El párroco de la Iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, Rodolfo Prieto, ha pronunciado la primera sesión de los Ejercicios Espirituales para Laicos en la Iglesia de San Vicente el Real en la que ha profundizado en una rica invitación a los feligreses que han concluido con un deseo: "Que Jesús nos guíe para vivir esta libertad liberada".
El sacerdote ha sido presentado por el prior de la Archicofradía de la Santísima Vera Cruz, Fernando Altemir, quien ha agradecido la disposición del rector del templo, José Alegre, y de los colaboradores de la Compañía para solventar el problema de las obras en la calefacción de Santo Domingo y San Martín que ha obligado a trasladar estos ejercicios integrados en el programa de la Semana Santa de Huesca. Se desarrollarán hasta el jueves a las 19:45 horas cada jornada.
El orador ha iniciado su alocución con una invocación: "¡Ven, oh, Santo Espíritu!, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.
Envía tu Espíritu y serán creados y renovarás la faz de la tierra".
Rodolfo Prieto ha tomado tres apuntes de inspiración ignaciana como recomendación a los asistentes: la primera, "entrar con gran ánimo", apuntando que lo de menos es el predicador, "lo importante es ejercitar el espíritu, el corazón y el alma"; segundo, que "la persona que se ejercita contra las tentaciones debe estar algo más de la hora cumplida. Somos de mínimos y el Señor nos invita a dedicar más tiempo"; y, tercero, "buscar siempre y permanentemente la voluntad de Dios", aunque no coincida con las convenciones y nos "chirríe interiormente", por lo que ha incitado a desconectar de lo cotidiano y cortar inercias. "Desconectar de lo que nos preocupe", de otras relaciones "para estar sólo para Él".
EL PECADO
En una estimulante sucesión de reflexiones y de recomendaciones para la acción, el titular del Perpetuo Socorro ha sostenido que la concepción del pecado puede provocar pesadumbre, pero no tiene porqué ser triste desde la consciencia de que "contamos con la misericordia de Dios. La primera parte es la consideración del pecado. La segunda, la libertad de las ataduras y lastres que nos interpone el pecado".
En la relación con el pecado, ha proseguido, hay que evitar dos obstáculos grandes. El primero es "la huida, es fácil huir y no tomar conciencia del pecado. Lo conocemos desde que tenemos uso de razón, pero huimos". El segundo es "la autodestrucción y la culpabilidad. Dios quiere que apliquemos el dolor de los pecados, pero no la culpabilidad. El hombre se absuelve o se condena. La huida escapa de la conciencia de culpa buscando chivos expiatorios. La culpabilización es autodesprecio, y nuestro yo es nuestro peor pero. Ni huyo ni me destruyo, sino que me confieso ante alguien que me ama y reconcilia, porque Dios es bueno".

En este sentido, ha proseguido que la "palabra perdón debe venir de Dios, no porque se fuerce, sino porque Dios es bueno" y, frente a otros conceptos, "ha de entrar en lo profundo para sanar". Ha contrapuesto los paradigmas evangélicos de Pedro y Judas, que, conscientes de su culpa, rompen su alianza con Jesús y su vínculo de unión por la negación o por la traición. "Ambos son presas del remordimiento por lo que hicieron y entran en una dinámica que quieren borrar". Pedro llora y Judas devuelve las monedas. Las lágrimas del primero le hacen sentirse "lavado y restablecido el vínculo roto". Judas se queda estancado en la culpa, en el narcisismo, "¡hay que ver lo que he hecho! ¡Qué vergüenza!". Para uno, queda la vida, para el otro la soledad y el suicidio. Es "el gran problema de haber abandonado la confesión". Y ha recordado que un psicólogo puede escuchar, comprender e incluso recetar una medicación, "pero sanar no es fácil y sólo Dios puede darlo".
Rodolfo Prieto ha deslizado lecturas distintas de pasajes evangélicos, como el de la samaritana a la que convierte en una mujer nuevo transformada por el diálogo con Jesús. O el de Juan que aduce que, "si nuestra conciencia nos condena, Dios es más grande", para concebirnos "atravesados por el amor de Dios que me ama, me acoge y me abrasa con la misericordia de Dios que hay que experimentar".
COLOQUIO DE MISERICORDIA
El canónigo ha retornado a la figura de San Ignacio que invita a que todas las meditaciones concluyan con un cologio de misericordia. El eje de todo es "el crucificado, pues es la cruz la que revela la pavorosa cruz del mal de cada día".
La otra cara es "la misericordia que envuelve el mundo y es más fuerte que el mal". Ha parafraseado a Juan Pablo II sobre el pasaje de San Pablo: "No devolváis a nadie mal por mal; procurad hacer el bien ante todos los hombres", porque "el bien vencerá. El pecado no puede hundirnos. Es posible apostar y ser salvado por la misericordia".

