la pasión, el mismo autor en la composición, Toño Julve, y la voz de nuevo de Rosa Pilacés: "Vas sufriendo una tortura/ la sangre tus ojos ciega/ y aun siendo el rey de los hombres/ hacia la muerte te llevan".
Calle San Lorenzo y el grupo de tambores y bandas de la Cofradía de la Preciosísima Sangre interpreta un toque poderoso y plagado de respeto mirando hacia la Basílica, antes de reemprender la procesión.
Coso Bajo para enfilar hacia el destino. Javier Garvín entona la quinta jota: "Vas preso de unos cobardes/ Cristo misericordioso/ te van a crucificar/ y tú sabrás perdonarles".
Final de la procesión y de las Jotas de la Pasión, es el momento de cantar grupalmente: "Ecos de Semana Santa/ ya revuelan por el aire/ y Huesca sale a rezar/ con fe al rey de los mortales". El conjunto de la Coronación de Espinas alcanza la Iglesia de Santo Domingo y San Martín. Todo fluye hacia la voluntad del Padre, ya en las proximidades de la una de la madrugada. Sigue la Semana Santa como marcan las Escrituras.