La Diócesis de Huesca inicia los trámites para pedir al Vaticano la canonización de Javier Osés

Pedro Aguado anuncia la decisión del Consejo Episcopal en el homenaje por el 25.º aniversario de la muerte del obispo, recordado por su espiritualidad y su compromiso con los más pobres

27 de Octubre de 2026
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El obispo Aguado anuncia que la diócesis de Huesca ha iniciado los trámites para pedir al Vaticano la canonización de Javier Osés. Foto Myriam Martínez
El obispo Aguado anuncia que la diócesis de Huesca ha iniciado los trámites para pedir al Vaticano la canonización de Javier Osés. Foto Myriam Martínez

El Consejo Episcopal de la Diócesis de Huesca ha aprobado iniciar los trámites para solicitar a la Santa Sede la apertura del proceso de canonización de Javier Osés Flamarique, obispo de Huesca durante 32 años y fallecido el 22 de octubre de 2001. El anuncio lo ha realizado el actual obispo de Huesca y Jaca, Pedro Aguado, al clausurar el primer acto del homenaje celebrado con motivo del 25.º aniversario de la muerte de su predecesor, una figura recordada por su espiritualidad, su compromiso con los más desfavorecidos y su defensa de la justicia social y la paz.

Aguado ha precisado que la decisión del Consejo Episcopal no significa que el proceso esté ya abierto, puesto que su inicio requiere la autorización de la Santa Sede. La diócesis solicitará formalmente ese permiso para que pueda comenzar el procedimiento canónico. El obispo ha expresado su deseo de que, si se cumplen los pasos necesarios, algún día pueda reconocerse oficialmente la santidad de Osés.

El anuncio ha puesto el broche a un encuentro dedicado a evocar la trayectoria pastoral y humana de quien dirigió la diócesis oscense durante más de tres décadas. La jornada ha reunido testimonios de personas que conocieron de cerca al prelado y que han destacado su profunda vida de oración, su cercanía a quienes atravesaban situaciones de vulnerabilidad y su capacidad para fomentar el diálogo y la unidad dentro de la Iglesia.

Homenaje a Javier Osés en el 25º aniversario de su fallecimiento. Foto Myriam Martínez
El periodista Nacho Gracia ha conducido el acto. Foto Myriam Martínez

El acto, conducido por el periodista Nacho Gracia, ha contado con la participación del cardenal Juan José Omella; la hermana Pilar Aso, de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana; Mamen Almudévar, representante de Cáritas Huesca; el sacerdote diocesano Antonio Bravo; el jesuita Germán Arana, que acompañó espiritualmente a Osés durante sus últimos años; y el obispo de Huesca y Jaca, Pedro Aguado, encargado de la clausura. Sus intervenciones han permitido reconstruir distintas facetas de un pastor que dejó una profunda huella en la comunidad diocesana.

CERCANO, ESPIRITUAL Y ADELANTADO

El cardenal Juan José Omella ha reivindicado la figura de Javier Osés Flamarique como la de un obispo profundamente espiritual, cercano a las personas y comprometido con una Iglesia abierta a la participación, el diálogo y la comunión. Ha destacado que la acción pastoral del prelado oscense nacía de su relación personal con Dios y se traducía en una atención especial a los pobres y humildes, así como en una voluntad constante de unir y evitar las discordias.

Omella ha comenzado su intervención con una semblanza biográfica de quien estuvo al frente de la diócesis durante 32 años. Nacido en Tafalla el 23 de agosto de 1926, Osés se formó en el Seminario de Pamplona y en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, donde obtuvo la licenciatura en Teología y el doctorado en Derecho Canónico. Fue ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1950 y nombrado obispo auxiliar de Huesca por Pablo VI en 1969. Tras ejercer como administrador apostólico, fue designado obispo titular de la diócesis en 1977. Falleció en Pamplona el 22 de octubre de 2001.