En el origen, el hecho de que "Dios se agacha con manos de viñador", un Dios que "planta, mima, riega, es un guardián que la cuida día y noche y queda dolorido por falta de frutos". Reprocha, se enfada e incluso amenaza, "pero el dura poco, el castigo no es la última palabra. Protegeré mi viña si haces las paces conmigo".
Dios, ha añadido, "envía a Jesús, es la verdadera vid. Lo que no pudo dar a Israel, lo hizo en Jesús: que tengamos vida y produzcamos frutos de vida. Es una virtud soberana. Nos perdona porque quiere y es libre. Dios pone su gloria donde quiere, en su libre condescendencia, en su abajamiento hacia lo imperfecto. Son las razones del corazón. En la debilidad de Dios está la grandeza".
Rodolfo Prieto ha expresado una convicción total, mucho más compleja que su simple enunciación: "El amor ama porque no sabe hacer otra cosa que amar. La grandeza del amor y la fidelidad son los atributos de Dios que proclama el Antiguo Testamento. Jesús es amor. Con su hijo, Dios se planta ante los hombres, se hace carne, debilidad, cura a los enfermos y libera a los pecadores. Expeimentaréis el acercamiento del años". Por eso ha reivindicado que "degustemos la misericordia, degustemos a nuestro Dios. No podemos renunciar. Para comprender la misericordia, tenemos que acercarnos a la historia" de la vergüenza, el pecado y el alejamiento, porque, "pudiendo elegir bien, hemos elegido vivir en la oscuridad", que ha quebrantado la comunicación interhumana. "Hemos construido un mundo que tiene maldad" y que antes se ha expresado en Adán y Eva, Caín y Abel y otros enfrentamientos históricos de personas, tribus y pueblos.
Frente a las manifestaciones del mal en una humanidad pecadora, "Jesús puede cambiar la filiación de ser hijos del mundo a ser hijos de Dios. Por eso es importante y meditar y hacer examen de conciencia, aunque parezca algo trasnochado. Miremos a Dios en la Cruz con los brazos abiertos para abrazar a los protagonistas de la historia del mal. Colgado en la Cruz para recordar la misericordia de Dios e introducir la salvación en el corazón. La misericordia acogedora que contemplamos en el Cristo en la Cruz".
De ahí que Prieto Sánchez haya invitado a que "salgamos al paso de la libertad que nos ofrece Cristo. Necesitamos tener saber y sabor, sentido y gusto. Saber que se tiene y permite encontrar cómo vivir. Si vivimos con saber pero no con gusto, seremos tristes. Si vivimos con gusto pero no saber, estaremos alegres, pero vacíos. Cuando logramos con sentido y gusto, empezamos a vivir con plenitud".

LIBERTAD LIBERADA
Partiendo del salmo 118 (Dichosos los que caminan en la voluntad del Señor), ha abogado por elegir un modo de indiferencia fructífera y "elegir lo que nos conduce a la libertad renovadora y transformadora", recordando que Dios renunció a su omnipotencia y, por tanto, ejemplificó que "donde no hay libertad, no hay amador ni generosidad con Dios". La indiferencia no es nunca insensibilidad ni tampoco la impasibilidad de los estoicos partidarios de la ausencia de pasiones. "No es pasotismo o relativismo en el que todo da igual. La indiferencia es desear lo que Dios desea. Es una actitud necesaria y previa a toda buena acción", el "amarás al Señor con todo tu corazón, tu fuerza y vida. Es como un enamoramiento, vive por ella y para ella. Dios es nuestro Padre, el único absoluto".
Tras exponer que los ejercicios espirituales son una escuela de elección tras pararse a pensar y refrescar los criterios para nuestra elección, ha parafraseado a San Pablo cuando aseguraba que el Cristo era "libre porque su palabra era liberadora" y no vivía pendiente de la imagen con criterios humanos. Y ha referido la gran proclama de Jesús: "La verdad os hará libres" para concluir estimulando a vivir la indiferencia y la disponibilidad de los seguidores gozosos al servicio de Dios. "Que Jesús nos guíe para vivir esta libertad liberada".
Una oración final con mensaje: "Hoy renuncio a la huida cobarde que ignora mi fragilidad, pero también renuncio a la culpa que me encierra en el autodesprecio. No quiero ser como Judas, atrapado en el narcisismo de mi propia imagen manchada. Quiero ser como Pedro: herido , sí, pero buscando tu mirada para que mis lágrimas me limpien y no me ahoguen. Enséñame a vivir con sentido, sabiendo que soy una criatura salida de tus manos y referida a Ti. Pero dame también el gusto de servirte, que no me falte la alegría de saberme hijo amado, para que mi entrega no sea pesada carga, sino respuesta enamorada. Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te quiero"