El periodismo atraviesa una de sus crisis más profundas, y no se trata únicamente de un problema de modelos de negocio o de pérdida de confianza, sino de una crisis humana que afecta directamente a quienes sostienen las redacciones.
Según datos recientes expuestos durante el 27 Congreso de Periodismo de Huesca, el 60 % de los reporteros reporta altos niveles de ansiedad y uno de cada cinco presenta síntomas de depresión, un escenario que ha impulsado un debate inédito en el encuentro profesional: poner en el centro la salud mental de quienes informan.
La mesa redonda titulada “Redacciones al límite: cuidar al periodista, cuidar el periodismo” ha reunido a profesionales para analizar las consecuencias de un entorno laboral cada vez más exigente. Moderada por Pilar Balet, la conversación ha contado con la participación de Mar Cabra, María Sánchez Díez y Fernando Rodríguez, quienes han coincidido en señalar que el deterioro emocional en las redacciones se ha convertido en un problema estructural del sector. Mehdi Lebouachera no ha podido asistir, como estaba previsto, pero ha enviado un mensaje a través de un vídeo.
UNA PROFESIÓN VOCACIONAL "QUEMADA"
El carácter vocacional del periodismo ha servido durante décadas para normalizar la disponibilidad permanente y el sacrificio personal. Durante el debate, Mar Cabra ha relatado su propia experiencia profesional y ha explicado cómo el reconocimiento internacional -tras participar en la investigación de los Papeles de Panamá- no evitó un proceso de agotamiento extremo que terminó alejándola de las redacciones. La periodista ha descrito el burnout como una realidad cada vez más extendida entre profesionales sometidos a una presión constante.
Cabra ha recordado que, tras más de veinte años de carrera y después de ganar el Premio Pulitzer, decidió abandonar las redacciones en 2017 al sentirse completamente “quemada”. A partir de esa experiencia personal comenzó a preguntarse, según ha explicado, si es posible hacer periodismo de excelencia trabajando ocho horas al día y sin sacrificar la salud. “¿De qué sirve tener grandes profesionales si luego acaban dejándolo porque no nos cuidamos?”, ha planteado durante la conversación.
La periodista ha insistido en que el problema va más allá de los modelos de negocio y ha hablado de una auténtica “crisis de personas” dentro del sector. En ese sentido, ha recordado varios datos que reflejan la magnitud del problema: en España tres de cada cuatro periodistas consideran que existe un problema grave de salud mental en la profesión, y distintos estudios internacionales muestran que el acoso afecta de forma desproporcionada a las mujeres periodistas.
Entre esos datos, Cabra ha citado una investigación elaborada por la International Women’s Media Foundation y la Unesco que señala que el 73 % de las mujeres periodistas ha experimentado violencia de género y que una de cada tres ha pensado en abandonar la profesión. También ha señalado que, en España, el periodismo aparece entre las carreras de las que más se arrepienten los jóvenes que las estudiaron.
Fernando Rodríguez ha advertido también de la escasa conciencia sobre las dolencias físicas y psicológicas derivadas del trabajo periodístico y ha señalado las dificultades que encuentran muchos profesionales para que las mutuas reconozcan estas afecciones como problemas laborales.
El fotoperiodista ha puesto además el foco en el desgaste físico que provoca el ejercicio diario de la profesión. Rodríguez ha explicado que muchos profesionales arrastran problemas de espalda o de rodillas tras años trabajando con equipos que pueden superar los diez kilos de peso.
Según ha relatado, esta realidad rara vez se reconoce como enfermedad laboral y, en numerosas ocasiones, obliga a los periodistas a iniciar procesos de reclamación frente a las mutuas. En su propio caso, ha recordado que logró una sentencia firme que reconoció el origen profesional de su baja médica, una experiencia que, a su juicio, demuestra la necesidad de visibilizar estas situaciones y reclamar derechos laborales.
PRECARIEDAD, INMEDIATEZ Y ACOSO
La transformación digital ha añadido nuevas capas de presión a una profesión ya marcada por la precariedad. María Sánchez Díez ha descrito el contexto actual como una “tormenta perfecta”, resultado de la combinación entre ciclos informativos cada vez más acelerados, la sensación de urgencia permanente y un entorno digital donde el acoso se ha vuelto habitual.
María Sánchez Díez también ha compartido una experiencia personal para ilustrar el alcance del acoso digital contra periodistas. Ha relatado que, tras publicar en Twitter un comentario crítico sobre una entrevista a Felipe González, su dirección personal fue difundida en Forocoches, lo que desencadenó durante semanas una oleada de insultos y amenazas. Según ha explicado, episodios como este muestran hasta qué punto la exposición en redes sociales puede convertirse en un factor de desgaste psicológico para los profesionales de la información.
