La Fiesta d'as Mascaretas de Agüero ha celebrado esta mañana, esta tarde y esta noche la esplendidez de su mayoría de edad, 18 ediciones nada menos de una manifestación cultural, de una tradición arraigada en el comienzo de los tiempos y proyectada con una fuerza extraordinaria por un pueblo con una vitalidad tan deslumbrante como el fuego que se apodera, y brilla en la noche, del escenario ideal para la magia y el esoterismo.
A la espera otro año más de la declaración de Fiesta de Interés Turístico Regional, caerá por su propio peso, las gentes de Agüero se han concentrado para un gran abrazo entre los que permanecen a la sombra de los mallos y bajo los rezos de la ermita y aquellos que sienten la necesidad de volver porque este es su pueblo de siempre, por más que el trabajo o los estudios les hayan llamado a tierras remotas. Como en tiempos inmemoriales, se encuentran pronto para participar en el taller de mascaretas en la Era Patia desde las 11 de la mañana, gracias al empuje de la Asociación Santa Quiteria.
Preparado ya el elemento identitario de la fiesta, cada cual a comer y, a las 18:30, ambientazo con el pasacalles desde la Plaza Baja con la Charanga Os Mozés, esos chavales jaqueses que saben lo que es proclamarse campeones del Festival Nacional y que lo demuestran con tanto entusiasmo como buena música. Son una especie de dinamo que mueve los cuerpos de mayores, de adultos, de adolescentes y de zagaletes, a ritmos de siempre o bajo las nuevas inspiraciones. Lo que es un fiestón.
Horas y horas ha estado bailando todo Agüero, que comprende a los del pueblo y a los amigos. Es como si todos, empezando por su alcaldesa, María Pilar Viejo, se hubieran colocado aquellas famosas pilas que duran y duran. Muchísimos, con mascaretas y algunos con otras manifestaciones tendentes al misterio. La ronda ha recorrido todas las calles del pueblo, con esa energía que propiciaba La Brasería, abierta en la era de la Patia con bocatas y bebida desde las 11 de la mañana hasta las 22.
En el pueblo, se han entrelazado personajes vestidos de época -de antaño- y muchos de pura fantasía, As Majas con sus atractivos mantones y sus mascaretas, Os Fieros que asustan con sus pieles prehistóricas y las cornamentas, El Caracolero era la alegoría con su caparazón de la fortaleza. Cuando ya había oscurecido, los fuegos artificiales han puesto un espectáculo de ruido y de color culminado con las llamas desde el campanario desde el que ha sido lanzado al vacío El Moñaco de paja, símbolo del invierno que se esfuma. Al menos, como consuelo, le ha acompañado el Himno Nacional para que el golpazo tuviera algo de compostura.
Esperaba ya la noche, donde los jóvenes han propiciado el milagro que la estira hasta la madrugada, de la oscuridad al amanecer al ritmo del Dj Albertín en la Cochera del Dudé. Un año más en el que As Mascaretas han enseñado el fino hilo entre la realidad y la fantasía. Una y otra conviven en el Agüero fascinante.