Fallece el doctor Fernando Sarvisé, las manos y el corazón en los que ha residido la esperanza de miles y miles de oscenses

La comunidad sanitaria llora la desaparición de un cirujano admirable y una persona entregada que ha practicado como un maestro el difícil arte de la amabilidad

31 de Octubre de 2026
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Pepe Borrel, Fernando Sarvisé y Virtudes Pelegrina en el Colegio de Médicos de Huesca cuando recibió en 2024 la distinción honorífica. Foto Myriam Martínez
Pepe Borrel, Fernando Sarvisé y Virtudes Pelegrina en el Colegio de Médicos de Huesca cuando recibió en 2024 la distinción honorífica. Foto Myriam Martínez

Si te va a operar el doctor Sarvisé, ya puedes estar tranquilo. Ha sido, durante muchas décadas, la proclamación de fe de miles de oscenses en las manos y el corazón de Fernando Sarvisé Lacasa, que esta pasada noche ha dejado huérfanos de su presencia a su admirable esposa Merche Pérez, a sus hijos y a multitud de amistades huérfanos de su bonhomía, de su admirable vara de medir, de su templanza, virtud que compartía con amigos para siempre como Antonio Angulo o Miguel Ángel Santos Gastón. Una leucemia de la que parecía recuperarse le ha atacado rápidamente para no dejar un resquicio de esperanza a la resistencia de un médico que ha dignificado el juramento hipocrático.

Fernando Sarvisé, natural de Albero Alto, destacó en sus estudios y específicamente en su aplicación en el sentido más amplio. Cursó Medicina en la Universidad de Zaragoza y se especializó en Cirugía General y del Aparato Digestivo. Inició su desempeño profesional con un maestro transgresor y genial como fue Miguel Ángel Santos-Gastón, con quien compartió quirófano en el Hospital San Jorge en el que sirvió durante muchas décadas desde que aún no era universitario. Una conversación con mesa y mantel entre ambos galenos era una biografía sorprendente de aquellos años setenta, ochenta y noventa en que los dos salvaron vidas de toreros por México, Venezuela, Colombia y otros países sudamericanos. Disfrutaron de veladas madrileñas con amigos como Florinda Chico o Lusón y Codeso. Compartían experiencias y conocimientos, la cirugia como unión, la vida consagrada a salvar vidas y alegrar corazones. El sello de la generosidad.

El doctor Sarvisé Lacasa ha sido durante casi medio siglo una referencia ineludible en el Hospital, una esperanza para los pacientes que se veían sometidos a la incertidumbre de una operación. Siempre franco, acompañaba las consultas previas al paso por el quirófano en un verdadero acompañamiento: tú, tranquila; tú, tranquilo. Sin eludir los riesgos inherentes a la intervención, en unos casos más que en otros. Revestía de calidez un trance complicado, inquietante.

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Fernando Sarvisé, que ha sido muy viajero, era una persona meticulosa y científica. Tal era su rigor que incluso para la adquisición de su vivienda contemplaba la obra desde todas las perspectivas para escoger la orientación y para vislumbrar esos detalles que al común de los mortales se nos escapan. "Es que ahí vas a estar toda la vida", recuerdo que nos dijo en una mesa cuando un amigo valoraba esa rareza suya.

No era especialmente deportista, aunque sí dinámico y saludable. Gran conversador, escuchaba y observaba antes de pronunciarse, siempre con fino criterio, con flema y afabilidad en cualquiera de los asuntos sobre el mantel, donde además era no sólo de refinados modales sino además de exquisitez en los sentidos para apreciar las bondades de la gastronomía.

En todas las facetas de su vida, Fernando Sarvisé Lacasa ha sido sobresaliente en la práctica del arte de la amabilidad. Con naturalidad, recogía hace dos años la distinción honorífica del Colegio Oficial de Médicos de la provincia de Huesca presidido por Pepe Borrel, y en el que ya en la etapa de Olga Ordás se había sumado al equipo de organización de actos para los eméritos dirigido por su amiga Virtudes Pelegrina.

En la Santander señorial y cantábrica ha visto su última luz quien ha sido luz de la salud, allí ha sido incinerado y en los próximos días será honrado en su Huesca, donde se cuentan por miles los que han sentido su salvífica misión médica. Se va un hombre tranquilo, inteligente y firme en el pulso y las convicciones. Descanse en paz el doctor Fernando Sarvisé Lacasa.

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