Fallece Pedro Abad Martínez, el primer capellán del Hospital San Jorge de Huesca

Se preocupaba por los pacientes, sus acompañantes y por el personal del centro sanitario

26 de Febrero de 2023
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Pedro Abad Martínez
Pedro Abad Martínez

Pedro Abad Martínez, quien fuera el primer capellán del Hospital San Jorge de Huesca, ha fallecido el sábado 25 de febrero, a los 94 años de edad, pero su labor en el centro sanitario permanecerá en la memoria de muchos de los empleados con los que trabajó, pacientes y familias, así como de las estudiantes de enfermería a las que impartió clase.

Los funerales se celebrarán este lunes 27, a las 11:00, en la Iglesia parroquial de Santo Domingo y San Martín, de la capital altoaragonesa, y seguidamente se procederá a la conducción del fallecido a la iglesia de Lanaja, donde tendrá lugar un responso y será enterrado.

El monegrino Pedro Abad nació en Lanaja el 9 de septiembre de 1928. Fue ordenado sacerdote en la ciudad de Huesca, por monseñor Lino Rodrigo, el 19 de mayo de 1951. Ejerció como ecónomo de Linas de Marcuello y fue encargado de Sarsamarcuello y Riglos (1951-1952);  Ecónomo de Sarsamarcuello y encargado de agregados (1952-1954); Ecónomo de Lalueza y encargado de Poleñino (1954-1955). Fue profesor del Seminario (1955-1967). Encargado de Nocito (1957), Barluenga  (1959), vicerrector del Seminario (1959-1967), delegado diocesano de la Santa Infancia (1959-1967), capellán del Hospital San Jorge (1967-2018),  profesor de Religión y Moral Profesional de la Escuela de ATSF (1969) y consiliario de la Frater.

En el libro Toda una vida publicado en el 50 aniversario del Hospital San Jorge, el capellán recordaba que había llegado al centro el 12 de julio de 1967. "Me dijeron que para 15 días y han pasado 50 años. Los mejores de mi vida".

Estudió enfermería en el Hospital San Juan de Dios de Zaragoza, y explicaba que gracias a la formación que adquirió y su contacto con los enfermos y el personal sanitario, comprendió qué era un hospital y cómo debía integrarse con todos los que trabajan "para el bien del enfermo".

Recordaba que, al principio, el Hospital San Jorge contaba tan sólo con unos 200 trabajadores. "Como una familia, todos nos conocíamos. En el hospital vivíamos los médicos residentes de urgencias, las religiosas Las Paulas, las enfermeras supervisoras y yo. entre nosotros había amistad y una gran colaboración".

Pilar Broto, que se jubiló en 2018, coincidió con él 45 años y mantuvo mucha relación con él. Era enfermera en la planta de Cirugía, después en la de Neurología, Urología, Oftalmología y Otorrino y más tarde pasó a Consultas Externas. Le recuerda como un hombre "comprensivo, observador, no muy hablador pero sí muy cercano, y generoso cien por cien".

Se le quedaron grabadas algunas de sus palabras y consignas, como que "el nivel cultural de los pueblos se demuestra en cómo tratan a los enfermos".

Y es que Pedro Abad siempre hacía todo lo posible por ayudar a los demás. Intercedía por gente que tenía problemas, les buscaba soluciones o incluso les daba dinero de su propio bolsillo. "Se implicaba mucho, siempre estaba echando una mano. yo le pedía mucho para los pacientes y él siempre respondía", afirma.

En el año 1970 se creó la Escuela de Enfermería adscrita al hospital, donde fue profesor de Bioética durante 15 años. "Estaba muy pendiente de si las alumnas podían pagar la matrícula y si no podían, él se ocupaba. Que no sepa tu mano izquierda lo que ha hecho la derecha, me decía". 

Pedro Abad tenía muy buena relación con los médicos jóvenes que acababan de ingresar en el centro sanitario y también con el resto del personal. Cuando se encontraba con pacientes que profesaban otras religiones no tenía mayor problema, por el contrario procuraba buscarles soluciones. "Yo le solía decir que a medida que cumplía años se volvía todavía más abierto. Nunca juzgó a nadie".

Pedro Abad, celebrando la boda de Pili Broto
Pedro Abad, celebrando la boda de Pili Broto

Pili Broto reconoce que "no era de las más rezadoras", pero tenía mucho trato con él. Tanto, que le pidió que le casara. "Entonces no tenía la suerte de tener en el Perpetuo Socorro a Santiago Villacampa, por eso me cambié a la de Santiago", observa.

El capellán se preocupaba también por el personal del hospital. Cuando sabía que alguien tenía un día malo, se dejaba caer por ahí. También le interesaban las condiciones laborales y solía apoyar reivindicaciones, como el aumento de plantilla, o la ampliación y separación de servicios.

Y sostenía que había que procurar el bienestar del paciente, pero también del acompañante. "En los años 70, ingresaba gente mayor de los pueblos y las familias entonces igual no tenían coche. Él se aseguraba de que tuvieran dinero para coger el autobús de línea".

"Pili, ¿tú de dónde eres? -me decía-, del pueblo más bonito del Sobrarbe, de Arcusa, ¿por? Porque hay que ser solidarios con todos, hay que ayudar por humanidad", sigue relatando Pilar Broto. Y si veía que a una abuela que acompañaba a un enfermo se le inflamaban los pies, le buscaba un sillón cómodo, o un lugar para descansar, o para ir a comer. Hasta yo cuestionaba al principio que tuviera que haber una plaza de cura en el hospital, pero luego veía que a los pacientes les iba bien. Un cura así, a mí me encanta"

Pedro Abad entendía un hospital "como una casa abierta las 24 horas, a cuya puerta nadie quiere llamar, pero nadie quisiera encontrarla cerrada si la necesita"

"Es un servicio entendido como disponibilidad y garantía de seguridad. A pesar de la severidad del lugar, en el hospital puede haber entusiasmo y alegría. Incluso, en algunos momentos reina más paz y serenidad que en cualquier otro lugar de la sociedad", dejó escrito.

 

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