El cardenal ha intercalado los datos biográficos con varias anécdotas que han aportado un tono distendido a su exposición. Al recordar que Osés fue relevado al cumplir 75 años, ha bromeado sobre su propia situación y ha ironizado acerca de las decisiones tomadas en la capital italiana: "En Roma hacen las cosas y siempre las hacen bien". También ha evocado las dificultades de su propia etapa como administrador apostólico de las diócesis de Huesca, Jaca y Barbastro-Monzón, que llegó a llevar simultáneamente durante dos años y tres meses y que, según ha bromeado, le dejaron "hecha polvo la espalda".

Homenaje a Javier Osés en el 25º aniversario de su fallecimiento. Foto Myriam Martínez
Juan José Omella. Foto Myriam Martínez

La geografía de las antiguas sedes episcopales le ha servido para introducir otros pasajes humorísticos. Omella ha contado cómo buscó información sobre Abula, título episcopal que recibió Osés cuando fue nombrado auxiliar de Huesca, y ha recordado su propia sorpresa al conocer que sería obispo titular de Sasabe. El entonces nuncio le comunicó el nombramiento sin que él supiera dónde se encontraba aquella antigua sede, hasta que le aclararon que estaba en el entorno de Jaca. El purpurado ha aprovechado también la ocasión para recordar al anterior obispo oscense, Lino Rodrigo Ruesca, y una anécdota de su etapa en Granada, donde protagonizó un enfrentamiento con un sacerdote al que llegó a excomulgar. 

Bajo el título de "pastor con olor a oveja", una expresión popularizada por el papa Francisco, Omella ha trazado el perfil humano de Osés. Lo ha descrito como un obispo "inteligente, muy vivo, muy alegre, de gran corazón, pero muy cercano". En las reuniones episcopales, ha recordado que relataba anécdotas de la diócesis con nombres y apellidos, hasta el punto de afirmar: "Yo creo que conocía hasta los gatos y perros de cada pueblo".

El cardenal ha subrayado que los gestos, las palabras, las sonrisas y hasta los silencios de Osés permanecen en la memoria de quienes lo conocieron. Para ilustrar esa cercanía, ha recuperado el testimonio de un sacerdote que destacaba su trato cotidiano con los vecinos y su capacidad para recordar a las personas que encontraba en sus desplazamientos. Omella ha citado también su manera de hablar, alejada de cualquier artificio: "Sabiendo tanto, nunca utiliza palabras extrañas ni expresiones enrevesadas".

Omella ha situado la oración en el origen de esa manera de entender el episcopado. Durante una visita a Osés en Tafalla, cuando ya se encontraba enfermo, el obispo le explicó cómo había aprendido a dedicar más tiempo a la vida interior. "Ahora tengo tiempo de rezar despacito y verdaderamente lo aprovecho". También le habló del consuelo que encontraba en los salmos y en la Liturgia de las Horas, hasta el punto de repetir en ocasiones el rezo de vísperas. "Cuánto consuelo encuentro en ello", le decía.

Homenaje a Javier Osés en el 25º aniversario de su fallecimiento. Foto Myriam Martínez
Asistentes al acto. Foto Myriam Martínez

La espiritualidad de Osés se expresaba asimismo en la oración de abandono de Carlos de Foucauld, que recitaba con frecuencia. Omella ha recordado que el prelado afrontó la enfermedad desde esa confianza en Dios. En los últimos días de su vida, ingresado en un hospital de Pamplona, pidió que transmitieran al también enfermo obispo José María Conget un mensaje que el cardenal ha recuperado durante el homenaje: "Descansa en la cruz de Cristo, en ella se encuentra la dulce presencia del Resucitado".

La evocación de aquellos momentos ha llevado a Omella a detenerse en otra frase que, según ha contado, un sacerdote escuchó de Osés poco antes de su muerte: "Qué ganas tengo de ver a Dios". El cardenal ha recordado también que el obispo regalaba a los seminaristas ejemplares de la Liturgia de las Horas y aprovechaba las confirmaciones para animar a los jóvenes a cultivar su relación con Dios. "Rezar no es una obligación, es un derecho que Dios nos ha dado porque somos hijos suyos", sostenía.

