Bien podría aplicarse a la localidad una interpretación de la expresión del pueblo ante los reyes: "En Sesa no somos muchos, pero somos mucho". El censo multiplica sus efectos tanto por el retorno permanente de quienes viven en las ciudades como por el hecho de que toda la población se vuelca ante las grandes festividades.
La alcaldesa, Sonia Blanco, muestra su euforia con el desarrollo de Halloween, la festividad de origen irlandés falsamente atribuida a Estados Unidos y que ha sido una magnífica prueba de fuego para los sesanos y para su capacidad de fusionar voluntades intergeneracionales.
Sesa se caracterizó con plenitud e integridad de la fiesta precedente a Todos los santos (Halloween es la contracción de All Hallows 'evening precisamente por su significado). Desde primeras horas de la tarde, la gente menuda se dedicó a recorrer las casas para rigurosamente proponer el "truco y el trato" y cosechar un buen puñado de golosinas.
La capacidad de asombro no conocía límites. Casi todas las casas aparecían decoradas, incluso algunas de ellas ambientadas con música de terror. Más allá de los padres, los abuelos salían disfrazados y bien pertrechados de chucherías en la búsqueda inversa hacia los niños. Algunos vecinos derrocharon creatividad con espectáculos específicos de miedo y de misterio. "Recogimos dos carros de compra llenisimos de chuches, chocolate, magdalenas y hasta longanizas. Fue genial", asegura la alcaldesa.
Impresionó muy especialmente en la noche enigmática una de las viviendas, en concreto la de una señora que decoró toda su casa con calaveras y fantasmas hechas de ganchillo, lo que añade un mérito extraordinario con la incorporación de la técnica artesanal a una fiesta posmoderna como es ésta en España.
El resultado final fue admirable, Sesa engrandeció su proyección festiva que ha quedado acreditada y, además, quién sabe si el misterio puede algún día atraer a su pueblo para esta cita a uno de sus más insignes descendientes, el economista Gonzalo Bernardos, que en cuanto puede retorna a sus orígenes. Y, además, confluye que sus opiniones, a algunos, les "dan terror". Sin necesidad de Halloween.