La décimo octava edición de la Recreación Histórica de la Batalla del Ebro adaptó este sábado 25 de julio su acto central al escenario de riesgo extremo de incendios. En un ejercicio de responsabilidad, la organización suprimió la recreación vespertina de avances y repliegues militares con intervención aérea, bombardeos, ametrallamientos y abundante material pirotécnico. La decisión restó espectacularidad al espectáculo, pero reforzó las condiciones de seguridad.
Más allá de este cambio, la cita volvió a registrar el éxito de público habitual, con todas las entradas vendidas. La actividad teatralizada arrancó con fuerza gracias a un primer diorama protagonizado por mujeres que abordó uno de los episodios más duros de la guerra: la prostitución como única posibilidad de supervivencia, el desprecio social, la falta de empatía y la criminalización que sufrieron muchas de ellas.
La escena concluyó entre mandíbulas apretadas, ojos enrojecidos y miradas fijas en el cartel que una de las recreadoras mostró al público, donde aquellas mujeres aparecían señaladas como transmisoras de enfermedades de transmisión sexual y, prácticamente, como enemigas infiltradas. La narradora cerró el pasaje recordando que "ese estigma asociado a la prostitución se mantuvo después de la guerra como una forma de exclusión. Estas mujeres formaron parte de la Historia, aunque durante mucho tiempo fueron invisibilizadas."
El tren de Fayón, entendido como convoy de vehículos y no como transporte ferroviario, volvió a ocupar un lugar destacado en las dramatizaciones. Junto a un camión en reparación se exhibieron una ambulancia, una motocicleta y un vehículo blindado, mientras mecánicos, conductores y el resto del personal interactuaron con los visitantes.
A escasos metros de la orilla, varios soldados descargaron una barca con productos básicos de alimentación. Muy cerca, un capellán carlista arengó a sus tropas antes de que estas, ya en tierra, atendieran disciplinadamente sus órdenes. En otro punto del recorrido, varios reclutas comenzaron a conocer el miedo mientras soportaban la severidad de un instructor.
Otro de los escenarios mostró a un grupo de jóvenes recibiendo sus primeras clases de alfabetización, mientras brigadistas internacionales trataban de aprender un vocabulario básico que les permitiera comunicarse. Entre todos ellos caminó una jovencísima fotógrafa que, cámara Leica en mano, inmortalizó la vida cotidiana del campamento desde detrás del visor.
La recreación histórica volvió a construir un mosaico de pequeñas historias personales, instantes de realidad que quedaron grabados para siempre en la memoria de sus protagonistas y que, dieciocho años después, continúan recuperándose en el embarcadero de Fayón. En esta edición participaron unas 300 personas, que se caracterizaron, aprendieron sus respectivos guiones y aportaron tiempo, esfuerzo y recursos para hacer posible una nueva edición del evento. Entre ellas figuró una quincena de vecinos de Huesca integrados en la asociación Primera Línea.