UNA IGLESIA QUE ESCUCHA

El amor a la Iglesia ha constituido otro de los grandes ejes de la intervención. Omella ha destacado la entrega de Osés a la institución eclesial y su manera de entender el episcopado, marcada por la participación de toda la comunidad. "Quiso ser obispo contando con todos, dispuesto a menguar para que la Iglesia creciera", ha apuntado.

Para explicar la profundidad de ese compromiso, Omella ha relatado la historia de un niño de ocho años que regresó llorando de la escuela porque otros menores se habían burlado del rostro de su madre, marcado por las cicatrices. La mujer le explicó que aquellas heridas se debían a que había entrado en la casa cuando estaba ardiendo para salvarlo, cuando él apenas tenía dos meses. A partir de esta historia, el cardenal ha reflexionado sobre la trayectoria de una Iglesia que, pese a los pecados de sus miembros, ha preservado y transmitido el mensaje de Jesús a lo largo de dos mil años.

Omella ha presentado a Osés como un hombre que llevó ese mensaje al mundo que le tocó vivir, desde el respeto, sin imposiciones y con una atención preferente a quienes ocupaban los lugares más vulnerables de la sociedad. Su compromiso social estaba unido a una concepción de la Iglesia que debía crecer en fidelidad al Evangelio y favorecer la participación de sus distintos miembros. En este sentido, el cardenal ha destacado su capacidad para promover la colaboración entre sacerdotes, laicos y personas consagradas, una actitud que anticipó algunos de los planteamientos que hoy se identifican con la sinodalidad.

Homenaje a Javier Osés en el 25º aniversario de su fallecimiento. Foto Myriam Martínez
Mesa redonda. Foto Myriam Martínez

El recuerdo del antiguo obispo también ha estado marcado por su capacidad para mantener la unidad en una sociedad y una comunidad eclesial plurales. Omella ha relatado que, durante una visita realizada a finales de agosto, una vecina le habló de la ayuda que había recibido de Osés y de la forma en que este la había tratado, con una cercanía que "le hacía sentirse como una hermana". 

El cardenal ha defendido que el obispo debe trabajar para unir y evitar que las diferencias desemboquen en enfrentamientos. Según ha explicado, Osés quería una ciudad en la que todos se sintieran respetados y en la que las distintas sensibilidades pudieran encontrar un espacio. Para ello, soportó incomprensiones, guardó silencio en determinadas circunstancias y optó por el perdón antes que por alimentar las discordias.

Esa actitud, ha señalado, enlaza con el camino sinodal que la Iglesia promueve actualmente, basado en escuchar también a quienes tienen menos oportunidades de hacer oír su voz. Omella ha considerado que Huesca supo reconocer la dimensión humana de su obispo en el momento de su muerte, cuando numerosos ciudadanos acudieron a la catedral para despedir sus restos mortales. Entre quienes se acercaron al féretro se encontraba una persona de etnia gitana, cuyo gesto emocionó especialmente al cardenal.

Omella ha concluido su evocación con el recuerdo de aquella despedida multitudinaria y con la convicción de que la figura de Osés continúa ofreciendo motivos de gratitud a la diócesis. También ha mencionado dos aspectos menos conocidos de su carácter: le costaba tomar decisiones drásticas y, en ocasiones, decía a quienes acudían a hablar con él que ya sabía lo que iban a contarle. Esos matices han contribuido a dibujar una semblanza humana, alejada de idealizaciones y atenta a la complejidad de su personalidad.

El cardenal ha cerrado su intervención con una referencia a la esperanza cristiana ante la muerte y al consuelo que ofrece la fe en la resurrección, antes de expresar su deseo de que el recuerdo de Osés continúe acompañando a la Iglesia diocesana. Su exposición ha dejado así el retrato de un pastor cuya espiritualidad, cercanía y voluntad de concordia siguen siendo elementos centrales de la memoria que Huesca conserva de él.

