Homenaje de La Puebla de Castro a mosén José Mairal, 67 años "de pastor que se hizo cordero para rescatar al rebaño"

El pueblo y el obispo Pérez Pueyo reconocen la extraordinaria labor del cura destinado ahora a las Hermanitas de los Ancianos Desamparados

17 de Agosto de 2026
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Monseñor Ángel Pérez Pueyo con mosén José Mairal en el homenaje en La Puebla de Castro
Monseñor Ángel Pérez Pueyo con mosén José Mairal en el homenaje en La Puebla de Castro

Mosén José Mairal Villellas, oscense de Artasona, ecónomo diocesasno y secretario general del Obispado de Barbastro-Monzón, párroco en la Asunción barbastrense, en Graus, en Salas Altas y Salas Bajas, ha culminado su ejercicio sacerdotal rural en La Puebla de Castro, que este pasado domingo rendía tributo al buen cura con el afecto popular que gana en calidez a la temperatura climática.

José Mairal ha sido desde el 12 de octubre de 1998, festividad de la Virgen del Pilar, párroco de La Puebla de Castro, Bolturina-Ubiergo y Secastilla, papel que ha compaginado con sus cargos de vicario judicial del Obispado, Canónigo de la Catedral barbastrense y delegado diocesano de Liturgia, además de Capellán de la Casa Amparo y de la Cofradía de San Ramón. Deja mucha huella en La Puebla de Castro, que todavía recuerda aquel frío 4 de diciembre de 2010 cuando el sacerdote entregó al pueblo, que le homenajeaba en sus 50 años de sacerdocio, la tabla de Pereza Castro, pintada en torno al 1400, expuesto en la iglesia parroquial de Santa Bárbara.

Mosén José Mairal, en el que tanto ha confiado monseñor Pérez Pueyo que incluso llegó a entregarle la responsabilidad rectoral en 2023 en Torreciudad y que llevó hasta La Puebla de Castro a la virtuosa organista Maite Aranzabal (titular del órgano del citado santuario), escuchaba en este tributo del domingo la definición del obispo: es "el pastor que se hico cordero para rescatar al rebaño".

Ángel Pérez Pueyo, al igual que el Cristo instruía con la eficacia de las parábolas, relataba una conocida historia para visualizar el "alma de pastor" del mosén. Aquel gran actor que recitaba poemas de Shakespeare en un certamen cultural y, al terminar, un sacerdote le pidió si podía recitar el Salmo 22. Aceptó el reto: "El Señor es mi pastor, nada me falta". Y recogió una gran ovación. A continuación, el cura asumió su compromiso e hizo lo propio. Nadie aplaudió. El actor, afectado, se dirigió a los asistentes: "Señoras y señores. Ustedes se habrán podido percatar de lo que ha ocurrido en esta sala: Yo conocía el salmo, pero este hombre conocía al Pastor".

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Extrapoló la narración a la realidad. "Más allá de tu sabiduría y de tu probada experiencia, lo importante es conocer al Pastor. Y dejar que Él vaya haciendo de nosotros pastores según su corazón".

Remembró su llegada a la Diócesis y el impacto que le produjeron las tres palabras con las que José Mairal resumió su misión en la curia: "Acoger, escuchar y facilitar". Tres verbos que el propio jerarca ha querido conjugar "en todos sus tiempos y modos".

67 AÑOS DE SERVICIO

"Muy fecundos y muy diversos". Así calificaba Ángel Pérez los 67 años de servicio cimentados intelectualmente en sus estudios de Teología y Derecho Canónico cursados y aprobados en madurez, que han permitido resolver cuestiones delicadas "que requerían no solo prudencia pastoral, sino también rigor jurídico. Esto también es pastorear: ayudar a "salvaguardar la dignidad de nuestro pueblo», haciendo que la justicia de la Iglesia esté siempre al servicio de las personas". El obispo no da puntada sin hilo.

Monseñor Pérez Pueyo y José Mairal en La Puebla de Castro entre los vecinos
Monseñor Pérez Pueyo y José Mairal en La Puebla de Castro entre los vecinos

Sin embargo, lo más relevante es que "detrás de cada cargo ha habido siempre un cura, que cuida, acompaña, sostiene, orienta, forma… siempre disponible". En esta dimensión el agradecimiento del prelado: "El haber estado. El haber respondido cuando la Iglesia te necesitaba. El haber puesto tus capacidades al servicio de esta familia diocesana. Y ahora vuelves a ponerte en camino".

La Iglesia diocesana le encomienda ser capellán de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. "Y no puedo imaginar un destino más profundamente sacerdotal. Porque allí te esperan personas que se encuentran en el último tramo de su camino, en el más importante, donde a uno le toca ofrendar, no cosas, sino la propia vida".

Le esperan hombres y mujeres que precisan Eucaristía, confesión, palabra, consuelo, escucha, una mano, una bendición y, a veces, simplemente alguien que se siente a su lado".

El destino ulterior en este valle de José Mairal será fecundo. "Allí podrás seguir haciendo lo mismo que has intentado hacer durante toda tu vida sacerdotal: transparentar el rostro misericordioso del Buen Pastor. Y llevarles de la mano al gran y definitivo encuentro con el Señor".

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