Emocionante despedida al padre Basilio en las Hermanitas de los Ancianos Desamparados de Barbastro

El capellán durante años es agasajado en su hasta siempre coincidiendo con la festividad de Santa Teresa de Jornet

28 de Agosto de 2026
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El obispo Ángel Pérez con el padre Basilio y otros concelebrantes en las Hermanitas de los Ancianos Desamparados
El obispo Ángel Pérez con el padre Basilio y otros concelebrantes en las Hermanitas de los Ancianos Desamparados

Las Hermanistas de los Ancianos Desamparados disfrutaron de la festividad de Santa Teresa de Jornet, fundadora junto con el Padre Saturnino López Novoa de la Congregación en Barbastro, con la doble misión en este año de reconocer la fortaleza de la santa que encontraba en la alegría y la acción de gracias motivos para su benéfica labor, por un lado, y de tributar gratitud al padre Basilio después de años como capellán en los que ha derrochado entrega y cercanía. 

"Le encomendamos al Señor en esta eucaristía pidiéndole que le acompañe, le bendiga y haga fructificar todo el bien sembrado entre nosotros. Unámonos en esta celebración a toda la Congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados en la Acción de Gracias por todos los beneficios recibidos y pidamos por todas sus necesidades", rezaron los reunidos en la monición de entrada.

El obispo de Barbastro-Monzón, Ángel Pérez Pueyo, recordaba tres motivos para celebrar. El primero, a Santa Teresa de Jornet, la fundadora de las Hermanitas a las que felicitaba "por ser hijas de tan buena madre". En segundo lugar, la vivencia del Año Jubilar de San Ramón obispo. Y, tercero, "despedimos y damos gracias al padre Basilio que después de tantos años como capellán de esta casa marcha a Lérida para vivir acompañado por sus hermanos sacerdotes".

Tres motivos distintos para un verbo común: "Cuidar". Dado como es el prelado a sus peculiares parábolas, ponía a la feligresía a imaginar un encuentro de Santa Teresa Jornet y San Ramón, separadas por los tiempos y por la peculiaridad de cada una de sus vocaciones. Ella convirtió a los ancianos desamparados en su familia. El obispo aprendió que "el báculo sólo tiene sentido cuando sirve para sostener, nunca para dominar".

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En el diálogo creado por la creatividad de Pérez Pueyo, la pregunta de San Ramón: "Teresa, ¿cómo descubriste que Dios te llamaba precisamente a cuidar ancianos?" Y la contestación de la Santa: "Ramón, quizá porque aprendí a mirar donde otros dejaban de mirar".

Admirado por la respuesta, el prelado de hoy reflexiona. "Vivimos en una sociedad que mira la juventud, la belleza, la fuerza, la productividad, el éxito…Y existe el peligro de que, cuando alguien comienza a perder fuerzas, a olvidar, a necesitar ayuda para levantarse o para comer, pensemos: "Ya no puede". "Ya no sirve". "Ya no es el que era". Pero Teresa Jornet descubrió algo profundamente evangélico: una persona nunca deja de ser valiosa. No vale por lo que hace. Vale por lo que es. Hijo de Dios. Amado. Único. Irrepetible. Hasta el último instante".

Pérez Pueyo arengaba a los mayores con una convicción: "Vuestra vida sigue teniendo un valor inmenso", y hay que huir de la resignación. "Podéis querer. Podéis  agradecer. Podéis sonreír. Podéis rezar. Podéis ofrecer. Y podéis hacer algo que a veces nos cuesta muchísimo: dejaros cuidar".

La homilía proseguía con la continuación del diálogo entre la santa y el obispo santo, en torno a sus respectivas acciones virtuosas. Echando la vista hacia la amplitud de la vida, expresaba la dimensión de la residencia. "Aquí vive quien un día fue niño. Quien se enamoró. Quien trabajó. Quien crio hijos. Quien sufrió. Quien tuvo sueños. Quien perdió personas queridas. Quien se equivocó y volvió a empezar. Y ahora necesita algo tan elemental como esto: que alguien le mire con cariño, que alguien le llame por su nombre, que alguien le coja la mano y que alguien le haga sentir: "Tú sigues siendo importante"".

AL PADRE BASILIO

La siguente parte de la alocución episcopal fue dirigida al padre Basilio. "Después de tantos años cuidando espiritualmente esta casa, ahora te toca también a ti dejarte cuidar". Se desplaza a Lérida para vivir acompañado de sus hermanos sacerdotes marcados por la espiritualidad de San Juan de Ávila y la obra del padre José Soto.

Se ha ganado, y así lo vería Santa Teresa Jornet, el derecho a dejarse acompañar, pero le invitaba a entender que en las Hermanitas "dejas mucho". "Dejas estas Hermanitas. Estos mayores. Celebraciones compartidas. Conversaciones. Confidencias. Horas de capilla. Enfermos acompañados. Personas despedidas. En definitiva: Dejas aquí una parte de tu vida".

Una palabra que es propia y es común porque los cristianos no hemos de cansarnos de pronunciar: "GRACIAS". "Gracias por las Eucaristías. Por las confesiones. Por las unciones. Por acompañar a quienes iban perdiendo fuerzas. Por estar junto a quienes llegaban al final del camino. Porque un capellán de una residencia descubre muy pronto que aquí no basta con hacer de sacerdote. Hay que ser sacerdote". esto es, "estar, escuchar, esperar, bendecir, consolar y, algunas veces, sencillamente, sentarse al lado".

Recuerdos de otros hermanos de la Fraternidad Sacerdotal de San Juan de Ávila entregados durante años a la diócesis, como los padres Martín, Jerónimo y Antonio, que han atendido parroquias, pronunciado eucaristías, escuchado horas de confesionario, visitado enfermos, recorrido kilómetros...

Puestos, el prelado ya ideaba unas palabras de San Ramón a Basilio, porque cambian los destinos, las casas, las fuerzas y las responsabilidades, pero "hay algo que no se jubila nunca: la vocación". Y un sacerdote no se jubila de su misión.

El Padre Basilio recibía una placa, "pequeña, no caben en ella tantos años, tantas personas, tantas Eucaristías, tantas conversaciones ni tantasa lágrimas acompañadas". Pero, al mirarlo, ha de pensar que "aquí queda una familia que te quiere y una Iglesia que te da las gracias".

Final tras otra charla entre San Ramón y Santa Teresa Jornet para confluir en el agasajado. "Gracias por lo que has sido. Ahora comienza otra etapa. Déjate cuidar. Déjate querer. Y sigue haciendo lo que has hecho durante tantos años: reza por nosotros. Nosotros también rezaremos por ti. Que santa Teresa Jornet, san Juan de Ávila y nuestro querido san Ramón te acompañen. Y que el Señor nos conceda a todos llegar al final de nuestra vida pudiendo decir sencillamente: "He intentado gastar mi vida cuidando"".

Al final, como previamente había apostillado el obispo Pérez Pueyo en la plática entre los santos, un mensaje para quienes miran la vida con la perspectiva de la senectud. "Queda a quién hemos amado. Queda a quién hemos cuidado. Queda a quién hemos levantado. Queda la mano que sujetamos cuando alguien tenía miedo. Queda el tiempo que regalamos. Queda el amor". Y San Ramón, de respuesta rápida y clarividente, sentencia: "Entonces el secreto es muy sencillo: hacer de la vida un servicio".

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