LOS POBRES Y LA LIBERTAD DE LA IGLESIA

La hermana Pilar Aso, de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, ha recordado a Javier Osés como un hombre profundamente espiritual, sencillo y comprometido con los más vulnerables. vivió tanto la recepción del obispo, en 1969, como su despedida, en 2001, lo que le permitió seguir de cerca sus 32 años de ministerio. De su legado ha destacado especialmente su condición de hombre de oración y su compromiso con el Concilio Vaticano II, que no solo vivió y amó, sino que también transmitió a la diócesis.

Aso ha evocado la austeridad con la que vivía Osés en un piso de la plaza Lizana, en una pequeña comunidad de vecinos, y su cercanía a quienes más sufrían. Cada 24 de diciembre, el obispo pasaba la tarde y cenaba en la prisión de Huesca con los internos, a quienes acompañaba en una fecha especialmente significativa. También recordaba a su hermana María Paz que el dinero sobrante de cada ejercicio no les pertenecía, sino que debía destinarse a quienes lo necesitaban.

Homenaje a Javier Osés en el 25º aniversario de su fallecimiento. Foto Myriam Martínez
Homenaje a Javier Osés en el 25º aniversario de su fallecimiento. Foto Myriam Martínez

"Los pobres, los vulnerables y los descartados" fueron sus grandes predilectos, según ha subrayado la religiosa. Su presencia en residencias de ancianos, hospitales, la Maternidad, Cáritas y la Cruz Blanca era constante. En esos lugares celebraba la Eucaristía y después dedicaba tiempo a conversar con los residentes, interesarse por sus vidas y acompañarlos. Aso también ha recordado el afecto que le profesaba la comunidad gitana, que encontraba en él un trato cercano y respetuoso. Frente a quienes lo calificaron de "obispo rojo", ha defendido su condición de hombre de Dios y su sentido de la justicia.

La religiosa ha destacado asimismo la importancia de la Asamblea Diocesana, impulsada por Osés como uno de los primeros grandes proyectos de su episcopado. A diferencia de otras experiencias anteriores, dio voz y voto a los seglares y abrió la participación a personas de distintas edades e ideologías, sin restricciones. Aso ha resaltado la humildad del obispo, su curiosidad y su voluntad de escuchar, incluso cuando las intervenciones expresaban opiniones muy diversas. Aquella asamblea, ha señalado, fue una muestra de su manera de entender la Iglesia, marcada por la libertad de expresión y el protagonismo de toda la comunidad.

Para la hermana Pilar Aso, la mayor herencia de Osés fue el amor a Dios que supo transmitir a quienes lo rodeaban. "Fue un enamorado de Jesús, lo amó profundamente y se dejó amar por él", ha afirmado, antes de subrayar que ese vínculo espiritual constituye uno de los testimonios más valiosos que dejó a la diócesis.

SU LEGADO SOCIAL Y LA DIGNIDAD DE LAS MUJERES

Mamen Almudévar, vinculada a Cáritas Huesca, ha recordado a Javier Osés como un obispo que supo transmitir una imagen cercana de Dios, defender la dignidad de las personas y abrir espacios de participación dentro de la Iglesia. Su primer encuentro personal con él se produjo en su confirmación. De aquella celebración conserva la impresión de sentirse querida por Dios tal como era, con sus defectos y posibilidades, frente a una Iglesia que, según ha explicado, se le había transmitido entonces a las mujeres desde una perspectiva más moralista, centrada en el control, las normas y la censura.

El obispo Aguado anuncia que la diócesis de Huesca ha iniciado los trámites para pedir al Vaticano la canonización de Javier Osés. Foto Myriam Martínez
El obispo Aguado anuncia que la diócesis de Huesca ha iniciado los trámites para pedir al Vaticano la canonización de Javier Osés. Foto Myriam Martínez

Su relación con Osés se afianzó durante su participación en el movimiento Junior de Acción Católica, al que el obispo respaldó de manera decidida. Asistía a sus asambleas y convivencias, escuchaba a sus integrantes y alentaba su trabajo, pese a la juventud de la mayoría. Almudévar ha destacado que conocía a cada persona por su nombre y se interesaba por sus circunstancias, una atención que les hacía sentirse reconocidas dentro de la diócesis. Más tarde, la cercanía se intensificó con su labor en Cáritas, cuando el obispo facilitó que el equipo abandonara el piso de Ramón y Cajal y se trasladara al Obispado. Para Almudévar, aquel cambio simbolizó "una victoria de la Iglesia evangélica", porque evidenciaba la apertura de la institución a los pobres.

