"El último y mejor tesoro de su vida y de su muerte". Las 7 palabras han sonado aterciopeladas y firmes, interpretadas en voz por María Jesús Porta y en pensamiento por Martín Descalzo, unidas en un Encuentro plagado de trascendencia y de emoción entre el Cristo ya sin hálito y la Madre desgarrada y resignada.
Una madrugada desapacible ha puesto el contexto preciso a la doble procesión en la que se han encontrado el Cristo del Perdón y La Dolorosa, noche en la que la Pasión alcanza su máximo momento expresivo para sublimar el final de Jesús en la Cruz.
La procesión de la Cofradía cuyo prior es Luis Vicente Esteve ha desfilado, con sus túnicas en amarillo con la cruz en rojo, bajo el influyo de la oración de San Juan Pablo II: "El Perdón atestigua que en el mundo está presente el amor más fuerte que el pecado. El perdón es además la condición fundamental de la reconciliación, no solo en la relación de Dios con el hombre, sino también en las recíprocas relaciones entre los hombres".
El paso de Pedro Nolivos, con más de 330 años de antigüedad, sorprende en la expresividad contra natura, fallecido ya el Cristo y, sin embargo, con muestras de haberse entregado al reencuentro con el Señor en la serenidad, pese al intenso dolor, del conocimiento de su destino como Mesías salvador de la humanidad. No se ha puesto en marcha hasta escuchar el Himno del Cristo del Perdón compuesto por José María Lacasa e interpretado por el Coro Ars Nova dirigido por Elisa Betrán. El también reconocido como Cristo del Coro ha sido delicada y rítmicamente guiado por el Coso Bajo para enfilar por Ramiro el Monje hasta la Plaza de San Pedro. Los costaleros han recogido el relevo de varias generaciones desde 1929 en que fue erigida como hijuela de la Archicofradía de la Santísima Vera Cruz por el obispo Mateo Colom Canals.
La Virgen Dolorosa ha partido media hora más tarde, al son de clarinetes y timbal, 50 minutos transcurridos de la medianoche, desde la Catedral por Las Cortes y San Salvador hasta la Plaza de San Pedro. Las cofrades, con su túnica y tercerol azul con cruz, bocamangas y cíngulo blanco, han discurrido con fluidez solemne bajo las instrucciones de la priora, Bettina Bernhard. Casi una centuria precede desde la constitución de la cofradía, delicadeza en el transcurrir del paso de Vicente Vallés de 1947 y con los bellos manto y palio confeccionados por la inolvidable María Antonia Sanagustín Ciria. La oración del Papa Francisco sirve de inspiración: "Miremos a la Virgen María y a San Juan, y permanezcamos junto a las muchas cruces en las que Jesús está todavía crucificado. Este es el camino en el que el Redentor nos llama a seguirlo. ¡No hay otro, es este!"
LAS SIETE PALABRAS Y EL STABAT MATER
En un ambiente intimista pese a la multitud de público en uno de los instantes centrales de la Semana Santa, los timbales adelantaban ese encuentro de la Madre con el Hijo, con toques tristes como corresponde al carácter trágico de la situación.
María Jesús Porta ha recordado que "tenía que ahorrar palabras" y las que hiciera debieran ser "sustanciales", "palabras como carbones encendidos que no se pudieran apagar jamás". Era "el último y mejor tesoro de su vida y de su muerte". Reflexiones de José Luis Martín Descalzo.
Julia Lera ha pronunciado Las 7 Palabras de Jesús en la Cruz, comentadas una a una: "Padre, perdónales porque no saben lo que hacen", "En verdad te digo 'Hoy estarás conmigo en el paraíso'"; "Hijo, he ahí a tu Madre, Madre, he ahí a tu hijo", "¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado", "Tengo sed", "Todo está consumado" y "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu"... Cada una de los pensamientos verbalizados ha tenido su consecuencia, las de la sed del agua viva que sólo Dios nos puede saciar. Todo está consumado, "nos lo has dato todo. Danos la luz y fuerza para que el perdón y el amor de Dios llegue a toda la humanidad. Y, con la séptima, "tú viniste del Padre y al Padre vuelves", satisfecho el Padre por la entrega del hijo.
El canto del Stabat Mater ("Estaba la Madre") y la Hora Mística han sido saludados con el movimiento de ambos pasos. "Estaba la Madre dolorosa junto a la Cruz, lacrimosa, mientras pendía el Hijo. Cuya ánima gimiente, contrita y doliente atravesó la espada". Retomaba María Jesús Porta para poner voz a la virgen: "¡Cómo quejarme de mis pies cansados cuando veo los tuyos destrozados!" "¡Cómo explicarte mi soledad cuando en la Cruz alzado y solo estas". "Huyeron todas mis dolencias. El ímpetu del fuego que traía se ahoga en mi boca pedigüeña", "el dolor es tan sólo la llave santa de tu santa fuerza".
El Coro Ars Nova interpretaba Hora Mística, "cuando Jesús en pan se convertía", en medio de la "amargura de la traición" y de la ternura. "Ten compasión de mí, dame el testigo, la comunión bendita y el vino de su amor".
El desgarro de la Madre no empece para que le siga hasta el final. Son la 1:40 de la madrugada, el paso de la Dolorosa se aparta para que avance el Cristo del Perdón, tras el que discurre ya la Virgen por Travesía Cortés, López Allué, Cuatro Reyes y Goya hasta el Coso Bajo, para terminar en Santo Domingo con un toque triste y esperanzado. El preludio del Santo Entierro y de la Resurrección ineludible. Palabra de Dios.