El CEIP Virgen de la Soledad de Bolea celebró el Día Escolar de la No Violencia y la Paz con una jornada educativa que combinó actividades pedagógicas y una iniciativa solidaria con una escuela de Kunduz (Afganistán). El centro, que cuenta con 20 alumnos y alumnas de entre 2 años y 6.º de Primaria, desarrolló una programación centrada en la convivencia, la educación en valores y la solidaridad internacional.
El colegio forma parte de la red internacional Living Peace, un proyecto educativo que promueve la cultura de paz a través de acciones concretas. En ese contexto, el alumnado se desplazó al Parque de la Paz, situado junto a la iglesia de la localidad, donde se encuentra el Dado Gigante de la Paz, una escultura impulsada por el propio centro como símbolo de su compromiso con esta iniciativa.
En este espacio, los escolares participaron en juegos cooperativos, planteados como una herramienta educativa para trabajar la colaboración, el respeto y la resolución pacífica de conflictos. La actividad permitió abordar la paz desde la experiencia compartida y el trabajo en grupo.
De regreso al aula, la jornada continuó con una propuesta del poeta Unai Quirós, centrada en reflexionar sobre la denominada “fórmula de la paz”. A través del diálogo y la participación del alumnado, se trabajaron conceptos como la empatía, la escucha, la paciencia y la conciencia, entendidos como elementos básicos para la convivencia diaria.
Dentro de la programación, el alumnado realizó también una manualidad simbólica, pequeñas cometas de colores que colgaron posteriormente en las mochilas. La actividad sirvió para introducir el significado de la paz como un valor universal y para explicar el contexto de Afganistán, donde volar cometas forma parte de una tradición cultural que durante años estuvo prohibida.
A partir de ese trabajo, el centro estableció contacto con una escuela de Kunduz, también integrada en la red Living Peace. La relación se inició mediante cartas y correos electrónicos, lo que permitió al alumnado de Bolea conocer la realidad educativa de un país afectado por el conflicto armado.
Como parte de esta iniciativa, el colegio organizó una venta de pulseras elaboradas por el alumnado y camisetas del centro, con la que recaudó 200 euros, destinados a apoyar a la escuela afgana. El dinero llegó a su destino el 3 de febrero, según confirmó el profesor Zabihullah Akbari, quien explicó que la ayuda benefició a una comunidad educativa de más de 500 niños y niñas y que una parte se destinó, de forma discreta, a apoyar la educación de las niñas, cuyo acceso a la enseñanza no está garantizado en ese contexto.
Desde el centro han destacado que la experiencia permitió al alumnado conocer realidades distintas a la suya y trabajar valores como la solidaridad y la convivencia, reforzando la idea de que la educación puede contribuir a mejorar la vida de otras personas, incluso a miles de kilómetros de distancia.