Asimismo, ha evocado también la austeridad de Osés, a quien recuerda siempre con una gabardina azul que se resistía a jubilar. Cuando le sugerían en tono de broma que ya era hora de cambiarla, él sonreía y respondía: "¿Tú crees? A mí me parece que todavía puede durar un invierno más". Esa sencillez convivía con una profunda preocupación por quienes sufrían situaciones de exclusión y con una coherencia que, a juicio de Almudévar, se reflejaba tanto en su vida cotidiana como en su acción pastoral.

Uno de los recuerdos que ha relatado con mayor emoción se refiere a la escucha que Osés prestaba a las mujeres. Durante los preparativos de la Asamblea Diocesana, algunas jóvenes le trasladaron que no se sentían incluidas en el lenguaje de la Iglesia ni escuchadas en igualdad de condiciones. El obispo reconoció que le costaba comprender esa experiencia y les pidió que se la explicaran. Tras aquella conversación, incorporó expresiones inclusivas en la liturgia, como "la paz esté con vosotros y vosotras". Almudévar ha recordado que aquella modificación le hizo sentirse reconocida por primera vez en su Iglesia diocesana y que Osés animó a otros sacerdotes a seguir el mismo camino.

Almudévar ha destacado, por otro lado, el papel del obispo como referente durante los primeros años de la democracia y en la defensa de los derechos civiles. Ha recordado especialmente el caso de un trabajador de Cáritas que, en 1993, decidió declararse insumiso por sus convicciones pacifistas, al negarse tanto a realizar el servicio militar como a acogerse a la objeción de conciencia. Tras escuchar al equipo, Osés le animó a mantener su postura y respaldó a quienes habían decidido apoyarlo. En una carta pastoral de aquel fin de semana, escribió: "Merece respeto, alabanza y apoyo el grito que se levanta en otra parte de la sociedad que no quiere la paz en ningún caso por la vía de las armas". En el mismo texto pidió que las leyes no considerasen delito la insumisión, sino una alternativa orientada a la paz.

La defensa de la justicia social también impregnó su manera de entender Cáritas. Su preocupación era que las parroquias promovieran la autonomía de las personas y no limitaran su labor a la asistencia inmediata. Almudévar ha recordado su conocida reflexión sobre la necesidad de enseñar a pescar, además de proporcionar el pez cuando fuera necesario. Osés defendía el trabajo en equipo, el reconocimiento de las personas empobrecidas como hermanos y hermanas y la convicción profunda en la tarea social. Esos principios, ha señalado, marcaron la acción sociocaritativa de la Iglesia diocesana y orientaron el trabajo de Cáritas durante su episcopado.

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Almudévar ha concluido su testimonio destacando la valentía de un hombre cuya espiritualidad alimentaba su compromiso con la paz, la justicia y la dignidad humana. "El obispo Javier fue un regalo de Dios y fue una suerte para todas las personas", ha afirmado.

SU DIMENSIÓN UNIVERSAL

Antonio Bravo, sacerdote que conoció a Javier Osés en 1971 durante la preparación de la Asamblea Conjunta de Obispos y Sacerdotes, ha evocado su figura como la de un amigo fiel, dotado de una extraordinaria capacidad para escuchar y comprender a los demás. Su primer vínculo con el obispo se produjo en aquella asamblea, en la que Osés presentó la ponencia "Relaciones interpersonales en la unidad eclesial", un trabajo que suscitó adhesiones y también discrepancias en un momento de profundos cambios para la Iglesia española tras el Concilio Vaticano II.