Este desgaste no afecta por igual a todos los profesionales y golpea con especial intensidad a determinados colectivos. Además, el acoso en línea y prácticas como el doxing impactan con mayor fuerza en personas pertenecientes a minorías étnicas, una situación que amenaza directamente la diversidad de voces dentro de los medios.
RELEVO GENERACIONAL Y GESTIÓN DE EQUIPOS
El debate también ha puesto el foco en el relevo generacional dentro de las redacciones. Mientras los millennials han contribuido a visibilizar el problema del agotamiento profesional, la Generación Z está entrando en el sector estableciendo límites más claros entre la vida laboral y personal y cuestionando dinámicas que durante años se consideraron inevitables.
Fernando Rodríguez también ha reflexionado sobre este relevo generacional desde la experiencia del fotoperiodismo. Ha explicado que, con el paso de los años, su forma de trabajar ha cambiado: si al inicio de su carrera priorizaba equipos más potentes y pesados, hoy incluso se plantea prescindir de baterías adicionales para reducir el peso que debe cargar durante la jornada. A su juicio, al menos en el ámbito de la fotografía en Asturias, no se percibe un relevo claro y muchos de los profesionales que continúan en activo son trabajadores veteranos que ya arrastran dolencias físicas crónicas.
Sin embargo, los participantes han coincidido en que el cambio no puede recaer únicamente en decisiones individuales. María Sánchez Díez ha señalado que existe una carencia evidente en la gestión de equipos dentro de las redacciones, donde con frecuencia buenos reporteros son promovidos a puestos de responsabilidad sin recibir formación en liderazgo o inteligencia emocional. “Ser buen periodista no garantiza ser un buen jefe”, ha afirmado, al subrayar que los ecosistemas informativos son frágiles y requieren líderes capaces de escuchar y cuidar a sus equipos.
"LA INVESTIGACIÓN DE UNO MISMO"
Ante este escenario, han surgido iniciativas destinadas a transformar la cultura profesional del periodismo. Una de ellas es The Self Investigation, una fundación impulsada por Mar Cabra que ha trabajado con más de 13.000 profesionales de medios como The Guardian, la Agencia France-Presse o proyectos locales como La Comarca en Aragón para promover prácticas laborales más sostenibles dentro de las redacciones.
El proyecto se centra en desmontar algunas “noticias falsas” muy arraigadas en la profesión, como la idea de que un buen periodista debe estar conectado las veinticuatro horas del día. Cabra ha explicado que la organización también desarrolla programas de formación para directivos y responsables de equipos con el objetivo de mejorar la gestión de conflictos y del estrés dentro de las redacciones, además de ofrecer recursos y guías gratuitas para prevenir el burnout y organizar encuentros internacionales como la Cumbre de Salud Mental en el Periodismo.
La periodista también ha criticado que en muchas reuniones de ejecutivos se hable de inteligencia artificial pero no de inteligencia emocional. A su juicio, existen medidas que pueden mejorar la salud laboral sin coste económico, como normalizar las conversaciones sobre salud mental para eliminar el estigma o crear espacios seguros dentro de los equipos.
Para explicar esa idea, Cabra ha recurrido a varias analogías. Ha comparado el trabajo periodístico con un árbol flexible que necesita raíces fuertes -el autocuidado- y una red de apoyo con otros compañeros para resistir las presiones del entorno. También ha recordado la imagen de la máscara de oxígeno en los aviones: “Primero tienes que ponértela tú para poder ayudar a los demás”, ha señalado, para subrayar que un periodista sin salud difícilmente puede informar bien.
La periodista también ha compartido experiencias personales relacionadas con la ansiedad. Ha recordado que, en los inicios de su carrera televisiva, llegó a bloquearse en algunas ocasiones por la presión y terminaba llorando en el baño antes de salir a trabajar. A partir de esa experiencia comenzó a investigar técnicas de gestión emocional que hoy comparte con profesionales del sector.
Entre ellas, ha guiado a los asistentes en la técnica sensorial conocida como 5-4-3-2-1, un ejercicio que consiste en identificar cinco cosas que se ven, cuatro que se pueden tocar, tres que se oyen, dos que se huelen y una que se saborea para recuperar la atención y reducir la ansiedad en momentos de estrés. Su mensaje final para los profesionales ha sido directo: “Eres más importante que tu trabajo”.
UN REQUISITO PARA LA DEMOCRACIA
El mensaje final del debate ha sido contundente: cuidar la salud mental de los profesionales no es un lujo, sino una condición imprescindible para garantizar un periodismo de calidad. Los participantes han advertido de que cuando las redacciones funcionan bajo niveles extremos de presión, la capacidad de análisis y el rigor informativo se resienten.