Bravo ha resumido la relación que mantuvieron durante años con una expresión que conserva intacta su cercanía. Lo llamaba el "obispo de la bata de estar por casa", porque solía recibirlo en su domicilio, especialmente durante los meses de invierno, cuando acudía a visitar a su familia. Allí conversaban sobre cuestiones humanas y religiosas, sin barreras jerárquicas. Más allá de su condición episcopal, ha destacado su capacidad para ponerse en el lugar del interlocutor y comprender lo que estaba viviendo. "No de escuchar con sus ideas, no de escuchar si me gusta o me disgusta, sino qué está viviendo y cómo lo está viviendo el que escucha", ha explicado.

El sacerdote ha subrayado también la dimensión universal de la Iglesia que caracterizaba a Osés. Su horizonte no se limitaba a la diócesis oscense, sino que abarcaba las distintas maneras de recibir el Concilio Vaticano II en lugares como América Latina, África, China o Corea. Esa perspectiva influyó incluso en la trayectoria de Bravo, que no regresó a Huesca porque el obispo consideró que debía continuar su labor en Madrid, donde trabajaba en la formación sacerdotal y en el Secretariado Nacional del Clero. Osés quería incorporarlo al equipo de gobierno diocesano, pero terminó respetando su servicio fuera de Aragón. Para Bravo, aquella decisión reflejaba a "un verdadero católico que ve la totalidad y no la parcialidad".

Su pensamiento teológico, ha señalado, estaba profundamente marcado por el Concilio y por una concepción de la Iglesia basada en la fraternidad y la amistad. Osés insistía en el misterio de la Iglesia y en su vocación de servicio, pero también en la necesidad de vivir la pobreza de Jesús y escuchar a quienes padecían situaciones de injusticia. Bravo ha recordado una de las preguntas que orientaban su reflexión: "¿Qué me dice el Señor en la Escritura y en la Iglesia, y qué me dice a través de los pobres?". Esa búsqueda le llevaba a atender no solo a las personas empobrecidas, sino también a los trabajadores y a quienes podían aportar una perspectiva distinta desde su propia experiencia.

En el tramo final de su vida, la enfermedad le permitió profundizar en una dimensión que Bravo ha considerado esencial en su trayectoria espiritual. Durante una visita junto a Agustín Catón, el obispo le confesó que apenas podía dar la vuelta a una mesa sin agotarse, pese a haber sido deportista. Aquella fragilidad le hizo reconocer que, después de toda una vida intentando seguir a Jesús, era él quien había sido sostenido por su fe. Bravo ha relacionado esa experiencia con la de un sacerdote francés al que acompañó durante su agonía y que expresó una convicción semejante. En el caso de Osés, ha destacado su identificación con las palabras de san Pablo: "Dios actúa en la debilidad" y "Y ahora me gloriaré en mi debilidad".

Bravo ha recuperado después otra faceta del obispo, su curiosidad intelectual y pastoral. Siempre preguntaba cómo se vivía y se interpretaba el Concilio en otras partes del mundo, interesado por las experiencias de comunidades muy diferentes. Esa inquietud, ha sostenido, revela una forma de entender la Iglesia que iba más allá de las fronteras locales. También ha insistido en el carácter personal de su relación con Osés, basada en un trato directo y sin distancias, en el que ambos podían intercambiar opiniones y alcanzar acuerdos. "Yo era más jovencito, pero él siempre me escuchaba y siempre terminábamos poniéndonos de acuerdo, salvo si Tarancón nos lo impedía", ha concluido.

Homenaje a Javier Osés en el 25º aniversario de su fallecimiento. Foto Myriam Martínez
Homenaje a Javier Osés en el 25º aniversario de su fallecimiento. Foto Myriam Martínez

ENTREGADO HASTA EL FINAL

Germán Arana, que conoció a Javier Osés cuando era rector del santuario de Javier, en Navarra, ha evocado la profunda huella que dejó el obispo en los más vulnerables y la intensidad con la que vivió su fe durante la enfermedad. Uno de los recuerdos que más le impresionaron fue la Javierada organizada para personas pobres, con discapacidad y emigrantes, una celebración que Osés presidía y en la que recibía a los asistentes con abrazos. Cuando el cáncer le impidió acudir, la decepción fue tan grande que una mujer, al no encontrarlo, comenzó a abrazar al cardenal Fernando Sebastián para cubrir esa necesidad. 