Fernando Rodríguez ha añadido una reflexión crítica sobre el modelo de negocio actual de los medios. El fotoperiodista ha advertido de que muchas empresas ya no apuestan por profesionales ni por la calidad del trabajo periodístico y optan por utilizar material gratuito o de bajo coste, como imágenes enviadas por instituciones o ciudadanos a través de aplicaciones de mensajería. A su juicio, esta práctica reduce los costes empresariales pero deteriora la exigencia profesional y debilita el periodismo de investigación.
Mar Cabra ha recordado una reflexión del psiquiatra Viktor Frankl para resumir esa idea: la libertad del ser humano se encuentra en el espacio que existe entre el estímulo y la respuesta. Sin ese margen para pensar y analizar, han concluido los participantes, el periodismo pierde parte de su función crítica y, con ella, se debilita también la salud democrática.
EL INTERÉS DEL PÚBLICO
El turno final de preguntas del acto ha abordado la precariedad laboral, la conciliación y la salud mental en las redacciones, con intervenciones centradas en cómo afrontar dinámicas laborales abusivas y qué herramientas pueden ayudar a mejorar el bienestar de los profesionales del periodismo.
Ante la pregunta sobre cómo gestionar condiciones abusivas, jornadas incompatibles con la vida personal o la falta de conciliación, los participantes han coincidido en que el bienestar mental depende de cambios estructurales en las organizaciones. En este sentido, han señalado la necesidad de implantar protocolos de apoyo y formar a los responsables de equipos para eliminar dinámicas tóxicas, tal como recomienda la Organización Mundial de la Salud.
También han subrayado la importancia de apoyarse en los sindicatos para reclamar derechos como la desconexión digital, evitando responder correos o mensajes de trabajo fuera del horario laboral o durante las vacaciones. Antes de que el conflicto escale, han aconsejado intentar una conversación directa y privada con los responsables para explicar cómo afectan estas prácticas al trabajador.
En relación con las buenas prácticas para mejorar la conciliación, los ponentes han destacado que una de las herramientas más eficaces es modelar el comportamiento que se desea promover dentro de los equipos. Así, han explicado que cuando una persona con responsabilidades marca límites claros -por ejemplo, no enviar mensajes por canales de trabajo fuera del horario o respetar los periodos de descanso- transmite al resto del equipo que esa conducta es la adecuada. Según han señalado, la forma de actuar de quienes tienen liderazgo influye directamente en las expectativas y dinámicas del grupo.
Otra cuestión planteada ha sido cómo detectar señales de alerta que indiquen un problema de salud mental en periodistas. Marca Cabra ha indicado que el primer indicador suele ser un cambio respecto al estado habitual de cada persona, como, en su caso, mostrarse más negativa o perder el sentido del humor.
A ello pueden sumarse síntomas físicos y emocionales como dificultades para dormir, pensamientos recurrentes, tensión corporal, irritabilidad, hinchazón abdominal asociada al estrés o el uso de ansiolíticos. Han subrayado que el síndrome de ‘burnout’ puede prevenirse si se aprende a gestionar el estrés y a desarrollar mecanismos de autorregulación.
Sobre las consecuencias de que un medio publique información acerca de los problemas de salud mental de sus propios periodistas, han reconocido que muchas redacciones muestran reticencias a analizar sus propias dinámicas internas, ya que resulta más sencillo investigar lo que ocurre fuera que dentro. No obstante, han explicado que han tenido experiencias positivas participando en entrevistas o publicaciones que abordan abiertamente el cuidado de los profesionales del sector, contribuyendo a normalizar este debate.
Para fomentar el cuidado mutuo entre periodistas, han destacado la escucha activa como herramienta fundamental, planteando preguntas sinceras sobre el estado real de los compañeros. Además, han recomendado que los responsables de equipo celebren reuniones individuales periódicas para revisar la carga de trabajo y el estado emocional de cada profesional. Entre compañeros, han defendido la creación de espacios donde compartir cómo se sienten y reorganizar tareas en función de la energía disponible en cada momento.
Por último, los participantes han señalado que es necesario cambiar ciertas creencias arraigadas y visibilizar el sufrimiento en espacios seguros, recordando que cada vez más profesionales reconocidos han empezado a hablar públicamente de ansiedad u otros problemas, lo que contribuye a humanizar la profesión. Cuando un compañero niega o ridiculiza estas situaciones, han indicado que puede deberse a la falta de conocimiento científico, por lo que han recomendado no centrar los esfuerzos en convencer a esas personas y buscar apoyo en redes externas.
En este sentido, el debate ha concluido subrayando la importancia del asociacionismo profesional, ya que no afrontar en solitario los problemas laborales o emocionales permite conectar a personas con experiencias similares y generar cambios reales dentro del sector.