En la etapa final de la enfermedad, Arana comenzó a desplazarse a Tafalla para celebrar misa los sábados con Osés y su familia. Aquellas visitas se convirtieron en una experiencia espiritual que el sacerdote ha definido como una escuela de enorme valor. Pese a los intensos dolores provocados por el cáncer y las metástasis óseas, el obispo nunca centraba las conversaciones en su sufrimiento. Su atención permanecía en la oración, en la gente de la diócesis y en las necesidades que aún podía ayudar a resolver. "Oye, el ser sacerdote, qué cosa más grande es", le decía mientras saboreaba los salmos y se detenía en las palabras de la Liturgia de las Horas.

Arana ha recordado también la celebración de las bodas de oro sacerdotales de Osés, una Eucaristía que emocionó profundamente a los presentes. Al concluir, un familiar afirmó que habían tocado a Dios, y el obispo respondió que, en realidad, habían tocado el cielo. "Estamos en el cielo, porque, ¿qué es el cielo sino la presencia real de Jesucristo?". Incluso en aquellos momentos de fragilidad, sus homilías eran breves y se concentraban en lo esencial, con una intensidad que, según Arana, cautivaba a quienes participaban en la celebración.

La preocupación por los demás no se interrumpió durante la enfermedad. Osés confiaba a Arana pequeñas cantidades de dinero y le encargaba atender a personas que atravesaban dificultades económicas, sacerdotes en crisis u otras necesidades de la diócesis. Lo convertía así en una prolongación de su propia tarea pastoral, decidido a que nadie quedara desatendido.

El viaje con el féretro a Huesca fue uno de los momentos más emotivos del recuerdo de Germán Arana. El sacerdote acompañaba el cuerpo de Javier Osés desde Pamplona en una ambulancia, junto a su hermana Maripaz. "Al ver las torres de la catedral de Huesca, Maripaz rompió a llorar y a mí también me arrastró", ha recordado.

Una multitud les recibió en un ambiente de duelo que, según los testimonios que Arana ha recordado, se extendía por toda la ciudad. En un bar, un trabajador se negó a servir otra cosa que agua porque estaban de luto.

El momento más conmovedor llegó cuando una mujer de la primera fila lanzó un grito de "¡Viva don Javier!". Arana conocía su historia y sabía que el obispo la había ayudado discretamente a sobrevivir, dejando dinero sobre una mesa para que pudiera comer. Aquel gesto, realizado sin publicidad ni reconocimiento, explicaba para el sacerdote el vínculo entre Osés y las personas a las que había acompañado. "El pastor se ha volcado en su pueblo y el pueblo lo ha reconocido", ha resumido. El obispo fue enterrado con una frase de los Hechos de los Apóstoles que Arana considera una síntesis de su vida: "Pasó por el mundo haciendo el bien".

Arana ha destacado, por otro lado, la libertad de espíritu con la que Osés defendió las orientaciones del Concilio Vaticano II, incluso en un contexto eclesial que no siempre comprendió sus planteamientos. Lo ha definido como un precursor que tuvo que soportar incomprensiones, pero que mantuvo sus convicciones sin recurrir a la crítica personal contra otros. Para el sacerdote, esa capacidad revela una altura humana poco común. También ha recordado, con humor, la reacción del obispo cuando le preguntó si había hecho testamento el día antes de morir. "¿Testamento de qué?"

Arana ha concluido señalando que la labor de Osés no habría alcanzado aquella dimensión sin las personas que lo acompañaron y sostuvieron, con una mención especial a su hermana Maripaz, que permaneció a su lado. Su testimonio ha trazado así el retrato de un obispo que mantuvo la preocupación por los demás hasta el final y cuya memoria sigue interpelando a quienes lo conocieron. La pregunta que el propio Arana se hace desde entonces resume esa herencia: si también él será capaz de pasar por la vida, como Jesús y como Javier, "haciendo verdaderamente el bien".

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